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Transparencia: ¿pose o actitud?


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Iker Merodio

Periodista vasco. Fundé 'Soluciones Comunicativas' y colaboro diariamente con el 'Grupo Noticias', donde intento explicar cómo los partidos políticos y sus representantes utilizan Internet. Doctor europeo en Periodismo.


Escrito el 26 de febrero de 2013 a las 8:30 | Clasificado en Actualidad

¿Por qué no es más accesible en la web de cada institución pública la relación de asignaciones de nuestros representantes, que permitiría a la ciudadanía valorar si el nivel de vida de los receptores se corresponde con su sueldo? ¿Por qué nos resulta tan sorprendente (esta vez para bien) que un ayuntamiento nos diga (en papel y en la red) con qué bancos tiene un préstamo, desde cuándo, y con qué cantidad, como hace el ayuntamiento de Getxo?

Captura de la sección de blogs del PP.
Captura de la sección de blogs del PP.

Una identidad digital bien desarrollada y bien cuidada es clave para que un político pueda empezar a ser transparente. Dicho de otra manera: no es posible que el máximo representante de un gobierno (desde el de la nación al del municipio más pequeño) o de un partido político pretendan que su gestión sea transparente si ellos mismos no lo son. Del mismo modo, hay que ser especialmente exigentes con su uso de los blogs o redes sociales digitales: estar en internet, de un modo más o menos activo, no es ser transparente.

Los políticos y sus asesores pueden abordar la cuestión de la transparencia de dos maneras: como una pose o como una actitud. No hay más. Por supuesto, quienes elijan la primera asegurarán estar ejerciendo la segunda, pero cualquier par de ojos mínimamente críticos sabe distinguir, perfectamente, la opción de cada uno. No hace falta irse muy lejos para encontrar un ejemplo de pose elevada –pretendidamente– a la categoría de actitud: la publicación de la declaración de la renta de Mariano Rajoy.

Eso, como diría otra miembro del PP, son “mamandurrias”, el chocolate del loro, o cualquier otro símil que sirva para ejemplificar la nimiedad del detalle. Por desgracia, no solo fue un gesto: la insistencia en que hiciera lo mismo Rubalcaba, y el resto de presidentes y secretarios generales de todos los partidos políticos, resulto cansina y vacía, pero el del PSOE entró al trapo y validó una pose censurable.

El debate desborda los límites de la “cosa pública”

Para arropar esa petición, en la Moncloa rescataron la ley de transparencia que quiere impulsar el Gobierno de Rajoy, como si tener el proceso abierto durante tanto tiempo no fuera motivo de sonrojo. Y mientras con la derecha nos enseñaban señuelos, con la izquierda intentaban esconder las palomas muertas resultado de una prestidigitación imposible. En el PP aseguran que van a enseñarnos las cuentas (que ya deberían de estar sometidas al tribunal correspondiente), pero ninguna gran auditora quiere vincular su nombre con el resultado y las lecturas derivadas.

La ciudadanía va a hacer chanza de la auditoría, y ésta va a servir para engordar la indignación generalizada cuando en los medios aparezca otra noticia sobre la supuesta financiación irregular en el PP. A estas alturas, todo el mundo sabe por qué el dinero negro recibe ese nombre. Pero lo que sería interesante conocer, más que unas cuentas puestas bonitas para la foto, es qué opinan los prescriptores del PP, algo que resulta imposible en internet: su blogosfera guarda un vergonzante silencio y es la evidencia más relevante de que en Génova siguen gestionando una crisis, con el grifo cerrado y varios nudos en la manguera.

Si el PP o cualquier otro partido, el Gobierno español o el de cualquier autonomía, provincia, territorio, concejo o municipio, quieren ser transparentes de verdad, y no como pose, tendrían que hacer públicas sus gestiones (incluidas las cuentas) de un modo habitual, no solo cuando salta la liebre. ¿Por qué no es más accesible en la web de cada institución pública la relación de asignaciones de nuestros representantes, que permitiría a la ciudadanía valorar si el nivel de vida de los receptores se corresponde con su sueldo? ¿Por qué nos resulta tan sorprendente (esta vez para bien) que un ayuntamiento nos diga (en papel y en la red) con qué bancos tiene un préstamo, desde cuándo, y con qué cantidad, como hace el ayuntamiento de Getxo?

Su alcalde, Imanol Landa, podría ser de los que se toman la cuestión de la transparencia como una actitud, con una identidad digital bien desarrollada y actualizada, y útil para que el máximo representante municipal esté enterado del pulso de la ciudadanía que le hace llegar sus comentarios en el blog o Facebook con normalidad. Además de eso, su ayuntamiento comparte el décimo puesto en el índice de transparencia que evalúa anualmente ‘Transparency International España’.

El debate, además, ensancha y desborda los límites de la “cosa pública”: ¿es exigible esa transparencia a empresas privadas como Change.org? ¿Hasta qué punto podemos exigir, o no, que sean realmente accesibles, también, los sueldos de los profesores de las universidades o de los profesionales de la sanidad que reciben su sueldo de las arcas que llenamos todos, o de los policías municipales y los bomberos? Al respecto, la tabla salarial de Osakidetza más reciente que se puede encontrar gracias a una sencilla búsqueda en Google es de 2007, antes de Irekia, curiosamente.

El reto de hoy y de mañana es dejar sin opción a los partidos políticos y los gobiernos: la transparencia no puede ser una pose.

Los votantes dicen...
  1. […] durante la campaña, y huye de este canal en la legislatura, es el PP. En Sesión de Control ya se ha observado su blogosfera y la identidad digital del presidente del Gobierno y el Partido, precisamente, por lo […]

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