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Hispasat, ¿a cambio de qué?


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 11 de abril de 2013 a las 8:18 | Clasificado en Economía

Abertis, que ha nombrado consejera a la mujer del presidente de RTVE, se hará con el control de la empresa de satélites gracias a la cesión del Gobierno.

Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. (Congreso)
Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. (Congreso)

El Gobierno va a hacer realidad los sueños de La Caixa. La entidad catalana es dueña de referencia de Abertis, una empresa de infraestructuras (Autopistas, Telecomunicaciones y Aeropuertos). Abertis quiere hacerse con el control total de Hispasat, del que ya tiene un 40%. Hispasat, bajo control de Cristóbal Montoro vía SEPI, “tiene una flota de 5 satélites comerciales de comunicaciones que ofrecen cobertura a Europa y el continente americano y que alcanzan el 100% del mercado mundial de habla hispana y el 90% del de habla portuguesa”. Ahí es nada. Y todo esto sin contar con la rama militar de la empresa, que da servicio al Ministerio de Defensa.

La noticia de esta venta salió publicada en el diario El Mundo con un extraño enfoque en su titular de portada, mezclando el teatro político de la apuesta nacionalista de Artur Mas con el visto bueno a la operación. Sin embargo, las aspiraciones de La Caixa sobre Abertis vienen de lejos y han transitado siempre entre bambalinas, al margen de la escena que los políticos usan para representar su papel ante el público, del que recaudan sus votos y que pocas veces se junta con el interés económico de la clase empresarial. Ambos relatos discurren casi siempre por separado. Es la mejor forma de no hacerse daño.

Este es, seguramente, uno de los mayores obstáculos a las legislaciones pro-transparencia que pretenden revelar los detalles de las negociaciones de los gestores del poder público con el del interés privado. El caso de Hispasat es un buen ejemplo. Abertis se hará con el control de ésta, una de las pocas joyas del Estado español que aún seguía siendo pública tras la fiebre privatizadora de los años 90, y en plena crisis, comprando con el precio a la baja.

La participación (a través de la SEPI) del Estado en la empresa de satélites será vendida por 235 millones de euros, según El Mundo. Un precio al que el ministro de Hacienda y AAPP se negaba en redondo hace escasos meses. No tenía prisa en vender y, de hacerlo, quería subir la recaudación final de la operación. Algo lógico teniendo en cuenta la grave crisis de ingresos que sufre la entidad que le ha tocado gestionar al señor Montoro. Sin embargo, la primera cifra que circuló tras los primeros rumores de compra-venta (por encima de los 200 millones) ha permanecido en ese margen. ¿Ha cedido el Ministro ante la presión de alguien?

La regulación de los lobbies

Uno de los debates que se han abierto en España catapultados por la crisis es el de la regulación de los lobbies. La pretensión es saber si un determinado miembro del poder político es influido por empresas sensibles a la regulación que emana de ese poder político. Tiene sentido tener esa información por dos motivos: uno, el más lógico, es la de disipar la posible sospecha de que esa influencia pueda tener una contrapartida espuria, al viejo estilo “sobrecogedor” y que suele ser la fuente financiera de las cuentas en Suiza.

Y la segunda, y no menos importante, la de conocer los datos sectoriales que sustentan una determinada reforma, y de dónde han salido esos datos. Es decir, se presupone que antes de adoptar una normativa que tenga impacto en el sector de las telecomunicaciones se consulta el punto de vista de los propios técnicos de Telefónica (por poner un ejemplo). Esa consulta debe producirse de forma transparente. Este último extremo es casi tan relevante como el primero, aunque por engorroso no de pie a teorías conspiranoides.

Con una buena legislación sobre la actividad de los lobbies podríamos saber qué altos funcionarios, de los que sobreviven a los distintos y sucesivos gobiernos, se reúnen con qué empresas y por qué y para qué. Esos funcionarios técnicos luego son los encargados de hacer los estudios que sustentan las decisiones políticas. Estas decisiones de nivel, de ministro para arriba, son ya mucho más difíciles de influir, responden a intereses más complejos y más diversos, y están más vigiladas por contrapesos de otras partes.

Volviendo al caso de Hispasat. Nos encontramos con una venta poco ambiciosa de una empresa solvente de tecnología punta bajo control de la SEPI española (aunque todo esto parezca increíble). Su venta, en contra de lo que pueda argumentarse en otras privatizaciones del pasado, no supone una apertura a la competencia ni un impulso liberalizador del mercado. La venta de Hispasat es una decisión personal de un político el cual podría tener un criterio inicial que ha sido modificado posteriormente. Le han convencido de que otra era la decisión correcta.

La colocación de López-Monís

El asunto había quedado aparcado del escrutinio público hasta que irrumpió el nombramiento de Mónica López-Monís como consejera de Abertis. El escándalo incendió Twitter debido a que López-Monís es la mujer del Presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique y ex compañera de promoción del actual marido de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

Que todos sean parte del mismo núcleo de amigos íntimos (de esos que comparten cenas y vacaciones) es una presunción posible y verosímil. La indignación social especulaba con un posible enchufe vía Moncloa de la mujer del presidente de RTVE, aunque decayó al no ser Abertis una empresa pública ni favorecida por ninguna decisión administrativa del Gobierno central, a priori. La cosa quedó ahí.

Sin embargo, dos semanas después conocíamos por la portada del diario El Mundo, con ese extraño título sobre Artur Mas, ERC y Montoro, que el Gobierno había dado el sí a la operación. La SEPI, ante el aluvión de llamadas de periodistas preguntando si era aquello verdad, tuvo que lanzar una nota aclarando que las negociaciones aún estaban en marcha. Seguramente desconocían que esa marcha ya tenía otra dirección fijada desde Moncloa. A su vez, Abertis se remitió, a posteriori, al comunicado de la SEPI.

Aún sin saber qué puesto tendrá en el consejo, la mujer del presidente de RTVE, cuyo perfil profesional no está precisamente ligado al sector de las infraestructuras o de las telecomunicaciones, tendría una retribución fija extra (además de su actual salario) que podría oscilar entre los 73.000 o los 109.000 euros al año, si nos atenemos al informe de retribuciones de la compañía correspondiente a 2012. No obstante, el número de consejeros se ha reducido, por lo que estas cifras son meramente orientativas y podría ser mayor la retribución.

Por tanto, y siempre de confirmarse la información de El Mundo (la marcha atrás siempre es posible), tenemos sobre la mesa los siguientes elementos: un ministro de Hacienda al que se le ha convencido (quizá desde Moncloa) para vender (barato) el control de una empresa pública a una empresa privada. Esta empresa, controlada por el principal financiero catalán, Isidro Fainé, incorpora, recientemente, como consejera a la ex compañera de promoción del marido de la Vicepresidenta Primera del Gobierno.

Una Ley de Transparencia debería permitirnos conocer si alguno de los mencionados se reunió en algún momento entre sí durante los meses previos a la maduración de esta operación, y si efectivamente se reunieron, saber más o menos qué temas se trataron. Puesto que a simple vista un nombramiento de 70.000 euros al año parecería poca cosa a cambio de una operación empresarial de semejante trascendencia, o quizá sea una simple casualidad, las circunstancias podrían llevarnos a pensar que es sólo la punta de un iceberg. Un iceberg brillantemente gestionado en la trastienda por lobbistas profesionales, que han facilitado limar resistencias y voluntades personales varias, un iceberg que ha pasado desapercibido porque, finalmente, no ha chocado contra nada ni nadie. Un trabajo fino en el que todos salen ganando.

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