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Una cobertura catastrófica


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Alfredo Berini

Licenciado en Periodismo, máster en Investigación Aplicada a la Comunicación y Técnico Superior en Producción. He producido cientos de directos para Telemadrid y Castilla-La Mancha televisión, una película y presentado informativos para Radio Voz Ferrol. Actualmente ejerzo la investigación y preparo mi tesis doctoral.


Escrito el 27 de julio de 2013 a las 9:26 | Clasificado en Galicia

Galicia está de luto oficial tras el accidente ferroviario del Alvia Madrid-Ferrol en las cercanías de Santiago de Compostela. A los fallecidos, cerca de 80, hay que sumar 32 heridos en estado crítico, cifras suficientes para ilustrar la fatalidad ocurrida en las horas previas al “Día de la Patria Gallega” más triste que se recuerda.

Momento del accidente ferroviario de Santiago
Momento del accidente ferroviario de Santiago

Tras el terrible descarrilamiento ocurrido en las inmediaciones de la parroquia de Angrois, sentimientos como la angustia y la desolación están presentes en cada uno de los homenajes que se están realizando a las víctimas del accidente. La ciudadanía de la provincia de A Coruña, la más afectada si tenemos en cuenta las paradas que faltaban para acabar el trayecto, sigue pendiente de cada una de las informaciones que se facilitan sobre las causas, la situación y nombres de heridos y fallecidos, o las indicaciones de expertos y Administraciones.

Desde el primer momento se podía intuir la gravedad de lo sucedido. Las televisiones y radios autonómicas desplegaron a sus redactores y reporteros en el lugar de los hechos al que ya habían llegado los vecinos, dispuestos a colaborar con las tareas de rescate, y los servicios de emergencias.

Los medios siempre se convierten en la primera ventana que se abre para la sociedad cuando ocurre un accidente. La última referencia, por su magnitud, es la del avión MD-82 de Spanair accidentado en el aeropuerto de Barajas, en 2008, al intentar despegar hacia las Islas Canarias. Antes, otras catástrofes o ataques terroristas como los del 11M, han sido objeto de estudio sobre cómo actúan las empresas mediáticas a la hora de tratar este tipo de información en la que hay un denominador común: las víctimas. En este caso existen ciertos puntos a tener en cuenta en el tratamiento informativo y que darán que hablar en las próximas semanas.

El ‘ruido informativo’

Cuando ocurre una catástrofe o accidente, los medios intentan llegar lo antes posible al lugar, para así contar en primicia lo que está sucediendo. Lo primero que llama la atención es que, lo que antes se hacía con unidades móviles y técnicos especializados, hoy se está suplantando por teléfonos móviles de última generación que envían la imagen en directo. El resultado, similar en la intención de dar la primicia, no tiene los mismos efectos si hablamos de calidad. La pérdida de nitidez y los problemas de cobertura son mayores con esta nueva fórmula empeñada en abaratar costes y que se ha puesto en evidencia en esta ocasión en algunos medios.

Por otro lado, las zonas en las que ha ocurrido una situación caótica como la de este miércoles, suelen estar plagadas de testigos. El afán por el directo lleva a que se confíe en la primera información que dan estos  espectadores presenciales sobre lo que vieron o, incluso, lo que les contaron acerca de lo sucedido.

En todos los desastres y accidentes, conforme pasan las horas, podemos observar que multitud de situaciones que se citaron por estas fuentes no oficiales, resultaron ser meras especulaciones que sólo asustan a la población o que acaban siendo desmentidas por las primeras investigaciones oficiales.

En el caso del Alvia se generó un rumor sobre la posibilidad de que estuviéramos ante un atentado en base a que algunos de los presentes en la zona aseguraban haber visto y escuchado una explosión. Finalmente esta teoría fue descartada por parte del Ministerio del Interior, pero la duda ya había circulado en algunas redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea.

Esto es lo que se conoce como ‘ruidos informativos’, algo que puede complicar mucho la situación de la línea de investigación principal así como aumentar la preocupación de las familias que todavía no han podido contactar con sus allegados.

En algunas ocasiones, a esto se le suman las ‘intoxicaciones informativas’ que actúan, según los teóricos,  como “cortinas de humo y que pueden intentar desviar la atención sobre los elementos de culpabilidad, haciendo más compleja la tarea de los medios y la aclaración posterior de un desastre.

La ética de los medios y los derechos de las víctimas

Uno de los debates que se abrieron tras las primeras emisiones del accidente ha girado sobre las imágenes tomadas de las víctimas del descarrilamiento y las portadas de los principales periódicos ¿Es necesario cubrir estas informaciones con imágenes tan duras de lo sucedido? Sin duda resulta difícil hacer diferentes conexiones de una catástrofe sin mostrar a fallecidos, pero también es cierto que una cosa es el directo y otra el diferido, que puede estar sometido a un mayor control sobre lo que se emite.

Una vez más se enfrentan el derecho a la intimidad y la libertad de información. Los periódicos, que en su mayoría cerraron las ediciones a altas horas de la madrugada, hicieron apuestas de todos los tipos. Las portadas más duras mostraron heridos muy graves e incluso cadáveres, frente a una gran mayoría que apostó por imágenes del estado en el que quedó el tren o planos más abiertos.

Existen códigos deontológicos con propuestas sobre el tratamiento que se debe hacer de este tipo de situaciones. En todos se recalca la necesidad de preservar la dignidad y respeto a los heridos, así como intentar evitar la imagen de víctimas o de féretros.

¿Se puede generar la misma información e interés sin utilizar este tipo de imágenes? La demostración de esto está en la cobertura dada a los atentados del  11 de septiembre en Estados Unidos. En las emisiones, de carácter internacional, no se mostraron algunas de las atrocidades a las que estuvieron expuestos los periodistas y cámaras. Igualmente la noticia impactó en los hogares produciendo las mismas sensaciones de tragedia y de espanto ante lo sucedido

El protocolo de actuación

Aunque sea duro que tenga que suceder de esta forma, los protocolos de actuación van mejorando cada vez que ocurre una catástrofe, accidente o atentado. Este país, por su historia, ha tenido que enfrentarse a diferentes situaciones que le llevan a que se encuentre bastante preparando ante cualquier nueva circunstancia que se pueda dar.

En esta ocasión, y teniendo en cuenta experiencias anteriores, se hizo un llamamiento constante a la prudencia. Durante la madrugada, diferentes autoridades de la Xunta de Galicia y de partidos políticos, atendieron a los medios explicando únicamente los datos que barajaban sin entrar en especulaciones. La ministra de Fomento, el presidente del Gobierno y la monarquía también mostraron sus condolencias en las primeras horas y se desplazaron hasta el lugar de los hechos o comunicaron que iban a hacerlo días sucesivos.

El problema viene con la empresa, Renfe Operadora, que tardó demasiado en informar sobre lo sucedido. En estaciones como la de Ferrol muchas personas estuvieron sin información horas después del suceso. Se habilitaron diferentes números de información para atender a los familiares de los afectados pero se tardó en actuar por parte del propio departamento de comunicación.

Por poner un ejemplo, se tardó casi cinco horas en actualizar las redes sociales y avisar del descarrilamiento. Este dato es importante porque hay que tener en cuenta que, de nuevo, la red social Twitter se convirtió en uno de los sitios más visitados para enterarse de las novedades sobre el accidente.

A diferencia de lo que debería suceder, desde que todo comenzó Renfe no marca la información sino que la marcan los medios. Se vuelven a encontrar similitudes con el caso de Spanair, donde la empresa tampoco supo marcar los ‘issues’  y se dedicó a ir saliendo al paso de cada una de las informaciones que se iban filtrando.

Es complicado, teniendo en cuenta estos tres puntos anteriormente citados, saber si la información y las reacciones a la misma han sido o no las correctas.

En estas primeras fechas, lo principal es apoyar a los familiares y centrarse en la recuperación de los heridos. Galicia no olvidará fácilmente lo ocurrido y todavía se encuentra en la fase de tratar de entender los motivos de esta tragedia.  Ya habrá tiempo para seguir analizando las actuaciones de los medios y de pensar en nuevas formas de tratar noticias como estas, en caso de que la sociedad así lo reclame o las víctimas hagan valer su sentir ante estas emisiones.

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