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Una botadura controlada


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Jurdan Arretxe

Periodista. Trabajo en Noticias de Gipuzkoa. También soy profesor universitario en algunos ratos sueltos.


Escrito el 7 de noviembre de 2012 a las 9:09 | Clasificado en Euskadi

El resultado del 21-O permite al PNV ir de mano en una ronda de contactos en la que ha puesto sobre la mesa un documento genérico que trata de definir el terreno de juego del día posterior a la presumible designación de Iñigo Urkullu como lehendakari.

Íñigo Urkullu, favorito a convertirse en el próximo lehendakari (fuente: PNV).
Íñigo Urkullu, favorito a convertirse en el próximo lehendakari (fuente: PNV).
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La sensación de que el PNV ganaría las elecciones continúa un par de semanas después de que estas se hayan celebrado, aunque ahora sea en lo referente a la designación del nuevo lehendakari. Con la vista puesta en la conformación del Parlamento de la X legislatura vasca y también en la sesión de investidura —prevista para mediados de diciembre—, los jeltzales emprendieron la semana pasada la primera ronda de contactos con vistas a conseguir apoyos para esas citas, pero también para después. El documento-base presentado por la formación que preside Iñigo Urkullu a EH Bildu, PSE, PP y UPyD parece que busca garantizar no ya solo la investidura del también presidente del PNV como lehendakari, sino que cuando ese gobierno se haga a la mar poco después, encuentre un primer tramo de navegación lo más tranquilo posible.

Por eso, y con el objetivo inicial de que ninguna de las tres principales fuerzas de la oposición descartara volver a sentarse en la mesa con el PNV tras la primera reunión, el documento presentado por Sabin Etxea —sede central del PNV en Bilbao— se centra más en ‘tempos’ y vías para alcanzar acuerdos que en aspectos concretos, a detallar, negociar y cerrar en futuros encuentros.

Tres son los principales apartados de este punto de partida propuesto por el PNV al resto: la lucha contra la crisis económica (a peso, lo más destacado del texto son cinco o seis páginas de las nueve totales), el final de ETA y el futuro de convivencia y, en tres párrafos en tercer lugar, las nuevas aspiraciones de autogobierno, donde, pese a ser escueto, ya se plantea una ponencia parlamentaria que desemboque en un referéndum con el visto bueno del Congreso de los Diputados sobre el nuevo “estatus político” vasco para 2015.

“Primum vivere, deinde philosophare”

Lo dijo el presidente del PNV en el último Alderdi Eguna (día del partido) celebrado cerca de Vitoria ante decenas de miles de simpatizantes: “Primum vivere, deinde philosophare” (primero, lo urgente; luego, filosofar). Con una tasa de paro la mitad que la española pero con 164.000 desempleados (frente a los 76.000 de finales de 2007, según los datos del Servicio Público de Empleo), el documento planteado por el PNV al resto de fuerzas parlamentarias se ocupa en buena medida de la austeridad, la reactivación económica y una estabilidad institucional entre los cuatro gobiernos principales del país, en cuatro manos diferentes hoy y en tres a partir de enero si el PNV —que gobierna la Diputación de Bizkaia— logra el Gobierno vasco.

Con el PP en la Diputación de Araba y Bildu (que, junto a Aralar, forma parte de EH Bildu) en la de Gipuzkoa, no es baladí que el primer párrafo del primer punto (‘Equilibrio y estabilidad presupuestaria’) del primero de los tres grandes apartados (‘Acuerdo económico y social’) del documento del PNV plantee ya un acuerdo entre diferentes sobre las Cuentas de 2013.

El objetivo, claro: que quienes suscriban este pacto “faciliten (no impidan)” que los proyectos de cada territorio y del Gobierno vasco salgan adelante, evitando que prosperen enmiendas a la totalidad o “enmiendas parciales que trastoquen la filosofía y el contenido” de las Cuentas que cada uno de los cuatro gobiernos —vasco y forales— remitan al Parlamento y a las Juntas Generales.

A la espera de la posición que adopte Bildu —de quien el PNV teme que haya alcanzado un pacto con el PSE a tenor de lo ocurrido en el último Consejo Vasco de Finanzas Públicas (que reúne al Gobierno Vasco y las diputaciones)—, el diputado general alavés, Javier de Andrés (máximo representante institucional ‘popular’ en la CAV), dijo el sábado ver con buenos ojos esta oferta inicial. Los socialistas, al igual que EH Bildu, se han mostrado por la labor de volver a reunirse con el PNV, ya que les puede interesar este pacto de estabilidad en localidades que gobiernan como Barakaldo o Irún.

Si el PNV consigue encauzar este frente —el PSE sigue dispuesto tras rechazar, como PP y UPyD, participar en la ronda de contactos que va a promover EH Bildu—, habrá que ver qué ocurre con el otro gran caballo de batalla, el fiscal. Buena parte de esta competencia es de las diputaciones y son las Juntas Generales —no el Parlamento Vasco— quienes regulan gran parte de la presión fiscal y las haciendas forales quienes recaudan y remiten buena parte de ese dinero al Gobierno Vasco —que a su vez, paga a Madrid el denominado cupo—.

“En Euskadi, caso único en el mundo, el gobierno común no tiene competencia para dictar normas fiscales ni recaudar impuestos, pese a gestionar los servicios públicos esenciales (sanidad, educación, asistencia social, seguridad, justicia, investigación, etcétera), y el PNV y el PP han hecho causa común para bloquear ese debate”, se volvía a quejar el lehendakari en funciones, Patxi López, el pasado 25 de octubre. El lamento del secretario general del PSE, que ya ha anunciado que se presentará a la reelección, se ha escuchado durante la legislatura y, en el fondo, también plantea una reforma del entramado institucional vasco, que las principales formaciones coinciden al menos en repensarlo para ahorrar costes y redefinir competencias.

No obstante, y con Gipuzkoa como escenario de esta pugna, socialistas y Bildu han pactado varias cuestiones fiscales en la Cámara guipuzcoana. En diciembre de 2011, junto a Aralar, ambos decidieron incrementar el tipo marginal del Impuesto de la Renta (IRPF) al 49%. En junio de este año, estas tres mismas fuerzas acordaron una reforma del Impuesto de Sociedades y, pocos días después de la polémica del último Consejo Vasco de Finanzas, el PSE habilitaba —con la oposición de PNV y PP, que se quejan de una posible desarmonización impositiva respecto a Bizkaia y Araba— la aprobación de un nuevo impuesto en el territorio histórico guipuzcoano: el Impuesto sobre la Riqueza y las Grandes Fortunas (IRGF).

Más allá de este choque, que centrará una nueva legislatura a cuatro pistas y que puede ser un quebradero de cabeza para el PNV en Gipuzkoa y en el Parlamento Vasco (UPyD podría ser el responsable de romper empates a 37 escaños entre PNV/PP, y EH Bildu/PSE), la formación jeltzale señala además en su documento puntos principales de reactivación económica (internacionalización, innovación y empleo juvenil, entre otros) y propuestas programáticas que “incorporarán medidas concretas destinadas al sostenimiento de los servicios públicos y, de manera especial, los servicios sociales”.

Convivencia y conflicto

Bajo los títulos ‘Paz y convivencia’, y ‘Futuro del autogobierno vasco’, el PNV también ha dado a conocer a EH Bildu, PSE, PP y UPyD algo de por dónde pretende llevar estas cuestiones. En el primero de estos apartados, recoge principios (el ético: la dignidad humana; el democrático: el pluralismo; y el metodológico: el diálogo), compromisos y objetivos que se traducen en dos iniciativas concretas: una ponencia de paz y convivencia en el Parlamento en la línea de la de la anterior legislatura y “materializar la creación del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos”.

Si Urkullu consigue ser lehendakari —lo que abriría una situación inédita en un PNV cuyos estatutos no permiten ostentar cargo público y cargo en el partido—, tampoco dejará de lado la aspiración de un mayor autogobierno visto el documento de partida. De sus compañeros de hemiciclo, solo EH Bildu ha anunciado su disposición a cambiar el actual marco jurídico. PNV y EH Bildu discrepan en cuestiones económicas, pero ambas formaciones (48 de los 75 escaños, un 64% del Parlamento) han mostrado cierta sintonía a hablar respecto a este asunto.

Con una EH Bildu (cuya cabeza de lista, Laura Mintegi, todavía no ha despejado la incógnita de si presentará su candidatura en la sesión de investidura) dispuesta a “acuerdos amplios” menos en temas económicos; con un PP que puede estar próximo al PNV en asuntos económicos pero en los antípodas soberanistas; un PSE que tiende puentes tanto hacia los jeltzales como a Bildu —véase Gipuzkoa— y una UPyD que entró en el Parlamento a última hora, con 9.000 votos menos en total que IU pero gracias a una ley electoral que otorga los mismos 25 representantes a Araba (250.992 posibles votantes) que a Bizkaia (948.409), y que ejercerá de árbitro, el Parlamento de la X legislatura vasca promete negociaciones arduas y votaciones que pondrán a los dirigentes de los partidos al borde de un ataque de nervios. Al menos, una vez se dé la que parece botadura controlada de Urkullu y su futuro gobierno a la mar: la primera y quizá única votación tranquila de la legislatura.

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