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Galicia en frío


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Alfredo Berini

Licenciado en Periodismo, máster en Investigación Aplicada a la Comunicación y Técnico Superior en Producción. He producido cientos de directos para Telemadrid y Castilla-La Mancha televisión, una película y presentado informativos para Radio Voz Ferrol. Actualmente ejerzo la investigación y preparo mi tesis doctoral.


Escrito el 3 de noviembre de 2012 a las 8:32 | Clasificado en Galicia, Regiones

Una vez transcurrido un tiempo prudencial tras la celebración de las elecciones gallegas, es posible analizar en frío el resultado y su relación con algunas de las claves de la campaña.

Imagen previa al debate electoral gallego
Imagen previa al debate electoral gallego

Vivimos inmersos en lo que algunos teóricos denominan la ‘campaña permanente’. Los ciudadanos están expuestos a unos políticos que requieren su atención día tras día con mensajes y promesas que muchas veces resultan imposibles de cumplir. El filtro entre unos y otros depende, en gran parte, de los medios de comunicación y de las empresas mediáticas que los sustentan.

Esta nueva situación desemboca en que, ante cualquier periodo electoral, ya sea autonómico, local o europeo, salgan a la palestra las políticas nacionales. Es decir, se introduce una lectura de los resultados centrada en fortalecer o atacar a los líderes estatales, desnaturalizando procesos de otra índole y marcando de antemano los temas de campaña.

Pero junto a esta campaña permanente, las agrupaciones que optan a los diferentes puestos públicos todavía siguen vendiendo el formato de campaña clásica. La pegada de carteles, por ejemplo, se convierte en una muestra romántica de la política de antaño cuya supervivencia no está garantizada. Junto a esto, los candidatos se están centrando, en los últimos tiempos, en el menosprecio a las políticas del rival más que en las virtudes o el programa de gobierno propio.

Centrándonos en las recientemente celebradas elecciones gallegas, se  pudo observar la creciente recuperación de un formato que sí podría cambiar la intención de voto o atrapar la simpatía de los indecisos; volvieron, tras 19 años, los debates electorales. Hace casi dos décadas se celebró el primer cara a cara en unas elecciones autonómicas gallegas. En aquellos tiempos,  Galicia decidía entre seguir confiando el mandato a Manuel Fraga o bien  apostar por el socialista Sánchez Presedo.  Tras el enfrentamiento, el periódico ABC titulaba “Ganó la serenidad y  la veteranía”, en clara alusión al candidato popular que revalidaría su mayoría absoluta incrementándola de los 38 hasta los 43 escaños. Diecinueve años después los debates han dejado resultados parecidos: un PP que refuerza su mayoría parlamentaria y un PSOE que pierde votos y presencia en el Parlamento.

En esta ocasión, el formato pactado por las agrupaciones que optaban a la Xunta fue claro: tres debates de dos candidatos cada uno, en los que únicamente participarían las tres fuerzas políticas que tenían representación en el Parlamento autonómico. Políticos de apariencia inmaculada pasaron durante tres días por la Televisión de Galicia pidiendo el voto y guardando un tono mucho más educado al que emplean en las redes sociales o proclaman en sus mítines. Los encuentros, a diferencia de los que podemos observar en otras democracias más veteranas, volvieron a pecar de encorsetados, rígidos e incómodos para el ciudadano medio.

Las audiencias han reflejado  un interés mayúsculo por parte de los posibles votantes. Así, hubo un gran seguimiento durante el primer -31,3% de cuota de pantalla-y tercer debate -24,9%- en los que se enfrentaba directamente Feijóo con los dos partidos de la oposición, frente al segundo debate -19,5%- en el que se enfrentaban nacionalistas y socialistas, sin mucho ánimo de atacarse al venir influidos por posibles coaliciones de futuro.

Los temas tratados

Los temas que se iban a tocar estaban claros y coincidían, en su gran mayoría, con las preocupaciones ciudadanas marcadas por el CIS en su barómetro de septiembre como en el estudio preelectoral previo a las elecciones: empleo, economía, desafección política; en menor medida sanidad, educación, pensiones;  y en el caso concreto gallego el futuro de los sectores estratégicos –lácteo, pesquero, naval-.

Tras analizar los careos, todos los candidatos y sus equipos de asesores centraron los discursos en esos anhelos sociales. En el gráfico se ve la presencia de cada uno de los temas durante las casi cuatro horas de televisión que supusieron dichas contiendas. El empleo y la crisis financiera –bancos, déficit y economía- centraron la atención de los tres políticos.

Al separar candidatos y temas tratados se aprecia que existe mayor presencia de los temas principales en el discurso de Feijóo que en el resto. Esto se puede deber  a un mayor interés de los populares en sacar el tema del déficit, buscando relacionarlo con una buena gestión -por contraposición a la situación existente en otras comunidades intervenidas-, mientras que el encuentro entre Jorquera y Vázquez centró la atención en propuestas dirigidas a alcanzar un mayor autogobierno, a pesar de no ser ésta una de las principales preocupaciones ciudadanas –sólo el 0,9% de los encuestados consideraron en primer término esta opción-.

Queda claro que Núñez Feijóo salió reforzado de los debates aunque costaría saber si movilizó el voto de los indecisos o no. Es evidente que un debate a tres, o a cuatro partidos –incluyendo el de Xosé Manuel Beiras-,  hubiese resultado mucho más incómodo para el popular, si bien bastante más atractivo para el público-elector. Tampoco queda claro si los quehaceres dialécticos de Jorquera y Pachi Vázquez pudieron reconducir el voto hacia Alternativa Galega de Esquerdas (AGE).

Lo que sí es evidente es que las urnas decidieron que se reedite el gobierno Feijóo durante cuatro años más y con mayoría absoluta. La sorpresa electoral vino de la mano de AGE y su programa asambleario, con la tilde puesta en los movimientos sociales y basado en que otra política es posible. Sin presencia en los debates políticos, la coalición formada por antiguos miembros del Bloque, Esquerda Unida y Equo, consiguieron convertirse en la tercera fuerza política gallega. Quizá éste sea un indicador de que los viejos partidos están en decadencia, pues todos perdieron votantes pese al buen resultado, en número de escaños, de los populares.

Puede que sólo signifique que nuevos discursos atraen la mirada y el voto de los desencantados, o que la izquierda tendrá que reformular sus objetivos y líderes como ya piden algunas voces. Las próximas semanas serán clave para ver cuáles son las causas que esgrimen nacionalistas y socialistas sobre su debacle electoral. En algunos casos, los resultados ya pesan sobre líderes y formaciones nacionales, justo en los albores de una nueva campaña política, la catalana.

Los votantes dicen...
  1. […] no todo puede ser cosecha propia en un buen discurso. Muchos de los temas vienen marcados por las preocupaciones ciudadanas. Ahí los gabinetes políticos deben moverse con agilidad y ser […]

  2. […] previos al 21 de octubre, los gallegos pudieron percibir a través de su canal autonómico las principales líneas de trabajo que pretendían implementar sus candidatos. La apuesta económica  de control de déficit, centrada en comparar estadísticas de lo […]

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