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Rato, un doctor muy apañado


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 10 de octubre de 2013 a las 9:21 | Clasificado en Economía

Dos ministros alemanes dimitieron por copiar su tesis doctoral, pero Rodrigo Rato consiguió un hito insospechado: hacerla siendo vicepresidente.

Rodrigo Rato, ex vicepresidente económico.
Rodrigo Rato, ex vicepresidente económico.

El Banco Santander ha fichado a Rodrigo Rato como asesor, y no parece que fuera por su experiencia previa en el mundo financiero, cuyo resultado final fue la quiebra de Bankia. Tampoco parece que el banco de Emilio Botín haya llamado a las referencias que tiene el ex vicepresidente en el FMI. Si lo hubiera hecho, le habrían trasladado el malestar que dejó su heterodoxa marcha de la sacrosanta institución.

De su paso por el Gobierno Aznar, el propio Botín sabe mucho, y de primera mano. Nada que objetar, salvo algunas decisiones un tanto reprochables, cierto que a toro pasado, como alentar, y negar, la burbuja inmobiliaria que ha situado a España donde está o diseñar el sistema de déficit de tarifa eléctrico que acumula una deuda de 25.000 millones de euros. Buah… no es para tanto.

Licenciado en Derecho, doctor en Economía

El reclutador del Santander que ha llevado el asunto Rato, no obstante, sí que debió sorprenderse cuando llegó al apartado del CV relativo a su formación. ¡Oh!, el gran timonel de la historia económica de España no era licenciado en Economía, sino que se sacó la carrera de Derecho, profesión que nunca ejerció. Rato se fue a la Universidad de Berkeley, en California (EEUU), para sacarse un Máster en Dirección de Empresas, que aunque tiene relación, no es lo mismo que la carrera de Economía. Esto ha sido siempre un dato sabido – pensó el reclutador- que no le ha impedido a Rato ser todo lo que después ha sido. Al fin y al cabo, los estudios universitarios no son garantía de nada.

Pero donde el reclutador del Santander reparó sin duda alguna fue en el hito recogido en el CV de Rato en julio de 2003. El reclutador es experto en mirar con lupa candidatos de alto nivel y en estar con un ojo avizor en los intereses de la casa. Algo le ha llamado la atención. Resulta que el vicepresidente del Gobierno consiguió compatibilizar el cargo con su tesis doctoral. Doctor sobresaliente cum laude por la Universidad Complutense de Madrid.

Hacer una tesis doctoral no es un curso de inglés a distancia no presencial. Requiere tiempo y dedicación. Un decano de una Facultad de Económicas de entonces (Rato la sacó en 2003) explica que los cursos de doctorado eran como dos años más de carrera, pero más avanzados, que te exigían esfuerzo para alcanzar el requisito de “suficiencia investigadora”. Y como todo curso de carrera, requiere hacer sus exámenes y, lógicamente, aprobarlos.

Tras alcanzar la “suficiencia investigadora”, aprobados los créditos necesarios pasados esos 2 años, arranca la tesis doctoral. Y eso es “full time”… de leer y, sobre todo, de escribir. Esto lleva unos 2 o 3 años, más lo segundo que lo primero. Además, para el común de los mortales, se exige también tener publicaciones científicas y, frecuentemente, superar 2 evaluaciones externas de tu trabajo. Una vez pasado todo esto, se lee la tesis ante un Tribunal. En total, por tanto, 4 años como mínimo siendo un genio y a pleno pulmón, y 5 o 6  años como algo razonable.

Rato, ¿una mente maravillosa?

El hecho de que un vicepresidente del Gobierno se matricule en una universidad como si fuera un ciudadano corriente es noticia. Y en el caso de Rato, efectivamente, lo fue. Aquí tenemos cómo en noviembre de 2001 se supo que el político se había matriculado en la universidad para sacarse el doctorado, y cómo iba a ser tratado según fuentes de la facultad, como un alumno cualquiera.

Pero Rodrigo Rato no era un alumno normal y corriente. Y no porque fuera vicepresidente del Gobierno, ministro de Economía y “candidato oficioso” a ser el sucesor de Aznar. No porque fuera a la vez diputado en el Congreso ni porque fuera vicesecretario general del Partido Popular. No era un alumno normal porque demostró una capacidad extraordinaria para compatibilizar todo eso y la elaboración de su tesis doctoral. Todo ello en el extraordinario récord de 1 año y 9 meses.

¿Es posible cumplir con la agenda de vicepresidente del Gobierno, los viajes al extranjero, las reuniones sectoriales, las comisiones delegadas del jueves, los consejos de ministros de los viernes, las sesiones de control al Gobierno de los martes, las comisiones parlamentarias, y un largo etc… y además ir a clase durante dos años y después elaborar 400 páginas de tesis doctoral?  Es difícil, por no decir imposible, encontrarse a un doctor en Economía que considere esto verosímil.

Tesis sobre sí mismo

Otra de las paradojas fue el tema sobre el que versó la tesis doctoral. Eran 400 páginas bajo el título de “El ajuste fiscal: un modelo explicativo del crecimiento de la economía española en la segunda mitad de los noventa”. Sí, efectivamente, era una tesis sobre él mismo, que “confirmaba” la relación entre el ajuste fiscal que aprobó su Gobierno y los efectos positivos en la economía.

Citando el resumen, “como en la segunda mitad de los años noventa la economía española experimentó uno de los ciclos expansivos más largos de su reciente historia económica. Proceso de crecimiento que ha coincidido en el tiempo con un proceso muy importante de ajuste fiscal en el contexto del acceso a la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria”.

Un Tribunal “cum laude”

Pero si todo esto fuera poco para este alumno normal y corriente como era Rodrigo Rato, la configuración del Tribunal que lo examinó también tiene su particular “cum laude”. De los cinco evaluadores de Rato, destacan los nombres de cuatro de ellos. Eugenio Domingo Solans, exconsejero del BCE y uno de los ideólogos económicos del PP, José María Marín Quemada, ahora nuevo presidente del super-regulador CNMC y que ya tuvo su protagonismo en estas mismas páginas, Jaime Requijo González, recientemente nombrado consejero de NCG por el FROB, ex consejero del Banco de España a propuesta de Rodrigo Rato y director general en el Ministerio de Comercio durante el Franquismo.

Por último, el secretario del Tribunal era Santiago Fernández Valbuena, por entonces Director General de Finanzas de Telefónica, empresa presidida por César Alierta tras una tormentosa salida de su antencesor, Juan Villalonga, por un pacto entre el BBVA y el propio Rato. Ahora Fernández Valbuena es Presidente de Telefónica Latinoamérica.

No cabe duda de que a todos los miembros de este particular Tribunal les ha ido bien posteriormente. ¿A medida de un alumno normal y corriente? Teniendo en cuenta quienes lo configuraban, resulta curiosa, algunos dirán que cómica, la descripción de cómo fue aquella jornada ante semejante y “exigente” elenco de jueces académicos, reflejada por la prensa económica esos días.

El ministro de Defensa de Alemania, Theodor Zu Guttenberg, dimitió en 2011 tras publicar el diario Süddeutsche Zeitung  pruebas de que había plagiado parte del trabajo de su tesis doctoral en Derecho. Dos años después, Annete Schavan, ministra de Educación y Ciencia alemana, dimitió también por lo mismo, al incluir en su texto “de forma sistemática y premeditada” un trabajo intelectual que no era suyo. Lamentablemente para ellos, ninguno tuvo la oportunidad de conocer, por parte de Rodrigo Rato, el Know How de una tesis doctoral intachable e incuestionable, y que así será para siempre en los anales académicos.

Los votantes dicen...
  1. felix dice:

    Vamos a ver, si somos serios en éste país

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