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Excitación sin autocrítica


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David Espinós

Consultor de comunicación. Socio-fundador de BraveSpinDoctors. Periodista licenciado en Humanidades y postgrado en Ánalisis y Marketing Político.


Escrito el 9 de diciembre de 2012 a las 8:29 | Clasificado en Cataluña

Azuzaron a los votantes y salió mal. Pero, sin tiempo para digerir la derrota, la maquinaria de CiU, ayudada por el Gobierno, presionan a Esquerra para pactar.

Artur Mas, en un mítin electoral (Fuente: Facebook CiU)
Artur Mas, en un mítin electoral (Fuente: Facebook CiU)

La excitación en política no es buena compañera. Y menos cuando hay que tomar decisiones importantes. CiU, desde la multitudinaria manifestación de la Diada hasta la noche electoral, fue pasada de vueltas. Una muestra clara del exceso de euforia fue la imagen y el lema de campaña: “La voluntat d’un poble”. Querer excitar a tus posibles votantes está bien, pero si el equipo de campaña es el que va con un exceso de revoluciones, mala señal. La prepotencia y el exceso de confianza no suelen ser buenos compañeros de viaje en las campañas electorales. CiU pecó de los dos.

Que el impacto de la derrota fue de órdago quedó patente en la actitud de Artur Mas la noche electoral. Después de haber dado entrevistas a diestro y siniestro durante dos meses decidió esconderse. Oriol Pujol le sustituyó ante los medios y, al ser preguntado sobre el president, aseguró que “estaba reflexionando”. Durante los dos meses previos a las elecciones, Mas capitalizó la atención mediática catalana. Era difícil, por no decir imposible, escuchar o leer una crítica a Mas. Y de la noche a la mañana su liderazgo se resquebrajaba.

Cambio de rumbo

Mas y los suyos no hicieron autocrítica la noche electoral, ni tampoco en estas dos semanas postelectorales. Tras la pérdida de doce escaños parecería lógica una reflexión serena y pausada sobre el planteamiento electoral. Pero en vez de autocrítica dieron un giro a su discurso una vez empezaron a digerir lo acontecido. CiU y su órbita intelectual, con una gran presencia en los medios de comunicación, elaboraron un argumentario claro. Y su víctima era ERC.

El partido liderado por Oriol Junqueras, que fue uno de los grandes triunfadores de la noche electoral al convertirse en la segunda fuerza en escaños, ya había avisado que no tenía interés en formar parte del Gobierno aunque aseguraron que estarían al lado de CiU en los temas más trascendentes.

Las acusaciones de CiU a ERC eran claras: los republicanos no eran un partido responsable porque sólo pensaban en ellos y no Cataluña. La rabieta de CiU causó cierto estupor, con especial virulencia en las redes sociales, precisamente porque la sensación de muchos catalanes fue que el adelanto electoral no era precisamente por un interés de país sino de partido. Días más tarde Artur Mas suavizó las acusaciones, pero apeló de nuevo a la responsabilidad de ERC.

¿Wert, un aliado de CiU?

Los casos de corrupción que estallaron 48 horas después de las elecciones, en los que están implicados algunos cargos del PSC, y el borrador de la nueva ley de Wert, que casualmente siempre aparecen en días donde hay otras noticias trascendentes como los datos del paro o la detención del expresidente de la CEOE, ocupan las portadas y las tertulias de estos últimos días.

¿Pueden estos nuevos incendiarios frentes ayudar a CiU a conseguir que ERC, ante la presión de estos últimos días, se sume al Govern? Las negociaciones están abiertas. Y en pocos días habrá resolución al respecto.

¿Alegría de la debacle ajena?

Por otra parte, también parece necesaria la autocrítica en el PSC y, de momento, ni un gramo, al menos de forma pública. Salvo alguna excepción, como la de Laia Bonet, que publicó el pasado domingo en El País una columna titulada ‘Responsabilidad y humildad’. Quizá en el PSC han hecho autocrítica, pero si no hay gestos que lo demuestren la percepción de los ciudadanos es que todo sigue como hasta ahora. Mal.

Navarro llegó a decir que los resultados no eran tan malos -son los peores de la historia del PSC- porque, según algunas encuestas, podían quedarse en 15 escaños y sacaron 20. No parece el mejor inicio para empezar a levantar cabeza conformarse con este razonamiento. Además, dio la sensación que había quien en el PSC quedaba más o menos satisfecho con la debacle de CiU y quitaba importancia a la suya. Cuando tus resultados han sido nefastos es de equipo pequeño sin grandes aspiraciones conformarse con el dolor ajeno, y del PSC se espera algo más. Sin autocrítica sincera es complicado mejorar. Y en muchos partidos no se práctica esta disciplina, al menos en las altas esferas.

Los votantes dicen...
  1. Información Bitacoras.com…

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  2. […] Para algunos una estructura demasiado compleja, para otros la justa y para otros tantos se antoja del todo insuficiente. Pero, en la web social, ¿qué representación parlamentaria autonómica […]

  3. […] Montilla y Pasqual Maragall, que vivió lo mejor y lo peor del partido, no fue buena, cierto, pero lo que parecía una ventaja, “peor no vamos a estar”, se está convirtiendo en un auténtico calvario. A Navarro no […]

  4. […] Montilla y Pasqual Maragall, que vivió lo mejor y lo peor del partido, no fue buena, cierto, pero lo que parecía una ventaja,“peor no vamos a estar”, se está convirtiendo en un auténtico calvario. A Navarro no le salen […]

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