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A la espera de ETA


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Jurdan Arretxe

Periodista. Trabajo en Noticias de Gipuzkoa. También soy profesor universitario en algunos ratos sueltos.


Escrito el 3 de diciembre de 2013 a las 8:50 | Clasificado en Euskadi

Pese al aparente bloqueo del proceso, los acontecimientos en torno a la paz y la convivencia se suceden en una Euskadi marcada por la crisis económica.

Jorge Fernández Díaz ha protagonizado la polémica de la semana en torno a la actuación de la Ertzaintza en los recibimientos a etarras. (Flickr)
Jorge Fernández Díaz ha protagonizado la polémica de la semana en torno a la actuación de la Ertzaintza en los recibimientos a etarras. (Flickr)

Dos años después del cese definitivo de su violencia, a ETA le quedan dos pasos: el desarme y la disolución. Más incierto es cuándo los va a dar. En sus últimos comunicados ha mostrado su voluntad de desarme, sin ir más allá. La intención ha ido acompañada de interpelaciones a otros agentes como el Gobierno español, que ha dicho que no hay nada que hablar.

La fórmula bilateral ETA-Estado queda, por lo tanto, cerrada y bloqueada. Más teniendo en cuenta que, según algunas fuentes, el Ejecutivo que preside Mariano Rajoy presionó para levantar de la mesa a tres presuntos miembros de la organización armada que esperaban en Oslo. Cómo articular esa teórica entrega y ante quién (el propio Gobierno Vasco así como otros agentes internacionales se han mostrado dispuestos) es una de las claves que se deberán resolver. Hay incluso quien la liga a que La Moncloa varíe su política penitenciaria, impensable vistas siquiera las tensiones que le ha supuesto en el patio interior de Génova cumplir la sentencia de Estrasburgo.

La sensación de bloqueo impera, aunque la vida política sigue. Con el foco más centrado en las consecuencias de la crisis –el golpe de la caída de Fagor Electrodomésticos–, las cuestiones relacionadas con la paz y la convivencia pasan a un segundo plano una vez ETA acalló sus armas. Las iniciativas como el Plan de Paz del Gobierno Vasco tratan de hacerse su hueco con guiños a las “cuatro familias” de la política vasca –como las denomina el secretario de Paz y Convivencia, Jonan Fernandez- mientras los agentes que trabajan a favor de los derechos de los presos preparan la multitudinaria manifestación de primeros de año en Bilbao. En las convocatorias de 2012 y 2013 se superaron los 100.000 manifestantes.

En esta ocasión, los que recorran las calles de la capital bilbaína reclamarán los derechos de 50 presos menos. La ratificación de la sentencia inicial de la aplicación irregular de la doctrina Parot ha puesto en la calle a medio centenar de reos (de los más de 600 que componen el colectivo oficial, EPPK) que ya debían haber abandonado la prisión. También han salido de las cárceles unos pocos que rompieron con ETA y aceptaron las vías de la reinserción que marcó la vía Nanclares auspiciada por los gobiernos socialistas.

Los recibimientos a algunos presos generaron varias polémicas y la enésima metedura de pata y posterior petición de perdón del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. También la semana pasada se repitieron algunos episodios violentos que parecían del pasado como la quema de varios contenedores y el ataque a varias sedes del PP para denunciar la huelga de hambre que varios reclusos realizaron durante 32 días en la cárcel de Sevilla II. Pese a las parcas palabras de la portavoz parlamentaria de EH Bildu, Laura Mintegi, Sortu fue más allá y Joseba Permach mostró su “más absoluto rechazo” a los actos violentos.

En este contexto y con la vista puesta en el futuro, lo más significativo de los últimos tiempos en esta materia había llegado días atrás. Lejos del foco mediático postParot, el hijo de una víctima de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, el profesor universitario Iñaki García Arrizabalaga, y el expreso de ETA Iñaki Rekarte compartieran en Vitoria una mesa redonda invitados por la Fundación Fernando Buesa.

Más si cabe que, a la misma hora pero en Bilbao, Carmen Gisasola y Andoni Alza departieran tras el homenaje al sargento de la Ertzaintza Joseba Goikoetxea con Rosa Rodero, su viuda desde hace 20 años. Y esa misma mañana de viernes, el secretario de Paz y Convivencia presentaba en Donostia la versión definitiva de un Plan de Paz cuyo recorrido quedará por ver.

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