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La reacción imprevista


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Jurdan Arretxe

Periodista. Trabajo en Noticias de Gipuzkoa. También soy profesor universitario en algunos ratos sueltos.


Escrito el 7 de agosto de 2013 a las 8:08 | Clasificado en Euskadi

Bildu y PNV protagonizan una de las polémicas del verano vasco por unos insultos que unos jóvenes profirieron al lehendakari, que se lo reprochó, y que la coalición no reprobó

El diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano, y el lehendakari Iñigo Urkullu. (Irekia)
El diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano, y el lehendakari Iñigo Urkullu. (Irekia)

Casi nadie se esperaba esa reacción del lehendakari el pasado jueves en Azpeitia. Mientras el PNV y PSE continúan el largo camino hacia el acuerdo fiscal que alumbrarán en septiembre si no hay sorpresas, mientras las diputaciones forales se cruzan acusaciones por el plan de financiación de carreteras que quiere implantar la guipuzcoana, mientras el Gobierno Vasco trata de arrancarle a Cristóbal Montoro una décima del déficit (del 1,2% al 1,3%)… Mientras ocurre todo lo anterior, la villa situada en el corazón de Gipuzkoa se convirtió el jueves en el centro de atención de la política, en minúsculas, vasca.

La localidad de 15.000 habitantes gobernada por Bildu y cuna de san Ignacio de Loiola celebró la semana pasada sus ‘saninazios’. El día grande, incluso con corrida de toros –el único sitio de Gipuzkoa en el que habrá este año tras la prohibición de Donostia-, es el propio 31 de julio, San Ignacio, pero la atención política suele estar puesta en el día siguiente. En este día, el denominado ‘San Inazio bigarrena’ (el segundo San Ignacio), las autoridades acuden en corporación desde la plaza de la villa hasta la basílica de Loiola.

La semana pasada no fue excepción. La figura del lehendakari volvió a presidir el desfile tras cuatro años de ausencia de Patxi López –acudía la consejera y lehendakari en funciones Isabel Celaá-. Junto a Iñigo Urkullu, el diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano (Bildu), y el alcalde Eneko Etxeberria. Frente al Ayuntamiento, trabajadores de Corrugados Azpeitia protestaban por su situación. El lehendakari, como el año anterior la propia Celaá, atendió a uno de los portavoces. Junto a la basílica –a cien metros de donde fue asesinado el emprsario Inaxio Uria-, esperaron miembros de la asociación familiares y allegados de presos, Etxerat, para entregar un informe al jefe del Ejecutivo vasco. Todo dentro de lo previsto.

Poco antes de las 10.30 horas, la comitiva integrada por ediles, la presidenta del Parlamento y algunos consejeros del Gobierno echó a andar y cincuenta metros después, se detuvo. Unos cuatro jóvenes empezaron a increpar al lehendakari. Este les respondió con un gesto. Unos metros después, tras escuchar “payaso”, “español”, “fascista” y que “el pueblo no está en venta”, sucedió lo imprevisto. El máximo dirigente del Gobierno Vasco se giró y caminó hacia ellos. “¿Qué has dicho?”, preguntó a uno. La joven que tenía un botellín de cerveza en la mano respondió: “Que el pueblo no está en venta”. “No, tú no, tú”, siguió Urkullu, preguntando y señalando al joven que creyó haberle escuchado lo de “fascista”. Este se escabulló pidiéndole al lehendakari que no hiciera teatro. “Teatro has hecho tú”, zanjó el jefe del Ejecutivo, mientras Garitano y el alcalde presenciaban la escena.

“Si en aras de la libertad de expresión estamos sometidos a lo que pueda ser cualquier insulto personal, y menos de fascista o payaso, no lo voy a admitir”, aseguró Urkullu a los medios de comunicación a la llegada a la basílica, Antes de entrar a misa, reclamó un “ejercicio de cultura de respeto a las instituciones y a los responsables institucionales, para no caer en lo que pueda ser el libertinaje de cualquier insulto que va más allá de un ejercicio honesto de libertad de expresión”.

Bildu no llegó a tanto. El diputado general, que ya en el acto de 2011 fue centro de la polémica de un desfile llamado a ser protocolario, llegó minutos después a quitarle hierro a estas “actitudes de protesta” y, sin especificar sujeto, los atribuyó a que “todavía no se ha recorrido” el camino de la “normalización”, lo que le costó críticas del PNV. Tres días más tarde, el secretario general de EA en Navarra y miembro de la misma coalición, Maiorga Ramírez, consideró que esos insultos “superan el diálogo aceptable”, aunque siguió la línea de Garitano al entender que se deben “dimensionar cada una de estas expresiones en su contexto”.

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