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El negocio de las barras bravas


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Álvaro Hernández

Soy diplomado en Turismo, pero siempre he querido ser periodista, y por fin me he puesto manos a la obra con ello. Colaboro de vez en cuando con la Ser de Almería y con el periódico local La voz de Almería.


Escrito el 5 de mayo de 2013 a las 10:29 | Clasificado en Deportes

Este domingo tiene lugar en Buenos Aires uno de los momentos más esperados del año por todos los aficionados al fútbol. A las nueve y media de la noche –hora española- rodará el balón en La Bombonera y dará comienzo el partido que enfrentará a Boca Juniors y River Plate. Y, claro está, a sus aficiones.

Imagen de un partido entre River y Boca (Fuente: Wikipedia)
Imagen de un partido entre River y Boca (Fuente: Wikipedia)

El fútbol es el deporte que más pasiones genera alrededor de todo el mundo, pero en Argentina el balompié es mucho más. Es una religión capaz de sacar lo mejor y lo peor de los aficionados.

En otros países, como en España, los grupos ultras suponen un gran problema. Por ejemplo, el pasado mes de abril los Mossos d’Esquadra requisaron armas y drogas a un grupo de Boixos Nois, los radicales del F.C. Barcelona. Pero el fenómeno ultra en Argentina alcanza un nivel muy superior.

Por eso, gran parte de la atención de esta jornada se la llevarán las hinchadas de los dos equipos más grandes del país: ‘La Doce’ de Boca Juniors y ‘Los borrachos del tablón’ de River Plate.

Violencia, miedo y poco fútbol

Los grupos ultras de los equipos argentinos son conocidos como “barras bravas”, grupos caracterizados por la pasión hacia sus clubs y por su violencia. Lo que en un origen eran grupos de aficionados que seguían a sus equipos allá donde fueran desembocó, con el paso de los años, en mafias organizadas que sirven de refugio a todo tipo de delincuentes.

Atrincherados tras los colores de un equipo, estos grupos ultras utilizan la violencia y la coacción para sacar el máximo dinero posible de los estadios. En palabras de Gustavo Grabia, periodista del diario deportivo argentino Olé, “los barras bravas quieren ser parte del negocio millonario que es el fútbol”.

Son mucho más que grupos de aficionados que se enfrentan violentamente a las hinchadas rivales. En la actualidad son grupos que viven de la extorsión. Con el paso de los años han conseguido hacerse con los negocios derivados del fútbol: venta de productos de los clubs, reventa de entradas regaladas por parte de los equipos, aparcamiento de vehículos en las inmediaciones de los estadios…

Todo ello dejando mucha sangre por el camino. Según la asociación argentina ‘Salvemos al fútbol’, desde 1922 han muerto 271 personas víctimas de la violencia en el fútbol. La mayoría de ellas, como consecuencia de enfrentamientos entre “barras bravas”.  Sin ir más lejos, en junio del pasado año en las horas previas a un River-Boca un hincha del club ‘Millonario’ fue asesinado. Este asesinato no fue a manos de un hincha de Boca, sino de un miembro de la barra de River, ‘Los borrachos del tablón’.

Es en esta línea en la que parece evolucionar el fenómeno de los “barras bravas”. Las disputas ya no se producen entre distintas hinchadas, sino que la mayoría de muertes –una media de seis al año- se producen dentro de las propias barras. “Las peleas antes eran barra contra barra para ver quién era el más guapo, el más barra, pero ahora se pelean entre ellos mismos. Son peleas internas para ver quién se queda con su parte del queso” afirma Grabia en esta entrevista concedida al diario argentino Clarín.

La violencia de los “barras bravas” y el miedo que generan en el resto de la afición y en la sociedad argentina resultan llamativos para el resto del mundo. Tanto es así que estos grupos han sido objeto de estudio en documentales como Football Hooligans International –que se acerca al mundo de los ultras argentinos únicamente como grupos de aficionados- o el realizado por Jon Sistiaga para Canal Plus, en el que se ahonda en las cuestiones económicas que hay detrás de estos “aficionados” al fútbol, y en el que el propio periodista y su equipo son agredidos por la barra de Independiente

¿Nadie acaba con ellos?

Buenos Aires es una ciudad en la que, en un radio de 10 kilómetros, podemos encontrar 30 estadios de fútbol. Cada fin de semana, la ciudad queda invadida por las “barras bravas” que van hasta el lugar en el que juegan sus equipos de fútbol, lo que se traduce en dispositivos policiales especiales -pagados por los equipos locales- para custodiar el traslado de las barras de un lugar a otro.

Pongámonos por un momento en la piel de un aficionado pacífico. De camino al estadio verás como hinchas de tu mismo equipo van montados en autobuses insultando a los vecinos de barrios en los que haya clubs rivales. Todo ello, escoltados por agentes de policía pagados por tu equipo. Cuando llegas al estadio tienes que soportar largas colas y ser cacheado por la Policía. Mientras tanto, un grupo privilegiado –y violento- entra al campo por un acceso exclusivo y sin excesivos controles de seguridad.

Pero las actividades de estos grupos no conocen límites. Una “barra brava” puede llegar a cobrar dinero del club simplemente por animar al equipo, decidir quién juega y quién no juega o incluso amenazar y golpear a entrenadores y jugadores hasta conseguir echarlos cuando los malos resultados de los equipos frenan alguno de sus negocios.

Pero ni las autoridades ni los clubs acaban con estas mafias que actúan al más puro estilo de la camorra italiana. Las “barras bravas” manejan información privilegiada sobre los miembros de las directivas con los que coaccionan a los dirigentes de los clubs. Además, el argumento principal para defender a las barras es que tanto los jugadores como los dirigentes pasan, pero la afición está ahí siempre, apoyando a su equipo. Son “el mal necesario”.

Hay una connivencia total entre policía, políticos y barras, que son utilizadas para llenar mítines y, a cambio, estos grupos mafiosos cuentan con ayuda económica y protección de los políticos.  La propia presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, afirmaba a finales del pasado 2012: “esos tipos parados en los paraavalanchas, con las banderas que los cruzan así, arengando, son una maravilla”.

La Doce y Los borrachos del tablón

Las barras de los dos clubs protagonistas del ‘Superclásico’ no son una excepción. La Doce, la barra de Boca, se encuentra actualmente en una guerra interna por su poder entre Di Zeo, que perdió el liderazgo de la barra al entrar en la cárcel, y Mauro Martín, actual jefe de la barra, que hace unos meses fue acusado de asesinar a un hombre en 2011. A pesar de esta detención, existen sospechas de que los líderes de ‘La Doce’ están protegidos por oficiales de policía.

Estas luchas de poder se deben a las enormes cantidades de dinero que mueve una barra.  Gustavo Grabia, que publicó en 2011 un libro sobre la historia de La Doce, cuenta que de la barra de Boca sus líderes pueden obtener sesenta mil dólares al mes.

La barra de River, por otra parte, está muy bien relacionada con el Gobierno de Fernández de Kirchner. El pasado año, ‘Los borrachos del tablón’ desplegaron una bandera contra el diario Clarín, enfrentado directamente con la presidenta de Argentina. Además, uno de sus líderes afirmó mientras estaba siendo juzgado por un enfrentamiento entre facciones de la barra: “Yo respondo a Guillermo Moreno. Es mi inmediato superior”. Moreno es el secretario de Comercio Interior del Gobierno argentino. A cambio de este apoyo, la barra de River puede eludir el derecho de admisión existente para entrar en los estadios.

¿Y el fútbol?

Por suerte, el ‘Superclásico’ es mucho más que el enfrentamiento entre las hinchadas. Es, según el diario británico ‘The Observer’, uno de los cincuenta eventos deportivos a los que un aficionado debe acudir antes de morir.

En Argentina, cada temporada, hay dos cosas que quedan en la memoria: cuál fue el equipo campeón y quién venció en el ‘Superclásico’. En el primer encuentro de esta temporada, que tuvo lugar el pasado 28 de octubre, el resultado del partido fue de empate a dos. Se jugó en el Monumental de River y era un partido especial, ya que era la primera vez que los dos equipos se encontraban en una competición tras el descenso de River a segunda división.

En este documental de Canal Plus Francia presentado por Éric Cantona se muestra cómo se vivieron los momentos previos a ese partido y cuáles son los orígenes de ambos equipos -la rivalidad de los dos equipos nace a principios del siglo XX, cuando los dos clubs nacieron compartiendo el barrio bonaerense de La Boca-.

Esta vez el ‘Superclásico’ tendrá lugar en La Bombonera y, si las “barras bravas” y la huelga de autobuses lo permiten, será uno de los mejores momentos futbolísticos del año. Será el primer Boca-River que se juegue después de que Argentina y Uruguay hayan confirmado su candidatura conjunta para la celebración del mundial de fútbol del año 2030. De aquí en adelante, las medidas de seguridad en los estadios de fútbol serán vitales si esta candidatura quiere tener opciones reales.

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