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Los sueños rotos de Lendoiro


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Alfredo Berini

Licenciado en Periodismo, máster en Investigación Aplicada a la Comunicación y Técnico Superior en Producción. He producido cientos de directos para Telemadrid y Castilla-La Mancha televisión, una película y presentado informativos para Radio Voz Ferrol. Actualmente ejerzo la investigación y preparo mi tesis doctoral.


Escrito el 9 de marzo de 2013 a las 8:49 | Clasificado en Deportes, Galicia

Augusto César Lendoiro vive sus peores momentos como dirigente del Deportivo de la Coruña. Agobiado por las deudas y los problemas deportivos, intenta sobrevivir sin perder el control del timón blanquiazul. Su poder acumulado y sus dotes políticas se enfrentan a la alargada sombra de un esperado rival, el Ministerio de Hacienda. Será un encuentro difícil de ganar y que se jugará en los juzgados.

Augusto César Lendoiro (Flickr: Vavel)
Augusto César Lendoiro (Flickr: Vavel)

Nadie podía esperar, en el año 1945, que aquel niño bautizado con el imperial nombre de Augusto César llegaría a convertirse en una de las personas más influyentes de la ciudad de A Coruña. A mediados del siglo pasado, un adolescente como Lendoiro utilizaba únicamente la imaginación y el ingenio como recursos ante la falta de juguetes. El deporte era una constante y pronto se convierte en la principal referencia para aquel joven de Corcubión. Todavía no contaba con la mayoría de edad y ya presidía una modesta entidad deportiva amateur, el Ural. Augusto había dado, sin saberlo, el primero de los pasos hacia su futuro, pero seguía sin conformarse. Quería hacer más por el deporte, diversificarse, y así acabó fundando, poco después, el Hockey Club Liceo.

Los años ochenta cambiaron la fisionomía del país y esto tuvo su reflejo en la ciudad de A Coruña. Lendoiro, licenciado en Derecho, pero convertido en director de centro educativo, comenzó a meditar la idea de meterse en política. Según dicen, la primera propuesta surgió del socialista Francisco “Paco” Vázquez, aunque rápidamente fue rechazada. Compañeros en la infancia, acabaron por convertirse en enemigos y rivales tras la afiliación del primero al Partido Popular. Siempre se dice que durante un encuentro deportivo no hay amigos; este partido duró demasiado y dejó a Vázquez como único vencedor con goleadas en forma de constantes mayorías absolutas.

A la vez que Augusto César entra en ese nuevo territorio, surge un nuevo reto en su ya dilatada trayectoria. Tras negarse en los primeros momentos, acepta capitanear e intentar salvar de la ruina a un Deportivo de la Coruña venido a menos y que trata de sobrevivir a duras penas en Segunda División. Con sus dotes, una pizca de suerte y la famosa locura de los derechos televisivos, se genera una ilusión que ensalza, de igual forma, al equipo blanquiazul y a su nuevo mandatario. En poco más de 4 años todos conocen y temen a un“Súper Dépor” que compite de igual a igual con los grandes equipos por la Liga.

Todo el mundo en la ciudad alababa al presidente, todos querían compartir una instantánea a su lado; los coruñeses rendían pleitesía al nuevo César. O eso parecía, pues los resultados políticos que obtuvo el de Corcubión en las urnas nunca alcanzaron el nivel de los cánticos y piropos que recibía de las gradas de Riazor. Lendoiro se había convertido, pese a ello, en una estrella y, como tal, decidió profesionalizarse y ponerse un más que generoso sueldo, refrendado por la Junta Directiva, que competía con el de algunos internacionales de la plantilla.

¿Fin del “efecto Lendoiro”?

Todo lo que sube acaba bajando, y el Deportivo se ha convertido en paradigma. Conforme van pasando los años, los ingresos se normalizan y el “efecto Lendoiro” empieza a perder fuerza. El conjunto blanquiazul se acerca peligrosamente al descenso y termina por bajar de categoría. Entre medias se suceden multitud de situaciones desagradables, encontronazos con viejos ídolos y discusiones con medios de comunicación y accionistas. Se habla de cifras, de datos económicos y aparece una negra sombra que crece cada día, Hacienda.

Sin embargo, cuando todo parece perdido, la afición y la plantilla responden. En un tiempo récord se retorna a la llamada “Liga de las Estrellas”, pero sin recursos para competir. La situación económica del club, derivada de la acumulación de una deuda insostenible, desembocará en la declaración de un concurso de acreedores. La guerra de cifras prosigue ante la llegada de administradores concursales y todas las miradas se tornan hacia un Lendoiro que comienza a sentirse solo y perseguido.

¿Qué fue de aquellos plácidos días? ¿Dónde quedan los abrazos y las lágrimas compartidas? Difícil futuro le espera al que fuera emperador del paseo marítimo –lugar dónde se ubica el campo de fútbol y uno de sus locales hosteleros–. Acostumbrado a despedir a su antojo a empleados y a festejar la vida sin igual, observa cómo, en la soledad de su ocaso, todos le “traicionan”, en pro de una justicia más mundana.

La falta de transparencia, uno de los problemas clásicos de nuestra sociedad, ha derivado en desconfianza y desafección hacia el presidente. Las acusaciones de corrupción y las constantes denuncias por impagos han colocado a la entidad al borde de su desaparición. El deporte vuelve a reflejar males propios de otros estamentos. Intervenido en sus gestiones por agentes externos, parece que el deportivismo se aproxima a un trágico final. La relación entre poder, política y supuesta corrupción vuelve a estar a la orden del día.

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