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Feijóo y el efecto delfín


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Alfredo Berini

Licenciado en Periodismo, máster en Investigación Aplicada a la Comunicación y Técnico Superior en Producción. He producido cientos de directos para Telemadrid y Castilla-La Mancha televisión, una película y presentado informativos para Radio Voz Ferrol. Actualmente ejerzo la investigación y preparo mi tesis doctoral.


Escrito el 27 de enero de 2013 a las 17:32 | Clasificado en Galicia

Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda son dos de los principales líderes del Partido Popular de Galicia. Juntos dirigen la Xunta aunque sus caminos pueden estar condenados a separarse. Todo depende de Rajoy.

Feijóo y Rueda celebran la victoria en las elecciones autonómicas de Galicia (Fuente: Flickr del PP).
Feijóo y Rueda celebran la victoria en las elecciones autonómicas de Galicia (Fuente: Flickr del PP).

Ascender suele ser uno de los fines que intentan alcanzar la mayoría de políticos. Al igual que si fuesen militares, pretender llenar su solapa de galones para poder retirarse, en el futuro, en su particular Estado Mayor. Algunos lo consiguen y otros, no. Para poder promocionar se necesitan ciertas habilidades, contactos y paciencia. Cuanto más alto es el puesto que se pretende ocupar, mayores serán las intrigas necesarias para conseguirlo y mejor se habrá de gestionar la situación.

Habida cuenta de todo lo anteriormente mencionado, en las últimas fechas ha comenzado a generarse un rumor que coloca a Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta, como posible sucesor de Mariano Rajoy. Ambos gallegos, ambos amigos, y enmarcados en un programa de reformas basado en la austeridad y el control de déficit como objetivos principales. En una agrupación política que no se caracteriza por hacer elecciones primarias, no resulta una locura pensar que el perfil y los datos electorales del primero puedan hacer que desde la Moncloa estén dispuestos a cederle el testigo en caso de agotamiento.

Núñez Feijóo, que cada vez ocupa más minutos televisivos en medios de ámbito nacional, está empezando a cansarse de tanta pregunta relativa a sus posibles aspiraciones a cotas mayores. Previamente, ya se enfrentó a las críticas de la oposición, que ya sugerían antes de las elecciones del 21 de Octubre el que pudiera tener la vista fijada en otras metas. De aquella se preguntaba al candidato ‘popular’ si tenía idea de quedarse mucho tiempo por Galicia o si, por el contrario, sólo estaba de paso con un ojo puesto en las vacantes que pudieran surgir en la capital del reino. Pese a la negativa del presidente autonómico, parece que el murmullo sigue creciendo y este el bullicio que va surgiendo arrastra a otros políticos de cotas más bajas.

‘Almirante’ a la espera

Uno de ellos es Alfonso Rueda, vicepresidente y consejero de Presidencia de la Xunta. Pontevedrés de nacimiento, hombre fuerte de la Administración en la anterior legislatura y más en esta que acaba de empezar. Este licenciado en derecho por la Universidad de Santiago es padre de familia, hijo de senador y hombre del partido formado en Nuevas Generaciones. Conoce bien el entramado gallego y, como un soldado raso, ha ido creciendo sin prisas hasta situarse a las puertas de ser ‘almirante’ del máximo organismo regional.

Rueda llevó la campaña del Partido Popular de Galicia en los pasados comicios y no defraudó. Gestionó la vuelta de los debates, el formato, y también mostró sus armas como gregario de lujo en algunas de las batallas que fueron surgiendo durante las semanas previas a la llamada a las urnas.

El arrastre depende de que el rumor se haga realidad sea cuando sea. Se produciría así un efecto dominó. Si desde Madrid se convocase a Feijóo a ocupar un nuevo despacho, podría darse el caso de que Rueda tuviese que hacer las maletas para cubrir el consecuente vacío de liderazgo regional del partido.

Por ahora son todo especulaciones y se niega el supuesto por ambas partes. No queda más que esperar si el dicho popular del río que suena se hace o no realidad. No sería la primera vez que un presidente regional se marcha a Madrid a instalarse en otros puestos, pero sí la primera, desde la vuelta de la democracia, en la que el sillón ofrecido fuese el de aspirante a ‘general de todos los Ejércitos’. Un trono tan importante depende de muchas variables y de saber lidiar con muchos enemigos y amigos que también están interesados en ocupar ese mismo cargo. Veremos si los delfines siguen su nadar o prefieren no cambiar todavía de pecera.

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