Discursos de cine

En 1939 (el año que según coinciden todos los historiadores se produjeron el mayor número de clásicos del cine), Frank Capra rodó ‘Caballero sin espada’, la historia de un joven líder juvenil (James Stewart) enamorado de los principios rectores de la patria (la igualdad, la justicia, la libertad…), fan de Lincoln y capaz de recitar de memoria pasajes de la Constitución. Pero descubre que al abrigo de la fulgente cúpula del Senado, los políticos actúan no en beneficio de los ciudadanos, sino a favor de intereses espurios.

Cuando intenta denunciarlo sus compañeros tratan de expulsarlo del Senado y él lo impide practicando el filibusterismo, una regla según la cual el orador puede mantener el turno de palabra sin límite mientras aguante en pie. Y vaya si se levanta

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Y así es como terminó el episodio de filibusterismo más famoso de la historia del cine, pero es también uno de los alegatos más hermosos en pos de la democracia, la libertad y la igualdad.

Ha habido unos cuantos más. Para encontrarlos no sólo hay que recurrir a sólidas obras políticas. Por ejemplo, en ‘Dave, presidente por un día’, un doble del verdadero jefe de Estado (impedido tras un ataque al corazón) recita un discurso en el que hace responsable al Gobierno de que todos los ciudadanos tengan un puesto de trabajo.

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También de una comedia –romántica, para más señas– sale uno de los discursos más sobresalientes de las últimas décadas. El creador de ‘El ala oeste de la Casa Blanca’ fue también el guionista de ‘El presidente y Miss Dave’, y escribió esta sensacional alocución en la que dignifica como pocos el oficio de la política.

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Pero volviendo a los clásicos, y en el propicio terreno de las campañas electorales, ‘El político’ (1949) retrata el ascenso de un hombre corriente hasta las más altas instancias del poder. En ese camino, se produce este mitin en el que el don nadie admite que le han utilizado, pero se compromete a dar la vuelta a la tortilla y llegar hasta el final para defender a los don nadie que le están escuchando.

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Y para concluir la selección, la arenga que nunca existió: Charles Chaplin parodiando a Adolf Hitler. Allá donde uno hablaba de surpremacía de la raza, el otro clamaba por la igualdad entre los hombres, donde uno animaba a lanzarse a la conquista del mundo, el otro proponía la hermandad universal. Es ‘El gran dictado’r (1940) y suena así de bien:

Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón, un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

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Fernando de Luis-Orueta

Periodista, cinéfilo y teatrero. Criado en El País, he sido responsable de Cultura y Televisión de Lainformacion.com y jefe de cierre en varias publicaciones nacionales. Desde 2000 estoy a los mandos de la web de información cinematográfica losExtras.es.

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