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Salir del euro


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 18 de julio de 2013 a las 8:04 | Clasificado en Economía

Distintos sectores piden al Gobierno que busque una alternativa a la austeridad para evitar que salir del euro se convierta en inexorable

Imagen del euro frente al Banco Central Europeo (Fuente: Wikimedia commons)
Imagen del euro frente al Banco Central Europeo (Fuente: Wikimedia commons)

Antes de cerrar este periodo parlamentario, y con el escándalo de Luis Bárcenas ya abarcándolo todo, el portavoz de Izquierda Unida, Cayo Lara, invitaba al presidente Rajoy a frenar la escalada de recortes y emisión de deuda, y al mismo tiempo la renegociación de los pagos pendientes. Es decir, dejar de pagar temporalmente a nuestros acreedores, frenar la sangría que provoca el recorte del gasto público y volver al crecimiento. Y sólo así ya retomar los pagos.

El presidente del Gobierno le respondió que él no estaba dispuesto a salir del euro, respuesta que a priori parece no tener sentido, pero sí. Rajoy hacia alusión directamente a las consecuencias de un anuncio de lo que se llama también hacer ‘default': no pagar las deudas. España, al igual que todos los países occidentales, recurre a un calendario de emisiones de deuda por parte del Tesoro para tener ‘cash’. Y con eso paga los gastos del Estado y, evidentemente, los intereses de la deuda pendiente.

Expulsión del mercado

Anunciar una demora en el pago de esos intereses provocaría de súbito una escalada en la prima de riesgo que, tras atravesar el umbral de los 700 u 800 puntos, sería absolutamente disparatada de asumir. España sería expulsada del mercado financiero y nadie le prestaría dinero. Al mismo tiempo, el interés a pagar en caso de que un inversor lo hiciera, también sería inasumible por parte del Tesoro.

Esta expulsión supondría, y ya llegamos a Rajoy, que nuestro país dejaría de tener líquido en sus cuentas para poder pagar transferencias, sueldos, inversiones comprometidas, gastos recurrentes… El impacto del ‘default’, por tanto, crearía un segundo efecto de impago que se trasladaría al resto de la economía en un efecto dominó creado por el Gobierno central y contagiado en escala a CCAA, proveedores… Y eso sin contar con el estallido que supondría el que miles de funcionarios se queden sin sueldo uno o dos meses.

Salida y vuelta a la peseta

Para evitar este colapso, el Gobierno tendría que salir del euro. De este modo volvería a tener el control su propia moneda y el Banco Central español, de nuevo investido con el poder de la política monetaria que le arrebató el BCE, sería el encargado de financiar al Tesoro con nuevas pesetas. Evidentemente, en pocas semanas esas pesetas comenzarían a perder valor con respecto al tipo de cambio fijado, en una caída libre imprevisible teniendo en cuenta que una recesión económica todo lo que va mal es susceptible de empeorar exponencialmente.

A todo esto hacía referencia Mariano Rajoy en su respuesta a Cayo Lara. El corsé del formato parlamentario español, aún pendiente de las mejoras que la generación política de la postransición está llamada a hacer, impidió el debate en profundidad sobre este asunto. Un asunto que, parafraseando al líder del PP, “es capital”. Y lo es porque los antecedentes de casos similares al español, evidentemente con sus diferencias, no son precisamente halagüeños.

Monotonía del estancamiento

Grecia y Portugal, ejemplos de los que podemos extraer algunas conclusiones, llevan camino de permanecer ‘sine die’ en el fondo de sus economías. Y eso, la monotonía del estancamiento, es el peor escenario para una población que ve como nada funciona. Eso lleva al cuestionamiento del sistema, cuando en el fondo lo que subyace es el error de ciertas decisiones equivocadas y de dogmas incuestionables. A esto último es a lo que se refería el líder de Izquierda Unida.

En la universidad española se introdujo hace pocos años un sistema de financiación llamado “préstamos renta”. Este sistema tenía un funcionamiento muy sencillo: el alumno, que necesitaba dinero para pagarse un máster de alto nivel, pedía un crédito para pagarlo, con la condición de que sólo comenzaría a devolverlo en cuanto tuviera un determinado nivel de ingresos. En resumen, que sólo tendría que pagar las cuotas de devolución si conseguía trabajo, algo que, gracias al máster, era más que probable. El Ministerio de Educación sería el encargado de intermediar entre alumno y entidad financiera, sobre todo dando garantías a la segunda en caso de riesgo de impago o de desconfianza.

Este ejemplo viene a cuento por que simboliza bien como enfocar, con una visión alternativa, el problema de la financiación temporal de una actividad que se prevé generadora de riqueza. Y no hablamos sólo de riqueza material, sino también social. Y de eso se trata cuando ya no sólo Izquierda Unida, sino desde distintos sectores de la sociedad española, se exige al Gobierno que tenga la valentía de plantear y negociar con el resto de socios de la UE la creación de posibles sistemas alternativos al sufrimiento de la austeridad, que, con los hechos encima de la mesa, claramente no está funcionando. Ni aquí, ni en Grecia ni en Portugal. ¿Y la salida del euro… qué? Pues si no se hace algo rápido, puede que llegue un momento en el que la única solución sea esa. Y, paradojas de la vida, podría ser el sucesor de Aznar el que la ejecute.

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