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Michelle Obama y los Goya


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Fernando de Luis-Orueta

Periodista, cinéfilo y teatrero. Criado en El País, he sido responsable de Cultura y Televisión de Lainformacion.com y jefe de cierre en varias publicaciones nacionales. Desde 2000 estoy a los mandos de la web de información cinematográfica losExtras.es.


Escrito el 27 de febrero de 2013 a las 10:22 | Clasificado en Cine

Las comparaciones siempre son odiosas, pero quienes acusan a los Premios Goya españoles de politización van a tener muy difícil seguir añadiendo la coletilla “no como los Oscar”. ¿Cabe mayor politización que la mujer del presidente del país entregue por sorpresa el premio a la mejor película? Como en España, la derecha está que arde.

Momento en el que la primera dama de los EEUU anuncia la mejor película de los Oscar 2013 (fuente: Michael Yada / A.M.P.A.S).
Momento en el que la primera dama de los EEUU anuncia la mejor película de los Oscar 2013 (fuente: Michael Yada / A.M.P.A.S).

Parecía que iba a ser Jack Nicholson quien desvelara el misterio de qué película era la ganador del Oscar en uno de los años más repartidos que se recuerdan. La situación ya era bastante tensa porque la última vez que el actor subió al escenario para entregar este mismo premio, la gran favorita “Brokeback Mountain” vio cómo los labios de Nicholson pronunciaban “Crash”. Así que los productores de “Argo” (George Clooney, entre ellos) seguramente se temieran lo peor.

Pero esta vez la sorpresa no iba por ahí. En vez de anunciar el nombre del ganador, Nicholson se dio la vuelta hacia una pantalla gigante y saludó a la primera dama. Ella, rodeada de un pequeño grupo de militares vestidos de gala en una sala de la Casa Blanca, hizo un saludo más o menos institucional. Momentos después alguien le daba el sobre con el ganador y Michelle Obama pronunciaba al fin “Argo”.

Esta intervención estelar se produce un año en que la política ha estado muy presente en la carrera por los Oscar, desde “Lincoln” a “La noche más oscura” pasando por la ganadora del premio a la mejor película. El 14 de noviembre, Barack Obama auspició una proyección especial de la película de Steven Spielberg sobre el 16º presidente de Estados Unidos. “Lincoln” también se proyectó al Senado en diciembre.

Ese mismo mes, tres miembros de la Cámara Alta enviaron una carta al máximo responsable de Sony Pictures, Michael Lynton, protestando por el retrato de las torturas en los interrogatorios en la cinta sobre la caza de Bin Laden y más tarde abrieron una investigación para aclarar qué papel ha jugado la CIA en el desarrollo de la película. “Argo” también cuenta cómo la CIA se las arregló para sacar a un grupo de estadounidenses del Irán revolucionario de 1980. Y el ex presidente Bill Clinton apareció en la ceremonia de los Globos de Oro para presentar la candidatura de “Lincoln”, que tampoco ganó el premio en esa ocasión.

La idea de la hija del productor

A los Oscar les quedaba la obligación de dar una campanada mayor y la aparición de Michelle Obama se presentaba como la mejor opción. La idea, según ha contado después el presidente de la Academia, Hawk Koch, fue de Lily Weinstein, la hija de Harvey Weinstein, el productor independiente con más ascendente en Hollywood, genio de las campañas de los Oscar (suyo es el mérito en los triunfos de “The Artist”, “Chicago” o “El paciente inglés”) y, sobre todo, gran contribuyente del Partido Demócrata.

A Koch y los productores de la gala, Craig Zadan y Neil Meron, les encantó la idea y cuando se la ofrecieron a la primera dama aceptó sin dudarlo. Así que los tres máximos responsables de los Oscar pidieron a Disney que les dejara un jet privado de Disney para volar a Washington. La versión oficial fue que tenían que ir a Nueva York. “Lo planeamos como si fuera Argo. Parecía una misión de la CIA de lo complicado que fue”, explicaba Zadan ayer mismo en algunos medios.

Una vez allí, se reunieron con representantes del gabinete de la primera dama para concretar los detalles. Les condujeron a varias salas disponibles de la Casa Blanca donde se realizaría la conexión. Les preguntaron si sería mejor que Michelle Obama apareciera sola o con más gente, y les sugirieron que hubiera miembros del Ejército acompañándola.

Una vez se aseguraron la colaboración de la Casa Blanca, Zadan y Meron se dirigieron a Jack Nicholson, que había protagonizado en 2007 su película “Ahora o nunca”. “¿Te interesaría presentar el Oscar a la mejor película junto a Michelle Obama?”. El actor aceptó inmediatamente.

La aparición de Michelle Obama fue tratada como un secreto de estado, conocido sólo para los pocos que trabajaban directamente en la ceremonia. No se mencionaba de forma intencionada en las escaletas del programa de forma que no se pudiera filtrar. El viernes anterior a la ceremonia, la Academia anunció que Nicholson y Dustin Hoffman participarían en la gala.

La persona a la que se ve entregar el sobre con el ganador a la primera dama es Robert Moritz, el presidente de PriceWaterhouseCoopers (la auditora que recuenta los votos de los Oscar). Nicholson, que anunció la conexión con la Casa Blanca desde el teatro Dolby de Hollywood, llevaba en la mano un segundo sobre con el ganador por si algo salía mal y se perdía la conexión.

“Colado en una fiesta”

El plan funcionó a las mil maravillas: la sorpresa fue completa y en los medios se hablaba a partes iguales de la victoria de “Argo” como de la intervención de la primera dama. Pero no siempre de forma positiva. Como en los Goya españoles, los medios más conservadores de Estados Unidos se han lanzado en tromba a criticar la aparición de Michelle Obama.

Por ejemplo, en ‘The Washington Post’ la columnista Jennifer Rubin se queja prácticamente hasta de la última palabra pronunciada por la mujer del presidente, asegurando que se debió sentir “autorizada” para “entrometerse” en la gran noche de Hollywood. “Hace que el presidente y la primera dama parezcan pequeños y aprovechados”, asegura.

Rush Limbaugh, un conocido locutor radiofónico matutino, dijo en su programa que la aparición fue “innecesaria” y “fuera de lugar” y aseguró que Hollywood “les lanzó unas migajas” para compensar la derrota de “Lincoln”, una película que para este locutor es en realidad una “semi autobiografía” de Obama. Limbaugh aseguró que Obama parecía “la amada líder” de “nuestro Estado totalitario”.

La revista National Review hizo una recopilación de tuits contrarios a la intervención de la primera dama. ‘The Drudge Report’ titulada que parecía que se había “colado en una fiesta”. Y Breitbart se quejó de que había “secuestrado” los Oscar.

Sin embargo, Michelle Obama no es la primera inquilina de la Casa Blanca que da una sorpresa en los Oscar. La tradición la inauguró Franklin Roosevelt, que en 1941 dio el pistoletazo de la salida a la ceremonia vía radio. Más recientemente, dos presidentes republicanos, Ronald Reagan y George W. Bush, grabaron intervenciones para la gala en 1982 y 2002, respectivamente.

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