Arrow

Fotografía de un traspaso


0
Jurdan Arretxe

Periodista. Trabajo en Noticias de Gipuzkoa. También soy profesor universitario en algunos ratos sueltos.


Escrito el 18 de diciembre de 2012 a las 11:50 | Clasificado en Euskadi

Iñigo Urkullu ya es lehendakari en una de las legislaturas más difíciles de Euskadi en lo económico. De ETA se hablará, y mucho, no por muertes si no por memoria la convivencia.

Iñigo Urkullu, lehendakari (fuente: Flickr PNV).
Iñigo Urkullu, lehendakari (fuente: Flickr PNV).

“Apal-apalik, Jaungoikoaren eta gizartearen aurrean, eusko lur gainean zutik eta Gernikako haritzaren azpian asaben gomutaz, herri ordezkari zareten zuen aurrean nire agintea zintzo beteko dudala zin dagit”

Tras tres años largos, el PNV ha regresado a Ajuria Enea con la promesa que hizo Iñigo Urkullu el sábado bajo el mítico Árbol de Gernika. Al frente de un gobierno paritario de ocho consejeros entre los que destaca Josu Erkoreka, Urkullu ya es el responsable principal de resolver una situación de “emergencia nacional”.

Así la definió el ‘jeltzale’ durante el debate de investidura. El resto de fuerzas compartió el diagnóstico en general, pero ni EH Bildu, ni PSE, ni PP ni UPyD decidieron respaldar a Urkullu, que en segunda ronda salió con el apoyo de sus 27 parlamentarios, frente a los 21 que obtuvo Laura Mintegi y los 27 de la abstención.

Ese 27-21-27 echaba el cierre a la época del primer gobierno vasco socialista, que tuvo dos periodos. Un primero de matrimonio de conveniencia, una especie de “sexo sin amor” con el PP, que finalizó cuando estos entraron a caballo por la puerta de La Moncloa. Y un segundo, desde noviembre de 2011. Lo que duró Patxi López como ariete ‘antirrecortes’ del PSOE ante Mariano Rajoy o hasta que Antonio Basagoiti dijo basta y se fue de casa. Que él no tenía por qué aguantar semejantes afrentas por sostener un pacto inédito en España. Que lo mejor era llamar a las urnas.

Aun así, partidos como el propio PP, el PNV o la izquierda ‘abertzale’ acusaron a Patxi López de dar la callada por respuesta cuando quien recortaba era José Luis Rodríguez Zapatero y de que su oposición a Rajoy era más dialéctica que práctica. Ejemplo de ello han sido los casos que han acabado en el Tribunal Constitucional y que se resolverán durante esta nueva legislatura.

Entre estos, el último, el de la suspensión del pago de la decimocuarta paga anual a los funcionarios. Pese a que algunos llegaron a ver el ingreso en sus cuentas bancarias, los 67.000 empleados públicos del Gobierno de Lakua se han quedado sin ese dinero, aunque los 2.500 de la Diputación guipuzcoana, de Bildu, sí han cobrado.

La paga de la extra y la decisión del Tribunal Constitucional sobrevoló la sesión de investidura como expresión, sobre todo, de la “falta de soberanía” de Euskadi. En un pleno de marcado carácter grave y que copió de las cámaras españolas la mala costumbre del aplauso al correligionario que termina su intervención, PNV, EH Bildu, PSE, PP y UPyD pivotaron sus discursos en torno a la crisis, la pacificación y el denominado nuevo estatus político.

Los dos aspirantes, Urkullu y Mintegi, protagonizaron intervenciones de guante blanco, mientras que fueron sus portavoces parlamentarios, Joseba Egibar y Julen Arzuaga, quienes se fajaron en la arena. López, ya desde el escaño de la bancada del grupo socialista y aprovechando como líder provisional de la oposición el hueco dejado por EH Bildu, rechazó “cheques en blanco” al PNV durante cuatro años que pueden ser los del despegue o los de la catástrofe. Al mismo tiempo, el PP y UPyD buscaron hacer un marcaje en corto a EH Bildu y su condena de ETA. Y aquel no era más que el primer pleno con contenido político de la legislatura.

El nuevo lehendakari, cuyo discurso Arzuaga calificó de “cansino, continuista, sin novedad, sin concreción y sin ilusión”, optó por una intervención sin grandes florituras pero en la que prometió abrir melones que requerirán de catedráticos en geometría variable.

Urkullu habló de abordar una reforma de la fiscalidad, donde las competencias son de las juntas generales de cada territorio; también de una transformación del entramado institucional, de ahondar en el autogobierno, de combatir la crisis económica… y, la primera gran cita, que combinará varias de las anteriores, los Presupuestos de 2013 que deberá presentar (y conseguir los apoyos necesarios para aprobarlos) cuanto antes.

Socialistas y populares

El PSE, a punto de embarcarse en un proceso de renovación interna, ya ha advertido al PNV de que antes de los presupuestos deberá cerrar un acuerdo para reformar la fiscalidad. Los socialistas, junto a Bildu, ya lo están haciendo en Gipuzkoa: el mismo miércoles que en Vitoria los portavoces replicaban a Urkullu y Mintegi -que optó por no asistir a la cinematográfica ceremonia de toma de posesión del sábado y sí al Foro de la Paz en Baiona-, la Cámara guipuzcoana daba luz verde a un impuesto “de grandes fortunas” y a la creación de un censo de defraudadores. Gipuzkoa, donde hasta Bildu y PP ya se han entendido en alguna cuestión, se ha convertido en el laboratorio de pruebas de la política vasca.

La nueva sintonía fiscal deja al PNV fuera de juego y si en Vitoria se les suma UPyD, anularía a los 37 escaños ‘jeltzales’ y ‘populares’. Por otra parte, el PNV no podrá contar con un PP que empieza a preparar la era ‘postBasagoiti’ si su intención es la de reformar el estatus político. Primero construir y luego no volar ningún puente hacia ningún hipotético socio se antoja clave para un PNV que ha ganado un lehendakari pero, por aquello de la bicefalia, ha perdido un presidente de partido.

No habrá un socio estable, aunque el presidente de los ‘jeltzales’ en Bizkaia y presumible próximo líder del PNV, Andoni Ortuzar, no lo descarte quizá después de las forales de 2015. Pero con los comicios del Parlamento vasco de 2016 llamando a la puerta entonces, no parece que ni EH Bildu ni PSE (las dos fórmulas que permitirían al PNV alcanzar la mayoría absoluta) se presten a algo que ahora, con casi tres años sin elecciones por delante, no ha sido posible.

Todo apunta a que la geometría variable llevará al inquilino de Ajuria Enea, queda por ver si con éxito, a echar mano del socio que más necesitado esté en cada momento en cada institución (EH Bildu en Gipuzkoa; PP en Araba). ¿Y el PSE? Tras tres años de golpeo mutuo continuo, la relación de los otrora socios por excelencia del Gobierno vasco no vive sus mejores días, amén de que los socialistas, superada la etapa de la violencia, empiezan a considerar a la izquierda ‘abertzale’ como socia, sobre todo en temas económicos.

Porque esta (también) va a ser una legislatura diferente. Con las armas de ETA calladas para siempre, la violencia va a ser protagonista en la Cámara, aunque a través de la palabra. La memoria, las víctimas, los presos, los ‘exiliados’ y la convivencia van a ser la tercera pata de un banco que el nuevo gobierno asegura querer empezar a construir desde la economía.

Con EH Bildu (21 escaños), PSE (16), PP (10) y UPyD (1) en un Parlamento que tiene el 38 como cifra mágica, ¿conseguirá el Gobierno vasco deshacer esta madeja en cada votación? ¿Logrará avanzar sin grandes costes en los diferentes frentes con los diferentes socios -sabedores de la posición de debilidad del Ejecutivo- o se reencontrará el PNV (27) con una triple negativa conocida en alguna legislatura anterior?

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>