Arrow

Cien años de racismo


0
Álvaro Hernández

Soy diplomado en Turismo, pero siempre he querido ser periodista, y por fin me he puesto manos a la obra con ello. Colaboro de vez en cuando con la Ser de Almería y con el periódico local La voz de Almería.


Escrito el 1 de diciembre de 2013 a las 4:57 | Clasificado en Deportes

El pasado fin de semana los cánticos racistas contra un jugador de fútbol volvieron a ser los protagonistas de un partido. la lucha por la integración de distintas razas en un terreno de juego fue iniciada por Uruguay hace casi cien años. Esta es la historia de Juan Delgado e Isabelino Gradín.

Isabelino Grandín, internacional uruguayo y atleta (Fuente: Wikipedia)
Isabelino Grandín, internacional uruguayo y atleta (Fuente: Wikipedia)

Ha vuelto a ocurrir. Un terreno de juego ha sido el escenario de la enésima discriminación contra un jugador de fútbol por su color de piel. Paulo Alfonso Santos Júnior, más conocido como Paulao, tuvo que escuchar el  pasado domingo cánticos racistas contra él.

En el minuto 35, la segunda amarilla cosechada por el central brasileño dejaba al Betis con diez y mermaba sus posibilidades en el clásico andaluz. Un sector de los aficionados verdiblancos presentes en el Sánchez Pizjuán, lejos de animar a su equipo, prefirieron insultar a Paulao con la diferencia racial como único argumento.

Paulao no es la primera víctima del racismo en el deporte. En la memoria de muchos está el momento en el que Samuel Eto’o amenazó con abandonar el terreno de juego por los insultos recibidos en La Romareda en un partido contra el Zaragoza. Por desgracia, no hay que remontarse hasta ese partido para ver un caso de racismo en el fútbol. Esta misma temporada Nyom en Elche o Constant en Turquía han vivido situaciones similares. Y cabe esperar que igual que no es la primera vez, el de Paulao no sea el último caso.

Una batalla centenaria

La lucha contra el racismo en los terrenos de juego comienza nada más y nada menos que hace casi 100 años. La República Oriental de Uruguay puede presumir de ser el primer país que integró a blancos y negros en el deporte. Esa integración llegó a la cima en el Campeonato Sudamericano de 1916, el precedente de la actual Copa América.  El torneo, celebrado en Buenos Aires, se realizaba para conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia argentina.

Las cuatro selecciones participantes –Argentina, Uruguay, Chile y Brasil- se enfrentaban en una liguilla en la que el que más puntos consiguiera terminaría siendo campeón. Finalmente, Uruguay se alzó con el trofeo, aunque ya había ganado algo mucho más importante nada más empezar el torneo.

El 2 de julio Juan Delgado e Isabelino Gradín fueron alineados en el partido que enfrentaba al equipo con Chile en el Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires ante 3.000 espectadores.  Nietos de esclavos africanos e hijos de emigrantes, Delgado y Gradín, nacieron en Uruguay y se encontraron gracias al fútbol del mítico Atlético Peñarol, donde Delgado jugaba desde 1912 y Gradín desde 1915. Eran los primeros jugadores negros que participaban en un partido internacional.

¿Alineación indebida?

Ese 2 de julio Uruguay goleó a Chile por 4 goles a 0. El propio Gradín metió el segundo y el tercer gol. Uruguay no podía comenzar mejor el campeonato y, de paso, celebrar con una victoria un partido que pasaría a formar parte de la historia del fútbol.

Sin embargo, no todo podía salir bien. Si en pleno 2013 los jugadores tienen que escuchar insultos por el simple hecho de ser de otra raza, en 1916 el racismo llegó desde el equipo contrario. La selección chilena, tras encajar el doloroso 4 a 0, solicitó que el resultado fuera invalidado. ¿El motivo? Uruguay había alineado a dos jugadores negros.

Sin embargo, ese torneo terminaría siendo para Uruguay, tras vencer también a Brasil y a la anfitriona. Gradín y Delgado habían hecho posible que esa fuera la primera de las 15 copas América que posee la selección uruguaya –la selección que más veces ha ganado este trofeo. Después llegarían dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos (1924 y 1928), la organización del primer Mundial de fútbol (1930) y, por supuesto, la victoria en 1950 en el famoso ‘Maracanazo’.

Después de este artículo llegarán más cánticos racistas a los campos de fútbol. Siempre quedará recordar el hito de Delgado, “la primera gran estrella negra del fútbol”, y del polifacético Gradín, que además de futbolista fue atleta, llegando a ser campeón de América del Sur en las modalidades de 200 y 400 metros. Tal fue la importancia de su figura que el poeta uruguayo Juan Parra del Riego le dedicó a Gradín uno de sus poemas:

Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de fútbol

Palpitante y jubiloso
como el grito que se lanza de repente a un aviador,
todo así claro y nervioso,
yo te canto, ¡oh jugador maravilloso!
que hoy has puesto el pecho mío como un trémulo tambor.

Ágil,
fino,
alado,
eléctrico,
repentino,
delicado,
fulminante,
yo te vi en la tarde olímpica jugar.
Mi alma estaba oscura y torpe de un secreto sollozante,
pero cuando rasgó el pito emocionante
y te vi correr…saltar…

Y fue el ¡hurra! Y la explosión de camisetas,
tras el loco volatín de la pelota,
y las oes y las zetas
del primer fugaz encaje
de la aguja de colores de tu cuerpo en el paisaje,
otro nuevo corazón de proa ardiente,
cada vez menos despacio
se me puso a dar mil vueltas en el pecho de repente.

Y te vi, Gradín
bronce vivo de la múltiple actitud,
zigzagueante espadachín
del golkeeper cazador,
de ese pájaro violento
que le silba a la pelota por el viento
y se va, regresa y cruza con su eléctrico temblor.
¡Flecha, víbora, campana, banderola!
¡Gradín, bala azul y verde! ¡Gradín, globo que se va!
Billarista de esa súbita y vibrante carambola
que se rompe en las cabezas y se enfila más allá…

Y discóbolo volante,
pasas uno…
dos…
tres…cuatro…
siete jugadores…

La pelota hierve en ruido seco y sordo de metralla,
se revuelca una epilepsia de colores
y ya estás frente a la valla
con el pecho…el alma…el pie…
y es el tiro que en la tarde azul estalla
como un cálido balazo que se lleva la pelota hasta la red.
¡Palomares! ¡Palomares!
de los clásicos aplausos populares…
¡Gradín, trompo, émbolo, música, bisturí, tirabuzón!
(¡Yo vi tres mujeres de esas con caderas como altares
palpitar estremecidas de emoción!)
¡Gradín! róbale al relámpago de tu cuerpo incandescente,
que hoy me ha roto en mil cometas de una loca elevación,
otra azul velocidad para mi frente
y otra mecha de colores que me vuele el corazón

Tú que cuando vas llevando la pelota
nadie cree que así juegas:
todos creen que patinas,
y en tu baile vas haciendo líneas griegas
que te siguen dando vueltas con sus vagas serpentinas.

¡Pez acróbata que al ímpetu del ataque más violento
se escabulle, arquea, flota
no lo ve nadie un momento,
pero como un submarino sale allá con la pelota…!
Y es entonces cuando suena la tribuna como el mar:
todos grítanle: ¡Gradín! ¡Gradín! ¡Gradín!

Y en el ronco oleaje negro que se quiere desbordar,
saltan pechos, vuelan brazos y hasta el fin
todos se hacen los coheteros
de una salva luminosa de sombreros
que se van hasta la luna a gritarle allá:
¡Gradín! ¡Gradín! ¡Gradín!

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>