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Tragedia en Ceuta: Es la lucha de clases


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GuinGuinBali

Este artículo ha sido escrito en GuinGuinBali, un portal de comunicación especializado en África Occidental y la Macaronesia con corresponsales en varios países de la región y en otros puntos de Europa relevantes para la actualidad africana.


Escrito el 9 de febrero de 2014 a las 9:08 | Clasificado en Actualidad, África

Hay que admitir que se está produciendo una lucha de clases y que es interracial. Y en esa lucha de clases hay oprimidos y opresores. Y tú, si vives en el territorio español, participas en la misma. Por acción u omisión. Por no exigir un trato diferente para aquellos que ya no saben cómo gritar.

En busca de más cadáveres
Agentes de la Guardia Civil en búsqueda de los desaparecidos en Ceuta. Fuente: Youtube.

Ricos y pobres, hombres esclavos y libres, el capital y la nada. La valla que separa las ciudades africanas de España del resto del continente señalan en el mapa dónde se produce la lucha de clases más significativa de nuestro tiempo. Indica en el lugar en el que hombres pobres y esclavos de la miseria tratan de obtener un progreso social. Ubica la inhumanidad delante de nuestros ojos. El primer paso, será aceptarlo. Aceptar que admitimos un trato inhumano ante personas que no tienen nada más y nada menos que la vida que se juegan en cada intento de entrar a España, a Europa.

No hay que buscar muchas más explicaciones. Hay que admitir que se está produciendo una lucha de clases y que es interracial. Y en esa lucha de clases hay oprimidos y opresores. Y tú, si vives en el territorio español, participas en la misma. Por acción u omisión. Por no exigir un trato diferente para aquellos que ya no saben cómo gritar. Sus muertes aunque generan silencio y dolor son auténticos alaridos inconfundibles. Tras morir trece personas el jueves por la mañana en Ceuta, cuentan los que sobrevivieron a la masacre, que en un ataque de rabia gritaron contra la Guardia Civil. Y que de las 150 personas que aproximadamente quedaron al otro lado de la valla, algunos arrojaron objetos y piedras con violencia. Otros miraban más que nunca dolidos desde la despreciable vida que les había tocado vivir.

Acababan de intentar entrar a un país, huyendo vaya a saber cada uno de qué, y fueron recibidos con disparos y por tipos pertrechados con armas y material antidisturbios acompañándolos al otro lado de la valla. Ahí nada más, cómo si fuera su lugar de origen ¡Eso es ilegal! Como lo es desentenderse de Peter, uno de los supervivientes, homosexual, que ha pasado tremendas experiencias hasta que la mañana del jueves vio su vida pasar. En su país expresar públicamente su condición sexual es delito. No lo es que las multinacionales europeas firmen millonarios contratos con sus gobiernos. Caben las empresas de Europa en su país. Él no cabe. Huye a Europa. Pero Peter no cabe en Europa. Y no le preguntan al entrar si huye o no, de qué huye o por qué se juegan su vida. No hay preguntas. Hay disparos, palos, desprecio y vuelta a Marruecos. Es la Marca España.

Y también los reciben con mentiras. Ya pasó en Lanzarote, cuando una patrullera de la Guardia Civil, en una acción cuanto menos temeraria, arrolló a una patera y causó 13 muertes. A partir de ahí la Fiscalía, quién debe defender al débil, ha puesto más dificultades que tablas para que todos puedan vivir. Los supervivientes de aquella patera huían de la pobreza absoluta de un pueblo abandonado a las puertas del Sahara. A la Guardia Civil le costó reconocer que la patrullera estaba averiada; le ha costado saber la velocidad a la que iba la patrullera. Le ha costado pedir perdón. Los medios de comunicación fueron poniendo piedras y contando verdades que hizo que la Benemérita tuviera que admitir lo que al principio negaban. Ha pasado lo mismo en Ceuta, donde Interior no ha reconocido que se usó material antidisturbios hasta que se ha publicado en los medios que así fue. ¿Qué miedo tienen de decir la verdad?¿Por qué tanto cinismo? Y esto para ellos: que oculten sus medios de disuasión no quiere decir que no los utilicen. Y si lo hacen, reconozcanlo, no sean hipócritas con este burdo intento de expropiación de la verdad a los ciudadanos españoles. Sometannos a la tortura de observar cuál es nuestra policía. A la suciedad de saber cuáles son las órdenes.

¿Cuántos años llevan ciudadanos africanos muriendo a las faldas de Europa con total impunidad? ¿Qué abyectos objetivos tienen como para dejarlos morir?¿Quién consuela a las madres y familias de todos los que perecen en el intento de encontrar la libertad con dignidad? Los ministros de economía de la zona Euro, las multinacionales, las grandes industria de la minería y de la pesca, los presidentes de los gobiernos europeos, no, desde luego. Ellos ya negocian para extraer los recursos en las mejores condiciones posibles para los blancos, mientras que mandan a su policía a roncar en las fronteras africanas para vigilar que además de robarles, no se atrevan a rebelar, ni a huir. Es una sentencia a muerte de reducida movilidad e injusta a todas luces.

Con la valla en medio o no, la lucha que mantienen los ciudadanos africanos en las fronteras con Europa es inasumible para una sociedad desarrollada. Marx y Engels en el texto que describió la lucha de clases relataron:

“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases.
Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”.

Una lucha que conduce a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes. La sociedad civil europea y africana tenemos la obligación de pensar y actuar, para modificar la forma, el trabajo y las fronteras que limitan nuestro territorio. Para exigirlo a nuestros gobiernos. La ONU debe intervenir. E insisto, las muertes de los inmigrantes que intentan llegar a Europa no son más que los gritos desgarrados de seres humanos que buscan una solución sin que nadie responda al otro lado. Y te pregunto: ¿Sigues sin escucharlos?

El periodista y amigo José Naranjo no deja de decirlo siempre que puede: Este es nuestro fracaso como sociedad. Es tarde, muy tarde, pero la Historia manda a apostar decididamente por la #transformación.

Fuente: Guinguinbali.
Autor: Txema Santana.

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