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Dos irlandas, un solo rugby


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José Luis Avilés

Fanático de las ondas, la casualidad quiso que en la web de una radio descubriese la magia de unir letras. En Cadenaser.com dio rienda suelta a sus dos grandes pasiones: deporte y periodismo. Ahora 'pinta' la portada de lainformacion.com.


Escrito el 8 de diciembre de 2012 a las 12:37 | Clasificado en Deportes

Pese a los múltiples logros que acumula tras de sí el ‘XV del Trébol’, muchas han sido las adversidades que el combinado nacional de rugby de Irlanda ha debido superar. Jugar de local y entonar himnos diferentes según la localización del estadio o ver insignias distintas en las gradas.

El ‘XV del Trébol’ antes de un partido de rugby.
El ‘XV del Trébol’ antes de un partido de rugby.

Si existe un deporte en el que aquello que sucede en los despachos cuenta tanto o más que lo que ocurre en el terreno de juego, ese es el rugby. Federaciones enemistadas por atribuirse el origen del nuevo deporte, luchas interminables para poder concurrir a un nuevo torneo o deportistas que se envalentonan y se acaban levantando de la mesa por cantidades insuficientes de vino. Aunque fuera del césped todo parece ser válido, aquello que sucede en el campo está bañado en una mezcla de lealtad, honor y respeto en cantidades que ninguna otra disciplina podría ni imaginar.

“La práctica totalidad de grandes jugadores de este deporte no se han definido por poseer una gran fuerza física o por ser muy violentos, sino por un valor muy diferente: el carácter solidario”, que decía el periodista Albert Turró en su libro ‘El Tercer Tiempo’. Quizá por eso, cuando asuntos políticos interfieren en el desarrollo del juego la situación se torna diferente. Los ‘rugbiers’ consiguen abstraerse para defender sobre el césped al hijo de aquel tipo al que su padre jamás pudo ni siquiera mirar por razones ideológicas o religiosas. No hay más que comprobar lo que sucedió en Irlanda.

Pocos países tienen a sus espaldas un legado tan convulso como el que le ha tocado vivir a la tierra de los tréboles. La historia moderna de este país presenta multitud de magulladuras. Muy avanzado el siglo XX se empezó a atisbar el final de un conflicto recurrente que cada cierto tiempo volvía a asomar, acaparando la atención mediática a causa de un nuevo brote de violencia.

Pero en un escenario tan convulso, en el que los territorios acabaron por convertirse en un auténtico rompecabezas, el rugby se tornó el nexo de unión entre ambas naciones. Aunque ambos países acabaron por emprender caminos distintos, en el equipo nacional de rugby confluían jugadores de todas las provincias, ya fueran del norte o del sur. Ni los continuos enfrentamientos, ni los ataques terroristas perpetrados por el IRA, ni las constantes persecuciones británicas consiguieron fragmentar la Irish Rugby Football Union (IRFU), fundada en 1875. Entonces, los dos organismos que abarcaban todo el territorio, como eran la Irish Football Union y la Northern Football Union of Ireland, acordaron fusionarse en los siguientes términos:

  • Existiría una única Unión llamada Irish Rugby Football Union que tendría autoridad sobre todo el país.
  • Se establecerían sucursales en Leinster, Munster (sur) y Ulster (norte).
  • La Unión estaría dirigida por un Consejo formado por dieciocho miembros, de los cuales seis pertenecerían a cada una de las provincias.
  • Una única selección

    Tan fuerte fue esa unión, que aquello que el rugby había solidificado, nadie lo ha podido separar jamás. Una única selección, ‘el XV del Trébol’, consiguió aunar jugadores llegados de todos los rincones de la isla sin atender a distinciones de religión o filiación política. Ni siquiera los himnos o las insignias fueron un problema.

    Cuando el combinado nacional jugaba en territorios pertenecientes a Eire imperaba la bandera tricolor, oficial en la República de Irlanda, y en el estadio se escuchaba el ‘Amhrán na bhFian’ (‘La canción del soldado’). Cuando el encuentro tenía lugar más allá de la república ondeaba la bandera de las Cuatro Provincias y el himno que sonaba era el británico, el ‘God Save the Queen’. A día de hoy, cuando el ‘XV del Trébol’ salta al campo, todos los irlandeses entonan el ‘Ireland’s Call’ (‘La llamada de Irlanda’), un himno que la Unión de Rugby irlandesa acuñó en 1995.

    De poco importaba lo aleccionados que llegasen de casa o aquellos comentarios con los que sus más allegados cargasen contra el bando contrario. Cuando los irlandeses se enfundaban la casaca del trébol de poco importaba el resto. En cada ‘ruck’, en cada melé, en cada ‘maul’, todos remaban hacia una misma meta. Los All Blacks, el ‘XV del Gallo’, ‘el XV del Dragón’, los Wallabies, los Springboks, los mejores combinados de ambos hemisferios se midieron a un ‘XV del Trébol’ que poco a poco se hizo un hueco entre los gigantes del planeta rugby. Duros como rocas, los irlandeses demostraron al mundo que aquello que el rugby había unido nada ni nadie lo habría de separar.

    Y todo ello, a pesar de las múltiples adversidades a las que la disciplina hubo de hacer frente. Porque la andadura del rugby en tierras irlandesas nunca fue placentera. Desde que aterrizase en 1854 en la Universidad de Dublín, donde los alumnos crearon el primer club de rugby irlandés, la disciplina hubo de lidiar con los recelos de los católicos. Estos, empeñados en asociar su práctica a un nuevo síntoma de la ocupación inglesa, atacaron el nuevo deporte que, sin embargo, en las décadas siguientes fue ganando adeptos y conquistando muchas localidades de la isla que dieron nombre a nuevos equipos.

    El IRA

    Mientras tanto, en el plano político, Irlanda se había anexionado al Reino Unido por el Acta de Unión el día de Año Nuevo de 1801. De esta forma, arrancó su andadura en un siglo XIX que en Irlanda estaría marcado por las aspiraciones de independencia que comenzaban a extenderse por la mayor parte de la población que no habitaba el noreste, controlado por los protestantes, y que dio origen a un fuerte movimiento independentista.

    La ‘gran hambruna irlandesa’, una incipiente rebelión sindical y la dura represión del levantamiento republicano de la Pascua de Dublín de 1916 hicieron el resto. La creación del Ejército Republicano Irlandés, más conocido como el IRA, dio inicio a una larga lucha por la libertad, que unos libraron con bombas y otros con política. Cuantos más líderes eran ejecutados y medidas más opresoras utilizaban los británicos, mayor era el apoyo que conseguía el movimiento independentista y más sólidos eran los apoyos que recibía el partido republicano Sinn Féin, que obtuvo la mayoría en las elecciones de 1918.

    La deriva del conflicto y la campaña del IRA obligó en 1921 a Inglaterra a conceder la independencia a 29 condados de mayoría católica, de modo que Irlanda del Sur se convirtió en una región autónoma dentro del Reino Unido. El resto de condados, seis en total, situados al norte de la isla, instauraron su gobierno comunitario en Belfast y pasaron a constituirse como Irlanda del Norte, teniendo entonces participación en el parlamento británico de Westminster. No obstante, el acuerdo no contentó las aspiraciones de todas las partes, lo que dio lugar a una encarnizada guerra civil en la que perdieron la vida, al menos, cuatro mil personas. Mientras tanto, los hijos de uno y otro bando seguían librando batallas sobre el terreno de juego en defensa de una sola nación: Irlanda.

Los votantes dicen...
  1. Iñigo dice:

    He disfrutado mucho leyendo el artículo.

    El Rugby esta por encima de intereses políticos y estratégicos. Es una gran familia con sólidos valores:

    El apartheid motivó a que el Comité Olímpico Internacional impidiera la
    participación de los “equipos segregados” de Sudáfrica en los Juegos Olímpicos desde 1964 y así Sudáfrica se apartó en la práctica del movimiento olímpico. Idéntica posición adoptó la FIFA, causando la expulsión de Sudáfrica de su seno en 1963; en 1970 Sudáfrica fue excluida de la Copa Davis de tenis también por su insistencia en presentar equipos “sólo para blancos”.
    La International Rugby Board mantuvo a Sudáfrica como afiliada durante todo el periodo del aparthe,pero las giras internacionales de equipos sudafricanos (o las visitas de equipos extranjeros a Sudáfrica) siempre se vieron rodeadas de protestas políticas y diplomáticas.

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