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Olimpia sin Estadio


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 17 de enero de 2013 a las 11:33 | Clasificado en Economía

La empresa FCC tiene en sus manos la construcción del Estadio de la Peineta. Pero, tal y como está, no precisamente boyante, va a resultar difícil mantener el ritmo y poner el dinero (unos 200 millones de euros) para completar la reforma a tiempo para las Olimpiadas.

La transformación del recinto de La Peineta se basa en una fallida operación inmobiliaria que deja múltiples incógnitas.
La transformación del recinto de La Peineta se basa en una fallida operación inmobiliaria que deja múltiples incógnitas.

El pasado 10 de enero la prensa económica recogía una noticia aparentemente irrelevante desde el punto de vista del ciudadano medio. Juan Béjar era nombrado consejero delegado de FCC (Fomento, Construcciones y Contratas) en sustitución de Baldomero Falcones, quien asumió la dirección de la compañía en diciembre de 2007 a propuesta de Esther Koplowitz. En el diario ‘Expansión’ se señalaba que “el impacto de la crisis en FCC ha obligado a la compañía a adoptar medidas traumáticas (…). FCC debe más de 7.000 millones de euros y este año tiene que abordar vencimientos por unos 1.600 millones”.

Entre esas medias “traumáticas” están, por poner dos ejemplos vistosos, la venta de FCC a Amancio Ortega de la Torre Picasso en Madrid, todo un símbolo de la ciudad y de la compañía, y la suspensión en diciembre pasado del reparto de dividendo. Parece claro el motivo de la salida de Falcones, no precisamente glorioso.

La situación económica de la compañía FCC es un asunto que atañe a sus directivos y accionistas, aunque hay una derivada que afecta directamente a los ciudadanos, y más concretamente a los madrileños y más concretamente aún a la aspiración de la ciudad de ser sede de unos Juegos Olímpicos, por fin, en 2020. Esta aspiración, no obstante, ha sido virtualmente truncada por la burbuja inmobiliaria cuya crisis económica posterior tiene unos efectos devastadores tan imprevistos como lo fue su pinchazo; ambas cosas parece que no se vieron o no quisieron verse.


En diciembre de 2008, el entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, y el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, firmaron este acuerdo para que el club se mudara del Estadio Calderón a la Peineta, y de rebote, acometiera las reformas necesarias para que ese nuevo estadio fuera el centro neurálgico por antonomasia (inauguración, pruebas de atletismo, clausura, etc.) de los Juegos Olímpicos de la ciudad. Dicho acuerdo se estipulaba no sólo para la candidatura de 2016, sino también en caso de optar a 2020 o 2024.

El Club, sin embargo, no tendría que pagar nada para financiar el nuevo Estadio Olímpico que, hubiera Juegos o no, se quedaría como nueva casa de los atléticos. Sería FCC la encargada de todas las reformas. A cambio se quedaba con “los aprovechamientos urbanísticos del ámbito Mahou-Calderón”, o lo que es lo mismo, con los terrenos que quedaban libres tras la demolición de la antigua cervecera y el Estadio, frente a la ribera del Manzanares. Un lugar único de Madrid  donde levantar viviendas, equipamientos comerciales, zonas verdes y, por último y no por eso menos importante, soterrar ese tramo de M-30. De poner el dineral para todo eso se encargaba FCC, licencias del Ayuntamiento, CAM y plusvalías de la operación mediantes.

Primero pinchó la burbuja

La situación estaba encarrilada hasta que llegó en serio la crisis del sector inmobiliario y comenzaron a surgir dudas sobre si daría tiempo a generar beneficios de la macro-operación en la Ribera del Manzanares al tiempo que se reformaba La Peineta para albergar los Juegos y, por lo tanto, tener los atléticos listo su nuevo hogar. Evidentemente, antes de tocar una sola viga del Calderón, la Peineta tenía que estar a punto. Todo esto con las Olimpiadas de 2016 en la cabeza de todos.

No obstante, según los cálculos de la empresa filtrados a los medios por entonces, septiembre de 2010, sus cálculos partían de la base de urbanizar primero los terrenos de la antigua fábrica, y una vez sacados al mercado ese pastel de viviendas, acometer la última fase  y demoler el Estadio. El mercado inmobiliario ya se habría recuperado para el año 2012 y el Atlético ya se habría mudado a la nueva Peineta Olímpica para enero de 2013.  El encargado del estudio, un lince.

Luego pincharon los tribunales

El 20 de enero de 2012 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) sentenciaba que la modificación legal que autorizaba la operación urbanística en los terrenos de la Fábrica de Mahou y el Estadio Calderón no era conforme a derecho y quedaba por lo tanto nula. Sonaron teléfonos en FCC, Ayuntamiento y Comunidad Autónoma.

La primera se quedaba sin su parte del pastel, los segundos igual sin Estadio Olímpico a tiempo, y los terceros contaban con una oportunidad de poner palos en las ruedas a sus eternos rivales, aunque Alberto Ruiz-Gallardón ya estaba a refugio de ministro de Justicia. Tanto es así que Esperanza Aguirre dijo días después de conocerse la citada sentencia que aquello no tenía solución y que el Ayuntamiento y el Atlético tendrían que volver a empezar todo de nuevo.

El consistorio anunció que recurriría al Tribunal Supremo la decisión del TSJM, sin saber lo que iba a ocurrir meses después. El 28 de septiembre, el Supremo anulaba en sentencia firme 22 desarrollos urbanísticos competencia del Ayuntamiento de Madrid que, por irregularidades similares, habían sido anulados por el TSJM previamente.

Fuentes judiciales opinan que, aunque todo es posible, (y pasarán años hasta que se sepa la sentencia), es difícil que el Supremo de amparo al Ayuntamiento con el tema del Calderón después de tumbarle los 22 desarrollos antes citados.

Y luego pincharon a FCC


Los responsables del Atlético de Madrid están tranquilos. El Club, de verse envueltos en otro retraso, se quedaría en el actual campo hasta que FCC termine el nuevo, algo que está en marcha  y observado con lupa por la afición en foros y webs diversas.  El Ayuntamiento da por construido e inaugurado el Estadio, y en el informe de candidatura se señala que se está modernizando el sitio para que sea uno de los más modernos del mundo, algo que ocurrirá en 2015. No obstante, pese a que es FCC la responsable de las obras y el club rojiblanco el titular final de dicho espacio, el consistorio asegura en el informe de candidatura que es “el responsable de su construcción y financiación” y como “propietario de la sede” ha aportado “las correspondientes garantías” (sic página 30). Dicho informe se presenta estos días en ‘road show’.

La pelota, de color marrón muy vivo, está en el tejado de FCC y de su nuevo y flamante responsable, Juan Béjar. Tal y como está la compañía, no precisamente boyante, va a resultar difícil mantener el ritmo y poner el dinero (unos 200 millones de euros) para completar la reforma a tiempo para las Olimpiadas sabiendo que la liquidez que iba a conseguir por la operación urbanística de la zona del manzanares se ha virtualmente esfumado.

El plan B supondría que pague la cuenta la endeudadísima Casa de la Villa, en manos de la flexibilidad del ministro Montoro y de la escondida pero vigilante ‘troika’ europea, que tiene derecho de pernada en las cuentas mientras siga dando dinero a nuestros bancos. Este plan B parece, visto lo visto, descartado. Todo sea que en unos meses sea Tokio o Estambul la candidatura elegida. Será entonces cuando todos respiren aliviados.

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