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Balones para niños con fusiles


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Álvaro Hernández

Soy diplomado en Turismo, pero siempre he querido ser periodista, y por fin me he puesto manos a la obra con ello. Colaboro de vez en cuando con la Ser de Almería y con el periódico local La voz de Almería.


Escrito el 30 de junio de 2013 a las 17:00 | Clasificado en África, Deportes

Tras la guerra civil de Sierra Leona todos los niños que habían sido utilizados como soldados quedaron apartados de la sociedad. Habían sido, a la vez, víctimas y verdugos. El fútbol sirvió para devolverlos al lugar del que nunca debían haber salido: la infancia.

En la liga de Tonko Limba juegan equipos como el Real Valladolid de Kamathorthor o el Real Madrid de Madina (Foto: ONG 'El Compromiso')
En la liga de Tonko Limba juegan equipos como el Real Valladolid de Kamathorthor o el Real Madrid de Madina (Foto: ONG 'El Compromiso')

Alimamy era un niño más. Sin embargo su vida en Madina, una pequeña aldea del noroeste de Sierra Leona, cambió radicalmente cuando la guerra empezó. Madina, en la selva de Tonko Limba, fue elegida por los rebeldes del Frente Revolucionario Unido (RUF por sus siglas en inglés) como lugar de descanso. La casa de la familia de Alimamy fue elegida por el coronel rebelde que controlaba la zona, el coronel Sidi, como residencia.

A los ocho años, Alimamy fue obligado por el coronel Sidi a unirse a su guardia personal. A pesar de negarse, el pequeño cedió después de ser torturado durante diez días en público. Se había convertido en un niño soldado más. Alimamy siguió al coronel Sidi mientras duró la guerra, defendiendo con su arma al hombre que le había robado la infancia.

Una vez terminada la guerra civil de Sierra Leona, en 2002, la vuelta a la sociedad de todos los niños y niñas que fueron utilizados como soldados, peones o esclavas sexuales era uno de los mayores retos del país.

De Badajoz a Freetown

El exmisionero español Chema Caballero, nacido en Badajoz, decidió ir a la selva de Tonko Limba en 1999 para buscar a esos niños y niñas que habían sido víctimas del conflicto y reintegrarlos en la sociedad. Fue el responsable del programa de rehabilitación de menores soldados de los misioneros javerianos, y abrió el centro de St. Michael en Lakka, a pocos kilómetros de Freetown, la capital sierraleonesa.

Según cuenta el propio Caballero, hasta el centro llegaban niños que habían sido marcados en el pecho por sus secuestradores para evitar fugas, así como niñas que habían sido forzadas a mantener relaciones sexuales a partir de los diez años. Aquellos que no podían aguantar el ritmo que imponían los rebeldes eran asesinados.

¿Cómo hacer que estos niños superasen sus traumas? ¿Cómo recuperar parte de su infancia? Chema Caballero encontró parte de la respuesta a estas preguntas en el fútbol.

“Un par de balones sirvieron para que los chicos de 12 ó 13 años empezaran a seguirme todas las tardes a la explanada que hacía las veces de campo de fútbol en Madina”, afirma Caballero en el artículo que escribió para el número 3 de la revista Líbero y en el que cuenta su experiencia ‘futbolística’ en Sierra Leona.

Los chicos que estudiaban en la aldea empezaron a acudir a diario a los entrenamientos y así nació el Real Madrid de Madina. La semilla del fútbol estaba siendo plantada entre los más jóvenes y no tardaría mucho en surtir efecto.

Los jugadores del Real Madrid de Madina, que volvían durante los fines de semana a sus aldeas de origen, creaban allí otros equipos que pudieran competir con el primero. El primer gran rival de este particular Real Madrid no fue el Barcelona, sino el Real Madrid de Kukuna. La magia del fútbol  no se hizo esperar mucho y los equipos se fueron multiplicando hasta ser los suficientes como para crear un campeonato. Había nacido la liga de Tonko Limba.

Chema Caballero no es el único protagonista español de esta historia. La colaboración de algunos equipos de nuestra liga fue esencial para que el proyecto saliese adelante y, además, el problema de los niños soldado de Sierra Leona ganara algo más de visibilidad.

Por ejemplo, el Real Valladolid envió paquetes con equipaciones completas del equipo. Surgieron así equipos como el Real Valladolid de Kamathorthor o el Real Valladolid de Wonkifore.

Por otra parte, el Real Madrid colaboró a través de su Fundación creando la Escuela Deportiva de Integración Social, cuya primera piedra fue colocada por Iker Casillas en su visita a Sierra Leona en 2007. La escuela cuenta con diez sedes alrededor de Tonko Limba y en cada una de ellas hay un campo de fútbol en el que los niños entrenan y juegan los partidos del campeonato.

Existe una vinculación tal con el fútbol español que, cuando el Real Madrid ganó la liga de la temporada 2006/07, los jugadores del Real Madrid de Madina no dudaron en salir a celebrar el título en su aldea.

El reto de Chema Caballero sólo estaba comenzando a funcionar. Había que ir más allá. “Los chavales más grandes, de entre 16 y 18 años, que al principio miraban y se hacían los duros pensando que no necesitaban de los demás, que habían sido soldados y podían valerse por sí mismos, terminaron por acudir”, cuenta Chema Caballero.

Alimamy era el capitán del nuevo equipo. Nacido para desbancar del liderazgo al Real Madrid de Madina, el conjunto capitaneado por el que fuera niño soldado sólo podía tener un nombre: el Barça de Madina.

Ahora quedaba lo más difícil: unir a verdugos y víctimas y hacer posible la convivencia. De nuevo, Alimamy fue el protagonista. Cada vez había más equipos y era necesario buscar entrenadores. El coronel Sidi se ofreció voluntario y entrenó al Barça de Madina. Era la forma de devolverle a la sociedad una parte  del mal que había causado durante la guerra.

Niños soldado, antiguos coroneles rebeldes, pero… ¿y las víctimas civiles? Los familiares de aquellos que fueron asesinados durante el conflicto eran la pieza calve para culminar con la reinserción en la sociedad de los excombatientes. Y el fútbol siguió ofreciendo la solución.

Aunque resulte complicado de entender, chavales que habían sido víctimas de los niños soldados terminaron jugando en los mismos equipos que sus verdugos. Los entrenamientos, los goles, las celebraciones terminaron por enterrar el odio y el rencor acumulado durante tantos años. El fútbol había conseguido convertirlos en diálogo, perdón y amistad.

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