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Tambores de recortes


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 20 de junio de 2013 a las 9:23 | Clasificado en Economía

La coyuntura, la hipótesis de echar mano a todo el fondo de rescate europeo y los rumores sobre el mal rollo del equipo económico hacen temer lo peor.

El presidente Mariano Rajoy. (La Moncloa)
El presidente Mariano Rajoy. (La Moncloa)

Dos economistas, uno muy mediático y el otro no tanto, afirman en privado que el Gobierno de Mariano Rajoy hace bien en lanzar mensajes de optimismo. Ese “optimismo antropológico” que tanto criticó el actual presidente a su antecesor, por no llamar las cosas como son, “al pan, pan y al vino, vino”. Esa forma diferente de enfocar la economía a través de los medios de comunicación tuvo su máxima expresión en aquella frase de “no he cumplido con mi programa electoral, pero sí con mi deber”.

Ahora, Mariano Rajoy ya no dice eso. Ahora, Mariano Rajoy, instalado en firme en la Moncloa, y seguramente dando sus primeros síntomas del célebre síndrome, se sirve del optimismo.

Afirman algunos analistas en los medios que fue como contraposición a aquella lúgubre rueda de prensa en la que la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría, el pasado 26 de abril, dibujó en trazo negro y grueso, un futuro pavoroso de la economía española. No obstante, y siguiendo la tesis básica de la psiquiatría de que la mejor manera de predecir un comportamiento es analizar los precedentes, Rajoy, al igual que Zapatero y Aznar, ya no prefiere llamar al pan, pan y al vino, vino. Ahora se gusta en el optimismo, en el “ya estamos saliendo”, en el hay “signos positivos”. El último episodio fue esta semana en su discurso ante la Asamblea General de la CEOE.

Mensaje positivo, nunca negativo

Los economistas agradecen este carácter “intervencionista” de Rajoy. El ser humano, impredecible y moldeable, actúa con su miedo y su incertidumbre como agravantes del incendio devastador de la crisis. Y si algún ciudadano aún da credibilidad a lo que dice el presidente de un Gobierno, mejor que reciba un impulso de optimismo a un empujón de desesperanza. Por eso era inevitable que, al igual que ocurrió con el Gobierno del PSOE, el actual jefe del Ejecutivo, más pronto que tarde, comenzara con el ritual de vender el humo de los brotes verdes o de la luz al final del túnel.

Sin embargo, como decían los dos economistas anteriormente citados, entre los analistas que siguen el día a día de los datos, y que no están a sueldo de ningún instituto, servicio de estudios u organismo oficial, cunde la preocupación. Y no es por el Gobierno, ahora ocupado básicamente en cumplir con los ajustes dictados por Bruselas a cambio del rescate financiero. La preocupación reside en que, van pasando los años, y no se ve un motor (o varios) de la economía. Algo que pueda tirar del país de aquí a cuando terminen los ajustes y el crecimiento quede plano en el fondo oceánico más allá de la austeridad.

Una de las pistas nos la da la célebre prima de riesgo. Estable en los 300 puntos como si eso fuera ya algo normal, indica que el núcleo de analistas que marcan el mercado, los que tienen acceso a datos de alta calidad, aún no se creen que nuestro país esté en la senda de salida. Más bien, consideran los expertos, se trata de una situación de “impasse”. Como cuando dos grandes fuerzas de la naturaleza se miran a los ojos mutuamente congelados y en tensión, sabedores de que cualquier movimiento en falso puede romper el equilibrio y desatarlo todo.

Echar mano de todo el rescate

Esa situación de indefinición pareció romperse cuando se habló en público de que España podría estar valorando pedir a la Unión Europea el resto de los 100 millones de euros del fondo bancario, al que tendría derecho si quisiera. La hipótesis fue deslizada entre las líneas de las conclusiones de los inspectores de la Troika que pasaron por Madrid a principios de junio, y refrendada por las palabras del gobernador del Banco de España, Luis María Linde, cuando señaló que el Gobierno podría tomar esa decisión en octubre.

Desde el Ministerio de Economía se descarta esta hipótesis, que supondría volver a revisar una de las medallas que se cuelga Rajoy en la solapa estos días: el fin de la tormenta financiera fruto del estallido de la burbuja inmobiliaria. En su estrategia, reforzada por una campaña de comunicación financiada por el FROB, está la de dar el siguiente paso: intervenir en las entidades para que fluya el crédito a las PYMES (pocas) que se atrevan a lanzarse al desierto con un proyecto empresarial.

Es más, se ha filtrado que Bankia podría protagonizar ese estallido del grifo. Es decir, ¡válgame Dios!, un gobierno liberal del PP dando órdenes a su Banca del Estado para intervenir en la economía concediendo créditos a las empresas al margen del departamento de riesgos. La condición: que nada tenga que ver con el negocio inmobiliario, que está muy mal visto.

El círculo pernicioso que no frena

Sin embargo, si resulta que hay que echar mano de los 100.000 millones, esto implica que ha pinchado el salvavidas del sector rescatado y que éste vuelve a hundirse. Y lo hace por culpa del círculo pernicioso del que tanto se habla, pero contra el que nada se hace: ajustes que recortan gasto, que impiden crear empleo, que frenan el consumo, que destruyen empleo y que provocan más ajustes. Un círculo que acabó con Grecia, tal y como confesó uno de sus promotores, el propio Fondo Monetario Internacional.

Ante esta perspectiva de desandar el camino que Rajoy daba por andado, se producen dos circunstancias que han sacudido los cenáculos y mentideros de la corte: el retorno del rumor de dimisión del ministro De Guindos, por un lado, y el sorprendente nombramiento de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría como encargada de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, en sustitución del presidente cuando esté ausente.

Esta reunión de Ministros, que se celebra los jueves, y antesala del Consejo de Ministros, es clave para todas aquellas decisiones de carácter económico. Y en tiempos de crisis, básicamente más relevante que el propio consejo en sí. Soraya es, de facto, la vicepresidenta económica. Días después, en contra del sabio consejo de su jefe de prensa, Cristóbal Montoro revelaba que tras este mandato abandonaría la política.

Los indicadores económicos, las informaciones sobre un posible uso de más dinero del rescate, y los rumores sobre el resquebrajamiento del equipo económico refuerzan los augurios pesimistas: una gran oleada de recortes se aproxima. Y puede ser más dolorosa incluso que las primeras.

Los votantes dicen...
  1. Eochu Ollanthir dice:

    Peor que ser ladrón es ser cobarde y traidor a un pueblo que ha puesto en sus manos el poder absoluto. El dia que te pille C, te corto el gaznate.

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