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Unión por la puerta de atrás


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 14 de marzo de 2013 a las 10:28 | Clasificado en Economía, Europa

Bruselas supervisará las cuentas de los Estados miembros y para España no serán sólo sugerencias.

Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios. (Flickr: European Parliament).
Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios. (Flickr: European Parliament).

Muchos cambios drásticos de la historia de las naciones han sido traducidos en grandes mitos llevados a cabo por ilustres prohombres guiados por nobles principios. Cambios drásticos que se produjeron, en realidad, por motivos económicos. La literatura del biólogo Jared Diamond resuelve la desigualdad entre los pueblos, y su progreso social y económico dispar a través de la historia, a factores fundamentalmente geográficos. La diferencia, hoy, entre Alemania y Somalia se explica por un conjunto muy complejo de desafíos y barreras medioambientales que sus habitantes respectivos tuvieron que superar a lo largo de miles de años.

A unos les llevó a progresar, relativamente, muchísimo más rápido que a otros. Ni la raza, ni los factores genéticos, ni siquiera el azar, explicarían la diferencia entre cómo evolucionaron los alemanes con respecto a los somalíes. La obra cumbre de Diamond, ‘Armas, gérmenes y acero’, es una de las mayores crónicas del hombre jamás escrita. No es casual que se llevara el premio Pulitzer.

Sin embargo, los alemanes, al igual que hacen prácticamente todos los países, escriben y registran la historia de su pueblo de manera muy diferente al simple desglose descriptivo de un conjunto extraordinariamente diverso de factores climáticos que condicionaron un hecho u otro. En ese relato, los factores emocionales, los sacrificios de los héroes, las derrotas, son elementos habituales que no sólo explican lo que pasó, sino que además crean la identidad de un pueblo.

Morir por la nación

Este factor identitario, de hecho, es uno de esos requisitos imprescindibles que, siguiendo a Diamond, permitirían a un pueblo prevalecer sobre otro a lo largo de la evolución y la historia, ya que permite enviar soldados a la muerte por “el bien común de la nación”, cuando en realidad se buscan fines políticos; un fenómeno abstracto e intangible que jamás te encontrarías en las tribus ancestrales de Nueva Guinea. La parte más negativa de esta construcción artificial de la identidad de los pueblos reside en el nacionalismo extremista, que adquiere indeseables tintes racistas y que crea divisiones absurdas entre individuos.

Históricamente, un malestar económico revestido de una movilización emocional de los líderes sociales une a un determinado pueblo hacia la revolución, que suele ser violenta. Tras esta, se produce un cambio estructural hasta que lo establecido vuelve a fallar, remueve a la sociedad, convoca a sus líderes, y vuelta a empezar. Sin embargo, hay excepciones.

La Unión Europea se ha construido sin contar con una movilización social que la impulsara. Fue fruto de políticos y tecnócratas, que arrancaron con una asociación de carácter económico, ‘as usual’, llamada CECA (Comunidad Económica del Carbón y del Acero). Era el año 1952, y ayudó enormemente la destrucción de Europa tras la segunda guerra mundial. De aquella CECA se fue avanzando hasta el punto en el que hemos llegado hoy, con un Gobierno Europeo y sus ministros (Comisión y Comisarios) y un Parlamento Europeo elegido por sufragio universal. Cierto es que, en términos democráticos, queda mucho por hacer.

Avanzando poco a poco

Siendo fiel a su espíritu de no contar con el fervor y entusiasmo ciudadano (el rechazo de la Constitución Europea fue crucial y ¡zas! en toda la frente), las instituciones europeas siguen avanzando en su adquisición de competencias de los estados que lo forman. Hasta el punto de que hace pocos días se aprobó algo que, aunque pasó casi inadvertido en términos de debate de opinión pública generalizada, ha sido y será clave en el futuro de nuestro país como Estado independiente.

Los países miembro tendrán que remitir a la Comisión Europea sus respectivos presupuestos antes de terminar el mes de octubre , o, en su caso, de tal modo que tengan capacidad de ser modificados durante su tramitación parlamentaria por parte de sugerencias de los agentes europeos. Esto que parece un tecnicismo aparentemente irrelevante no lo es. Implica una intervención en toda regla de la política económica y de la ley más importante que gestiona un gobierno durante la legislatura.

La Ley más importante

La Ley de Presupuestos Generales del Estado es la que permite, negro sobre blanco, poner en práctica las medidas prometidas en las campañas electorales por los partidos que obtienen mayoría en las urnas. Toda medida, por pequeña que sea, tiene un impacto económico. De hecho, toda norma debería llevar una memoria económica que explique y aclare su desarrollo posterior.

En España, esta Ley de Presupuestos ha servido para muchas cosas, tanto buenas (Estado de Bienestar, inversiones, progreso…) como malas, (burbuja inmobiliaria, abusos en la ley de acompañamiento…). Pero todas ellas decididas por un Gobierno elegido por sus ciudadanos. Esto ahora cambia. La Comisión Europea podrá vetar aquello que no le guste, que ponga en riesgo la estabilidad y el déficit.

Algunos dirán que estas recomendaciones de la Comisión no son vinculantes y que, por tanto, la mayoría de los países se las pasará por el forro. Eso será en otros países, pero no desde luego en el nuestro. A España, cuya economía está condicionada por el rescate al sector bancario en curso, no le quedará más remedio que considerar como vinculantes las sugerencias de la Comisión.

Más allá de dos tardes

Esta cesión, lejos de ser temporal, será por mucho tiempo, ya que toda esta operación del Gobierno Rajoy de evitar la intervención completa con una parcial, cediendo la competencia bancaria a Bruselas y abandonando la soberanía nacional del sector no serán dos tardes, ni dos días….

Varias preguntas asaltan: ¿es relevante para nuestras vidas que nuestros bancos (con nuestro dinero) estén bajo control europeo y no español? ¿Es relevante que un experto europeo revise con capacidad de enmienda la ley de presupuestos elaborada y negociada por políticos (y lobistas) españoles? ¿España se rompe? ¿Qué pasa con la nación? ¿Y con nuestra soberanía?

Volviendo a Jared Diamond, todo grupo social humano que demuestre capacidad para unir e integrar la diferencia, ampliando esa unión en número y territorio, y por tanto eficiencia y recursos, tiene muchas más posibilidades de alcanzar progreso y expansión. En esto la Unión Europea avanza poco a poco, aunque, esta vez, por la puerta de atrás. No será tras una cruenta guerra civil liderada por Abraham Lincoln. Ni tras la gran liberación de Simón Bolivar o la reconquista de Don Pelayo. Serán unos tecnócratas, con sus trajes gris marengo.

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