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Prestige, cuán grande fuiste


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Alfredo Berini

Licenciado en Periodismo, máster en Investigación Aplicada a la Comunicación y Técnico Superior en Producción. He producido cientos de directos para Telemadrid y Castilla-La Mancha televisión, una película y presentado informativos para Radio Voz Ferrol. Actualmente ejerzo la investigación y preparo mi tesis doctoral.


Escrito el 14 de diciembre de 2012 a las 10:40 | Clasificado en Galicia

Hace diez años miles de personas se volcaron con protestas y acciones voluntarias por el Prestige. Ahora que se está juzgando a los supuestos culpables parece que ya no interesa a nadie, ni siquiera a los medios.

Voluntario en una playa afectada por el chapapote (Fuente: Wikipedia)
Voluntario en una playa afectada por el chapapote (Fuente: Wikipedia)

Existen multitud de investigaciones sobre el proceso informativo. Decenas de científicos sociales han publicado estudios sobre por qué una noticia nos interesa más que otra, cuáles son los factores que intervienen en que un hecho noticioso perdure en el tiempo y no pierda el interés de los espectadores-receptores. Cuando hablamos de situaciones como la que empezó en las costas gallegas el 13 de Noviembre de 2002, encontramos muchos de los factores que suelen atraer la atención de los medios y, con ellos, a los políticos y la opinión pública.

¿Quién no recuerda las fotos que se publicaron el día 20 de Noviembre de 2002 y que se convirtieron en portada de todos los periódicos? El petrolero partido en dos, hundiéndose en el Atlántico, a 261 kilómetros de la costa gallega. Según los expertos, los políticos y los diferentes asesores, alejar el monstruo metálico de la costa era la mejor opción y minimizaba las consecuencias que se dieron en días sucesivos.  La también famosa “marea negra”  no perdonó y afectó a todo el litoral. Esta situación, desconocida sus proporciones, generó una revolución ciudadana, una indignación por lo sucedido que derivó en la llegada de voluntarios de toda España dispuestos a ayudar en las tareas de limpieza.

En la calle no se hablaba de otra cosa, todos conocían a alguien que había participado o quería participar en las labores de recuperación de la costa. Gentes de todas las regiones mostraron su solidaridad y se enfundaron un traje blanco y una mascarilla –cuando las había- para limpiar fuel de las rocas. El Gobierno de entonces brindó ayudas a los afectados, en su gran mayoría pescadores y mariscadores, mientras la oposición solicitaba una investigación sobre las decisiones tomadas frente a la avería. España entera exigía buscar responsabilidades entonces. Sin embargo, ahora que se está realizando  el juicio, pocos se fijan en las declaraciones o en los imputados. Esto ha llevado a que prácticamente los únicos periódicos que publican diariamente novedades sean los de la propia región afectada.

A nadie le interesa

Cierto es que la situación en el 2002 era muy distinta a la actual. Nuestra nación entraba en el euro, los ciudadanos creían en el futuro de una Unión con una moneda única, una Europa inquebrantable.  Entre las noticias que se publicaban sobresalía el anuncio del presidente Aznar de no volver a presentarse a las elecciones, el famoso ‘Plan Ibarretxe‘, o el conflicto diplomático entre Marruecos y España por la pequeña Isla de Perejil. Desde que saltó la noticia del Prestige hasta que comenzó a captar la atención pasaron unos cuantos días, y se fueron eclipsando los demás temas de actualidad. Había nacido una estrella mediática que se exprimió hasta que no dio más de sí.

Los medios tienen una gran capacidad de decisión sobre lo que es y lo que debe ser noticia. En el caso del Prestige, de la gripe aviar, del terremoto de Lorca o de otros desastres posteriores, la proliferación de artículos depende en gran medida del interés humano y de la capacidad del medio para mantenerlo activo. En este caso concreto, cabe destacar que la no imputación de cargos políticos -salvo José Luis López-Sors, director general de la Marina Mercante en esas fechas-  refuerza la sensación de que sin grandes actores no hay noticia que vender.

Las investigaciones de algunos periodistas revelaron anomalías en informes del CSIC, la sociedad se movilizó bajo el lema y la bandera del “Nunca máis“, y así fueron pasando los días y conformándose como una noticia con larga vida que llenaba las parrillas de los informativos y las páginas de los periódicos. Meses después, y conforme se iban minimizando los daños visibles, el Prestige dejó de interesar y dio paso a nuevos temas y actores políticos.

Ha tardado mucho en llegar el juicio y eso ha enfriado los sentires de aquellos días pasados. Puede que para algunos políticos esta lentitud haya jugado a favor: la sociedad no recuerda ya sus cargos en esa época, o las frases que llegaron a pronunciar.

Los que hoy se sientan en el banquillo no parecen tener tirón mediático. Muchos de los supuestos culpables niegan a mayores sus faltas, contraatacan acusando a otros sujetos  o justifican sus acciones argumentando que fueron impuestas. Algunas de las figuras que mayor relevancia tuvieron en aquellos trágicos días no pasarán por el juzgado ni como testigos. Quizá su presencia haría que los focos se volviesen a centrar sobre la noticia y con ellos el interés ciudadano.

Mientras que eso no ocurra el capitán Apostolos Mangouras, parte de la tripulación, aseguradoras y navieras seguirán circulando por el estrado. La semana que viene se esperan las comparecencias, en calidad de testigos, del ahora director de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, y del exministro Álvarez Cascos. Quizá la llegada de este último produzca algún minuto informativo. Prestige, cuán grande fuiste y qué pequeño eres ahora.

Los votantes dicen...
  1. […] contra los gestores de la catástrofe, ahora se siente decepcionada por los resultados de un juicio que se ha alargado demasiado en el tiempo, al que se le ha dado una insuficiente cobertura, y que no ha recogido los frutos […]

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