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Del macrolobby al microlobby


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Ángela Paloma Martín

Documentalista y Periodista. Máster en Comunicación Política por la Universidad de Navarra & The George Washington University. Asesora de comunicación en Ideograma y editora de C&E en español. Doctoranda en Análisis y Evaluación de Procesos Políticos y Sociales en la U. Carlos III de Madrid cuya tesis está enfocada al liderazgo femenino.


Escrito el 20 de septiembre de 2013 a las 17:56 | Clasificado en Economía

El pequeño empresario desconoce que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para ayudarles con la gestión de su influencia en la Administración.

Especímenes de diatomeas (algas), ocultos en el hielo de la Antártica, descubiertos a través de un microscopio. (Wikipedia)
Especímenes de diatomeas (algas), ocultos en el hielo de la Antártica, descubiertos a través de un microscopio. (Wikipedia)

Quizás el ahora sea un buen momento para focalizar perspectivas y nuevas miradas de cara a una actividad que aún no está regulada en España. Las empresas siempre han ejercido su rol de acuerdo a unos puntos de vista verticales y jerárquicos poco abiertos al debate más allá de los despachos. Eran mapas organizativos que obviaban o evitaban el ecosistema en su conjunto. Pero ocurre que, en la actualidad, el comportamiento social ha dado paso a nuevas relaciones más allá de priorizar actores como principales para el beneficio propio: proveedores, clientes, accionistas…

Resulta que existe una sociedad crítica, participativa, colaborativa, que por su forma de actuar se ha convertido en un actor principal. Domina las nuevas herramientas de la era de la información y de las tecnologías y tiene algo que decir. Hay una sociedad que es la protagonista del “no”, del discurso del cambio, un discurso que nace ante la decepción que los ciudadanos sienten al no verse representados por sus instituciones. Pero más allá de todo eso, son multitudes conectadas con la posibilidad de compartir, co-crear e innovar. La inteligencia de la multitud conectada no se puede obviar porque forman un nuevo poder. Un poder que cada vez las empresas tiene que ir asumiendo en su propia estrategia.

Lejos de una amenaza, el lobby ciudadano supone una gran oportunidad para las empresas porque, con su actividad compartida y co-creadora se puede pasar a estrategias mucho más prácticas en el mundo de hoy. Ya no hablamos de productos y servicios, sino de experiencias y sentimientos.

De lo macro a lo micro

Pero la gestión de la influencia y la representatividad, incluso en términos de multitud, la vemos a niveles macro. “Grandes compañías… líderes en tal o cual cosa… Poderosa firma de…”. Sin embargo, de vez en cuando, hay que hacer el esfuerzo de coger una lupa para ampliar la visión y enfocar, para analizar qué es aquello que supone el 60% del PIB español, cuál es el verdadero motor de empleo de nuestro país y qué es eso que conforma el 90% del empleo privado.

Esto no es otra cosa que el tejido empresarial formado por las pequeñas y medianas empresas que, a su vez, tienen verdaderos problemas en momentos puntuales como es esta crisis económica. ¿Por qué? Porque son las que más se esfuerzan física y personalmente, las que más desconocen la regulación y el vocabulario legal y son las que menos acceso y relación tienen con la Administración para defenderse, proponer o negociar. Sencillamente, para mantener un diálogo que represente su actividad.

En cuestiones de concursos públicos, convenios, citas, fechas y entrega de columnas interminables de documentación imposibles de digerir, las pequeñas empresas españoles tienen que cumplir a rajatabla aguantando la lenta y vaga gestión de la Administración española en el ámbito local, provincial y autonómico. Ella sí tiene acceso a ellos. Pero a ellos se les bloquea automáticamente el acceso a ella. El pequeño empresario, en muchas ocasiones, desconoce que también puede acceder a la Administración pública y que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para representarles y ayudarles con la gestión de su influencia.

Tomo la libertad para llamar a esta actividad microlobby. Ahora bien, los profesionales de la gestión de la influencia tienen el deber de identificar y analizar cuáles son las características de estas pequeñas empresas y cómo es el empresario medio español: su forma de actuar, de trabajar, de relacionarse… Por lo general, prefieren la “obediencia al debate”, como decía aquella cita de Carlos Fuentes en ‘La silla de Águila’. Y en sus mentes serpentea la famosa frase de “obedezco aunque pierda, porque no quiero meterme en líos”. Tienen una manera determinada de trabajar y son reacios al cambio de estrategia y de modelo de negocio porque “toda la vida se ha hecho así”. Aunque hay muchas excepciones, esta es la visión y la percepción generalizada.

De lo marco a lo micro pasando por la transparencia

La política vigilada es el origen del lobby ciudadano. El lobby ciudadano tiene cada vez más la capacidad de influir tanto en la Administración como en las estrategias de las corporaciones. El lobby lo estamos conociendo ahora a pesar de las brechas que existen para clasificarlo en el rinconcito de la transparencia. Aún se percibe como una actividad no regulada en España, opaca y con el dicho de “todo por debajo de la mesa”. Se insiste en esa regulación y el gobierno se comprometió, pero se desconoce para cuándo. Cómo, ya lo sabemos: fuera de la Ley de Transparencia.

Pero el microlobby incluso es más desconocido aún, porque lo vienen haciendo principalmente asociaciones que dudosamente representan a sus asociados, y líderes que poco tienen que ver con sus socios. Circula una red de interesas susurrada y camuflada. Pero la gestión de la influencia a lo micro debería ser más profesional, además de estar regulada. Y la administración debería hacer un ejercicio de diálogo, más que de emitir un monólogo continuo y por escrito. Porque los pequeños, también pueden ser muy grandes. Si el lobby (y el microlobby) empieza por un diálogo entre empresas e instituciones, que se dialogue. La respuesta muda o el silencio negativo no deberían seguir de moda.

Nota: gracias Antoni Gutiérrez-Rubí por inspirarme a escribir sobre este tema.

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