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Abdicación en el Ibex 35


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 9 de junio de 2014 a las 12:34 | Clasificado en Economía

Los grandes empresarios ven renovación en las estructuras de poder con las que se relacionan íntimamente. Pero ¿se dan por aludidos?

El Rey almuerza con los miembros del Consejo Empresarial para la Competitividad (Casa Real)
El Rey almuerza con los miembros del Consejo Empresarial para la Competitividad (Casa Real)

Las sociedades son algo así como océanos gigantescos, cuyos cambios de dirección en sus corrientes son lentos pero una vez provocados, imparables. Y, al igual que ocurre con esta imagen metafórica, una gota, un solo hombre, tiene difícil provocar él solo esos cambios de dirección social.

Aunque a nosotros, los humanos, nos gusta escribir la historia de otra manera, con héroes y villanos cuyos actos individuales cambian el curso de la humanidad, en el fondo la realidad es mucho menos complaciente con nuestra necesidad de comprender fácilmente el mundo en el que vivimos. Es mucho más compleja. Y aquellos hombres o mujeres que predican o actúan a destiempo, sin una sociedad preparada para glorificarlo, acaban engullidos por la indiferencia de la historia.

En el análisis más amplio y práctico, las sociedades hoy avanzan influidas por multitud de acontecimientos (estructuralmente económicos y socialmente mediáticos) que progresivamente cambian su forma global de ver la realidad, cambios que precipitan o facilitan cristalizar ideas, reformas y liderazgos políticos.

Cambios irreversibles

Cuando la sociedad ya está madura para un cambio determinado es muy complicado que un hombre o un grupo consiga impedir estos cambios, salvo por el uso dramático de la fuerza. Ejemplos hay. Incluso esta imposición por la fuerza, como hemos podido comprobar en lo que se denomina ‘primavera árabe’, puede ser desafiada por una sociedad en transformación.

Todo este razonamiento subyace, ya sea pasional o intelectualmente, en la decisión de la monarquía de cambiar de titular.

Y aunque se ha desmentido oficialmente, los resultados del 25 de mayo han sido un importante percutor que ha precipitado la cristalización de una idea que, no por coincidir con la crisis económica deja de ser menos importante: el país ha cambiado y mira con cierto recelo a la “clase dominante” que maneja a día de hoy los resortes del poder. Lo que el líder de Podemos llama “la casta”.

La desafección ciudadana, en contra del razonamiento simplista que domina en las altas esferas, no es resultado pasajero de la crisis económica. Y si no, que miren los estudios del CIS de periodos anteriores, donde también había altísimas tasas de paro.

Nuevos hábitos de consumo

La desafección es una mezcla compleja de crisis económica, corrupción política, relevo generacional y un largo etcétera, sobre todo en hábitos de consumo, que es lo que diariamente hacen todos los ciudadanos. Cambios cuyo resultado es que el tablero es diferente, y que no es algo pasajero.

Sin saber si con un relevo se responde a las expectativas, la jefatura del Estado fruto de la transición anuncia la abdicación y la posterior proclamación de Felipe VI. En el PSOE, al margen de la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba, se instala la sensatez de los que opinan que la organización debe abrirse a la sociedad para ser un instrumento de ella, y no de las cúpulas aglutinadas en lo que comúnmente se llama “aparatos”.

Dos de las instituciones sobre las que los ciudadanos pusieron sus esperanzas y su confianza  en estos últimos 30 años, y que ahora ven con reticencias y suspicacias, han decidido dar pasos de regeneración. El tiempo dirá si sirven para algo.

Miradas a la derecha

En este contexto, y con cierta sordina, las miradas se dirigen a dos ámbitos conservadores cuya élite abrazó no con tanto entusiasmo la transición a la democracia. Por un lado, al partido político que aglutina los votos de ese sector, el PP, donde la victoria electoral por la mínima y la mayoría absoluta en el Congreso permiten a su presidente aplacar dudas, en su habitual estilo de adormecer las urgencias en vez de reaccionar ante ellas y afrontarlas.

Tal y como destila el principal asesor político de la calle Génova, Pedro Arriola, lo vivido el pasado domingo electoral ha sido sólo una cuestión de ‘frikis’ que pululan por Madrid. Algo temporal. Irrelevante.

Quizá dentro de esa categoría peyorativa estén las aventuras de Elpidio Silva o de Falciani, pero conseguir 1,2 millones de votos, como es el caso de Podemos, y generar este fenómeno social y mediático a posteriori, como si fuera una permanente epifanía, es resultado de algo que no parece pasajero, aunque sólo hablemos de sus causas y no de sus consecuencias en el Europarlamento.

Miradas en el Ibex 35

Otro ámbito trascendental, cuyos miembros se miran el uno al otro en paralelo al hombro, es el empresarial, cuya representatividad suele inferirse del Ibex 35 pese a que en España el tejido empresarial es, al 90%, PYME. Es evidente que el gran poder económico ve este tipo de cambios desde otra perspectiva, pero los cambios no son menores y les afectan.

En el contexto actual, y haciendo un breve ejercicio de política ficción, se encuentran con que dos de sus principales interlocutores de futuro, el jefe del Estado y el líder del principal partido del centro izquierda alternativa de Gobierno (los que hacen y firman el BOE), han desconectado con ellos generacionalmente.

El ejemplo lo encontramos en el Consejo Empresarial de la Competitividad, un lobby que ha “sorpassado” a la CEOE y cuyos miembros son la quintaesencia económica de lo que en unos círculos se denomina “clase extractiva” cuyo éxito empresarial se fundamentaría, siguiendo esta tesis, en el mamoneo con las clases gobernantes y la normativa resultante.

Generación aparte

A este club pertenecen Telefónica, Repsol, Mercadona, Banco Santander, Iberdrola… Todos ellos configuran una generación nacidos en los años 50 o incluso 40. Se manejaban perfectísimamente con el antiguo Rey en el apuntalamiento de las instituciones y la conclusión de contratos internacionales, entre otras cosas que pudieran considerarse dentro del marco legal.

Con el nuevo Rey, y con el previsible nuevo líder del PSOE, a los miembros de este consejo les va a dar “cosica” rara  cuando se reúnan con frecuencia con estos nuevos interlocutores, cuando ya no se rían con las mismas bromas y, sobre todo, no coincidan en las mismas maneras de resolver los problemas que transitan fuera de los territorios de la ortodoxia legal. Y no será tanto por una cuestión moral, que quizá también, sino de química, de piel

¿Tiene sentido que el presidente del BBVA tenga casi 70 años? ¿Se preguntarán, en algún caso, si les ha llegado su hora? ¿Tendrán la sensación de que su tren ya ha pasado… de que el arroz está más que pasado?

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