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El ‘killer’ que se burló de Hitler


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José Luis Avilés

Fanático de las ondas, la casualidad quiso que en la web de una radio descubriese la magia de unir letras. En Cadenaser.com dio rienda suelta a sus dos grandes pasiones: deporte y periodismo. Ahora 'pinta' la portada de lainformacion.com.


Escrito el 1 de abril de 2013 a las 8:38 | Clasificado en Deportes

Matthias Sindelar, seguramente el primer ‘falso nueve’ de la historia, hizo su particular protesta contra el nazismo alemán.

El 'killer' que se burló de Hitler
El 'killer' que se burló de Hitler

En los últimos tiempos, con cada nuevo compromiso de la Selección Española de fútbol resurge la cantinela en torno a si Vicente del Bosque apostará o no por el, tan de moda, ‘falso nueve’.

Para aquellos menos puestos en cuestiones táctico-futboleras, cabría explicar que la posición de ‘falso nueve’ es la de aquel futbolista que, aunque en el dibujo táctico ocupa la punta de lanza del ataque, dispone de más libertad de movimientos para arrastrar a los defensas contrarios. Más sencillo aún: su cometido, más allá de marcar goles como todo delantero centro que se precie, es abrir los espacios para que sus compañeros puedan encontrar libre el camino hacia la portería.

Pero no crean que se trata de un nuevo concepto en el mundo del fútbol. Ni siquiera que, como algunos piensan, fue el Barcelona de Guardiola quien mejor ejecutó este aspecto táctico. Si bien es cierto que el técnico catalán ha rescatado este viejo concepto, en las innovaciones que a lo largo de la historia ha efectuado el conjunto azulgrana ya estaba impresa esta idea.

El creador del llamado fútbol total, el técnico holandés Rinus Michels, fue el primero que apostó por esta nueva posición en el club azulgrana durante la década de los setenta. Su discípulo, Johan Cruyff, también se sirvió de esta innovación en el ‘Dream Team’ y ahora la selección campeona del mundo y de Europa, con el marqués Del Bosque a la cabeza, parece haber encontrado en este sistema la llave del éxito.

Pero aunque hablamos de entrenadores, lo cierto es que todo este sistema se estructura en torno a un solo futbolista. Cuando existió un jugador capaz de desequilibrar, capaz de atraer la atención de toda la defensa, entonces fue cuando nació este concepto.

Hay quien dice que fue el húngaro Nándor Hidegkuti el primero que atrajo consigo a las defensas centrales rivales en el estadio londinense de Wembley en 1953. Otros hablan del argentino Adolfo Pedernera en el club bonaerense River Plate del que se dice que impresionó al mismísimo Alfredo Di Stefano.

No obstante, mientras todos ellos se afanaban en atraer a los dos defensas centrales, hubo uno que consiguió centrar la atención no de tres, ni de cuatro defensores, sino de todo el régimen nazi.

Y es que existe un tipo de deportistas capaces no solo de revolucionar una disciplina, sino de traspasar con sus habilidades las barreras de lo puramente deportivo. Esa es la historia de Matthias Sindelar, un futbolista austriaco que burló las imposiciones del régimen de Adolf Hitler y que convirtió el fútbol en una forma de expresión, en un vehículo más de la resistencia.

El ‘hombre de papel’…

En la Viena de las décadas de 1920 y 1930 hervía la creatividad y las ideas progresistas. La capital austriaca se había convertido en el centro neurálgico de la cultura, donde acudían representantes de todas las humanidades para conversar con sus homólogos y dar rienda suelta a sus ideas. Como contagiado por aquellas ideas, la ciudad vio cómo en el club de la ciudad, el Austria de Viena, surgió, con tan solo catorce años, la figura de Sindelar.

Pocas imágenes se han encontrado de la época, pero las crónicas que se conservan hablan de un hombre delgado y ágil, como una hoja de papel, y capaz de driblar a los rivales con una facilidad pasmosa.

Con un estilo diametralmente opuesto al del futbolista inglés robusto y disciplinado apodaron a Sindelar el ‘Mozart del fútbol’ por su capacidad para inventar con el balón en los pies. “En cierto modo tenía cerebros en sus piernas”, llegó a escribir un crítico teatral que alumbró con su literatura las crónicas deportivas de la época.

Como si de un carismático Andrés Iniesta se tratase a quien “todo el mundo adoraba”, fue él quien comandó a la selección de Austria que desde el banquillo dirigía Hugo Meisl.

El ‘Wunderteam’ o ‘equipo maravilla’ acabó por convertirse en el primer gran equipo europeo, robándole el protagonismo a los ingleses, creadores del fútbol. Sin embargo, ningún título culminó su histórica racha que comenzó en 1931 y finalizó en la adulterada semifinal que le midió a la Italia de Benito Mussolini en el campeonato del mundo de celebrado en el país transalpino en 1934.

Junto a Matthias Sindelar, la labor en el medio del campo de Johan Horvath o la destreza para finalizar las jugadas en gol de Josef Bican, hicieron de aquel un grupo al que, junto con el resto del país, quiso anexionar el régimen de Adolf Hitler. Pero no todos dieron su brazo a torcer.

… Con ideas de acero

 Con la expansión territorial de Alemania en marcha, la poderosa maquinaria propagandística comandada por Joseph Goebbels encontró en el fútbol otra ‘bomba de humo’ con la que tapar las miserias del régimen nazi.

Tres semanas después de aquel 12 de marzo de 1938 en que el Reich llevó a cabo la anexión de Austria, lo que se denominó ‘Anchluss’, el régimen organizó un partido en Viena para despedir al equipo nacional, ya que los jugadores del combinado austriaco pasarían a formar parte del equipo alemán con el que Hitler pretendía ganar el campeonato del mundo de 1938.

Pero no todos aceptaron la imposición del Reich. Matthias Sindelar, que vio como todos los funcionarios judíos de su equipo habían sido expulsados de sus puestos de trabajo por la política de solo arios impuesta por el nuevo régimen imperante, se opuso por completo a la idea y no dudó a la hora de simular lesiones de todo tipo para no acudir a la llamada de la selección de Alemania.

Como toda figura pública, y pese a no ser judío, estuvo siendo investigado por la Gestapo que no dudó en tachar su actuación de subversiva. El ‘hombre de papel’ convirtió el fútbol en un vehículo más de la resistencia, en su particular forma de hacer política.

Cuando Alemania anunció que jugaría ante la selección austriaca en Viena para conmemorar la anexión, Sindelar reconoció encontrarse en plena forma para enfundarse la casaca de su selección.

Ante un palco abarrotado de autoridades del partido nazi el ‘Mozart del fútbol’ compuso una de sus mejores sinfonías. Dribló a los jugadores alemanes a su antojo y, cuando llegó a portería, lanzó fuera debido a las órdenes que, según se rumoreaba, habían recibido los pupilos de Hugo Meisl para no anotar.

Austria avasalló por completo a un combinado alemán que nada podía hacer ante la superioridad del ‘Wunderteam’.

En la segunda mitad, Sindelar se desató todas las ataduras y, en lugar de fallar a propósito batió al portero alemán para poner el 1-0 en el marcador.

El delantero continuó creando, superando con sus regates a los defensas centrales y, cuando su compañero Schasti Sesta hizo el segundo gol para Austria, Matthias se reafirmó en sus ideas. Junto al otro goleador del partido se situó frente al palco de autoridades donde, lejos de realizar el saludo con el brazo alzado, dedicó un baile a todas las autoridades nazis entre las que, según apuntan algunos testimonios de la época, se encontraba el mismísimo Adolf Hitler.

El descaro del delantero austriaco no pasó desapercibido para el ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, quien dijo después del partido que “Sindelar es un ídolo vienés y queremos creer que siempre se ganará el afecto en el futuro”. Unas declaraciones que muchos interpretaron como una amenaza velada de que, pese a su carisma y al cariño que despertaba en la afición, el régimen tenía intención de hacerle pagar por su gesto irreverente.

Más allá de los ideales

Hay quien cuenta que Matthias Sindelar aún disputó algún que otro partido con el Austria de Viena después de aquel 3 de abril de 1938, cuando vaciló a los mandamases del régimen nazi. Pero pronto hubo de dejar el fútbol. El ‘Mozart del fútbol’ no compuso ninguna sinfonía más sobre el terreno de juego.

La llama de este carismático futbolista se apagó en unas extrañas circunstancias cuando sólo contaba 36 años. Tras varios días sin comparecer en sus habituales lugares, un amigo acudió a su domicilio donde encontró a Sindelar muerto junto a su esposa, Camilla Castagnola.

La investigación determinó que ambos murieron intoxicados tras inhalar monóxido de carbono. Quizá fue así como el Reich le hizo pagar su deshonor en aquel partido ante Alemania, quizá fue tan solo un problema del sistema de la calefacción, o incluso la desesperación de saber que no podría volver a expresarse con un balón en sus pies, lo que acabó con la vida de Sindelar.

Finalmente los documentos en los que aparecían recogidas las circunstancias del fallecimiento desaparecieron de forma misteriosa. De lo único que se tiene constancia es de que sus más allegados lograron convencer a un funcionario nazi para que verificase que Matthias fue víctima de un simple accidente.

El mismo régimen al que consiguió driblar le permitió tener un funeral de estado y, ante las más de 40.000 personas que le rindieron un último homenaje, demostró no solo ser el primer ‘falso nueve’ de la historia, sino también un ‘hombre de papel’ con ideas de acero.

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