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El negocio de Bangladesh


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Escrito el 25 de mayo de 2013 a las 17:53 | Clasificado en Economía

Tres de las cinco fortunas más importantes del país -Amancio Ortega, Rosalía Mera e Isak Andic- amasaron su dinero con el sector textil. Sus proveedores de Bangladesh pagan a los trabajadores un euro por jornada, tres veces menos de lo que necesitan para comer.

Un bombero apaga el fuego de una fábrica de exportación de material textil en 2007 en Bangladesh. (Flickr: Abir Abdullah)
Un bombero apaga el fuego de una fábrica de exportación de material textil en 2007 en Bangladesh. (Flickr: Abir Abdullah)

El sector textil es, para algunos, una máquina de hacer dinero. Una máquina que no entiende de crisis. Basta consultar la lista de las personas más ricas de España para darse cuenta de ello. El gallego Amancio Ortega, el hombre más rico de España y propietario de Inditex, es la tercera fortuna del globo, con un patrimonio estimado de 57.000 millones de dólares, según la revista Forbes. Le sigue en la lista su ex mujer, Rosalía Mera, y
 en cuarto lugar figura el empresario Isak Andic, propietario de Mango. Solo el dueño de Mercadona, Juan Roig, consigue colarse en la cúpula entre los más ricos de España sin formar parte del negocio de la ropa.

Mientras España entra en una de las crisis económicas más importantes de su historia, su fortuna aumenta cada año. ¿Cómo lo consiguen? La fórmula es sencilla: fabrican a precio del tercer mundo y venden a bolsillos de un país desarrollado. La diferencia genera un negocio desorbitado. Mientras, nuestro país ha perdido 234.000 puestos de trabajo en este sector en los últimos años.

Según las estimaciones de la Confederación de Empresas de la Confección, el 60% de la ropa que se consume en España procede de Bangladesh, donde millones de personas trabajan para elaborar la ropa que después distribuyen empresas internacionales bajo su logo. Allí se pagan los salarios más bajos del mundo en el sector. Un euro por cada jornada de trabajo. Un coste personal que no tiene competencia y que sufraga con jornadas maratonianas los cambios de escaparate, temporada y tendencias que llegan de Occidente. Mujeres y jóvenes son la gasolina que pone en marcha esta maquinaria millonaria.

El pasado año, la firma Mango generó una facturación bruta de 1.691 millones de euros. La mayoría de la plantilla que la empresa tiene en Bangladesh son mujeres y jóvenes. En un informe de 2010, el Instituto de Alimentación y Nutrición de la Universidad de Dacca, la capital del país asiático, cifró en 138 dólares el dinero mínimo para que un trabajador pudiera atender de una forma digna sus propias necesidades de alimentación y la de una familia media. El sueldo abonado por las empresas textiles a sus trabajadores en Balgladesh es, por norma general, tres veces menor: 42 dólares al mes; el salario mínimo del país.

Mil muertos con nombres y apellidos

El gran negocio de las empresas textiles españolas en Bangladesh aflora cada cierto tiempo de forma leve los medios de comunicación. Los titulares suelen coincidir con los incendios y accidentes que han asolado ya varias fábricas del país. Pero ha sido ahora, tras el accidente del edificio Rana Plaza, en el que fallecieron al menos mil trabajadores, cuando el foco se ha centrado de verdad en las actividades de empresas como Inditex, Mango o El Corte Inglés en Bangladesh.

La respuesta de las firmas a la catátrofe ha sido dispar. La empresas españolas El Corte Inglés y Mango, así como Primark (de Reino Unido e Irlanda), Loblaw (Canadá), Bon Marche (Reino Unido) y C&A (Países Bajos) y KIK (Alemania) han asumido que producían allí. El Corte Inglés impulsa incluso la necesidad de tomar medidas urgentes de supervisión de los edificios y Mango ha recalcado que sólo pidieron una muestra a la fábrica siniestrada para decidir si hacían un futuro pedido.

Benetton (Italia), Cato Fashions y Children’s Place (EEUU), Carrefour (Francia) yWalmart (Estados Unidos) han negado que tuvieran producción allí o simplemente se han negado a contestar a las organizaciones internacionales. “Todas las firmas son responsables –advierte Eva Kreisler– porque las personas que estaban haciendo sus prendas han muerto por falta de seguridad en sus puestos de trabajo. Debería existir un marco jurídico que sancionara con dureza su incumplimiento para que no se repitieran estas tragedias”.

No es la primera vez que empresas españolas se ven salpicadas por accidentes laborales en Bangladesh. El pasado 24 de noviembre, 111 trabajadoras murieron durante un incendio en el edificio de la empresa Tarzeen Fashions. Allí habían elaborado ropa para C&A, Wall Mart, Li&Fung, KYK, Sfera e Hipercor. Todas estas empresas, salvo Wall Mart, se han comprometido a pagar a los supervivientes y sus familias indemnizaciones por un total de 5.7 millones de dólares. Y el 26 de enero, siete trabajadoras –cuatro de ellas con 17 años– murieron durante un incendio en el edificio de la empresa Smart Exports. Allí los empleados fabricaban ropa para Inditex, KYK y Newlook, entre otras grandes marcas. Hace menos de una semana, otro incendio en una fábrica textil ha dejado otras ocho personas fallecidas. Según ha reconocido la propia empresa, allí se realizaban también algunas prendas para el gigante español Inditex hasta junio de 2012.

Sin voluntad de acuerdo

Según cifras facilitadas por el cuerpo de bomberos de Bangladesh, en los últimos siete años, los siniestros en fábricas textiles han dejado un rastro aterrador y constante con un total de 1.063 fallecidos y más de dos mil heridos mientras estaban en sus puestos de trabajo. De momento, sólo la empresa estadounidense PVH Corp, propietaria de Calvin Klein y Tommy Hilfiger, y el minorista alemán Tchibo han firmado un convenio –el ‘Bangladesh Fire and Building Safety Agreement’– para tratar de garantizar la seguridad de sus trabajadores. GAP rubricó el preacuerdo pero se retractó después. Entre las empresas españolas y según fuentes de las organizaciones internacionales que promueven este tipo de acuerdos, sólo Inditex, cuyos proveedores de Bangladesh dan trabajo a 223.540 personas, según datos facilitados por la propia empresa, está en conversaciones para firmarlo.

Eva Kreisler, responsable estatal de la Campaña Ropa Limpia denuncia: “Ninguna de las empresas textiles españolas que producen en Bangladesh puede garantizar que se respeten los derechos humanos y laborales de los trabajadores en toda su cadena de producción. Tampoco están cumpliendo ni el gobierno de Bangladesh ni el español, pero no hay que esperar a que todo sea perfecto para hacer algo y hay soluciones que están en manos de las trasnacionales”.

Isidor Boix, dirigente de la Federación Textil de CCOO, explica que la solución no puede ser abandonar un país, sino mejorar las condiciones de quienes trabajen allí. “Marcharse de Bangladesh sería una barbaridad para los trabajadores. Se hizo ya en Birmania, durante años duros de la dictadura militar y no sirvió para mejorar las condiciones de vida de la gente, al contrario. Hay que entender que son países en vías de desarrollo donde estas empresas dan trabajo a millones de personas. Lo que tienen que hacer es garantizar su seguridad”.

Fuente: España ha perdido 243.000 empleos con la marcha de las textiles a Asia

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