Arrow

Fútbol, violencia y política


1
Ezequiel Giletta

Politólogo argentino. Editor del website del think tank latinoamericano Asuntos del Sur. Estudio procesos electorales debido a mi frustrado intento de ser futbolista.


Escrito el 24 de enero de 2013 a las 12:55 | Clasificado en Argentina, Deportes

Diego Maradona inmortalizó una frase en su partido despedida: “La pelota no se mancha”. Sin embargo, en Argentina el fútbol está herido de muerte, y no sólo por la situación económica y financiera de muchos de sus clubes, sino debido a que la violencia se ha convertido en moneda corriente.

Aldo Pedro Poy marcando un gol para Rosario Central contra Newell´s en 1971 (Fuente: Wikipedia)
Aldo Pedro Poy marcando un gol para Rosario Central contra Newell´s en 1971 (Fuente: Wikipedia)

En la ciudad de Rosario se respira fútbol. Uno de los más grandes escritores de Argentina, Roberto Fontanarrosa, escribió con una prosa exquisita e inconfundible relatos sobre el hombre común, el hincha, sobre el derby de esa ciudad que enfrenta a Newells Old Boys y Rosario Central.

El pasado domingo estos equipos se iban a enfrentar en la cancha de Central en uno de los dos clásicos de verano. Sin embargo, una serie de atentados en sedes de ambos clubes en los días previos al encuentro y hechos violentos en el día del partido –entre los que se cuenta un policía herido de bala- llevaron a las autoridades de la provincia a suspender el partido.

Argentina está envuelta en una ola de violencia alrededor del fútbol que parece no tener solución. En los últimos 10 años, más de 40 personas han muerto por hechos violentos en torno al fútbol. Esta ‘espiral del conflicto’ es sumamente delicada si se indagan las conexiones entre las barras de los clubes, sus dirigentes y la política partidaria y sindical.

Un poco de historia

Argentina organizó la Copa del Mundo de 1978, evento con el que el Gobierno militar buscó presentar a la opinión pública internacional que en el país no se producían violaciones a los derechos humanos, tal como se denunciaba en la época. El pueblo argentino festejó la obtención de un Mundial que tenía tras de sí un gasto de más 500 millones de dólares y un recordado –y dudoso- 6 a 0 a Perú. Si bien se presentan muchas aristas para el análisis, hay una que especialmente interesa destacar: el Mundial del 78 representa el inicio del “triángulo vicioso” que vincula a políticos, dirigentes de clubes y ‘barrabravas’ en el fútbol argentino.

Con el objetivo de cuidar el normal desenvolvimiento de los ingresos y alrededores del estadio, el Gobierno militar decidió ‘contratar’ a un grupo de aficionados de los clubes donde se desarrollaban los partidos del torneo (hasta entonces no se conocía el término “barrabravas”). Esto derivó en la privatización del uso de la violencia mediante un comportamiento de estos hinchas contratados similar al de los grupos de tarea de la dictadura, según una investigación de Eugenio Paradiso.

Con el paso del tiempo, la relación entre gobierno-barras afectó indefectiblemente el funcionamiento de los clubes y sus dirigencias, quienes se encontraron con un monstruo inmanejable con el cual comenzaron a vincularse, conformando el mencionado tridente ofensivo. Hoy, la relación políticos-dirigentes-barras es de beneficio mutuo para todas las partes, aún cuando alguna de ellas quiera salirse.

El negocio y la política

El negocio de las barras es millonario. En los clubes más importantes del país, como Boca Juniors y River Plate, se estima que el manejo de los estacionamientos de automóviles puede generar de hasta 500.000 pesos mensuales (100 mil dólares). Como se sabe, este es un negocio al que accedieron gracias a su relación con el poder –que no reconoce colores políticos- para quien trabajan como fuerza “de choque” y “de apriete”. En este sentido, hay varios casos emblemáticos.

Luis Barrionuevo, reconocido sindicalista y político del peronismo, luego de saberse derrotado en las elecciones para gobernador de la provincia de Catamarca en 2003 ordenó una masiva quema de urnas, la que estuvo a cargo de barras del club Chacarita Juniors, del cual Barrionuevo había sido presidente. Por otro lado, el acusado de ser el autor material del crimen de Mariano Ferreyra en 2010 –homicidio que involucra a las denominadas mafias sindicales- es miembro de la barrabrava de Defensa y Justicia. Los casos son innumerables y también se observan fuertes vínculos con el gobierno nacional, que parece no tomar en cuenta que 5 personas murieron en 2012 relacionadas a hechos promovidos por barrabravas, y más de 40 en los últimos 10 años.

En este escenario, los dirigentes están atrapados en un juego que los beneficia y los perjudica. Beneficio en tanto “aprovechan” la relación con los barras para arribar a nuevos espacios –algo que muy bien hizo Mauricio Macri, por ejemplo, hoy jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires-, pero que los perjudica en la medida que se ven obligados a arreglar con estos grupos para mantener un relativo orden en sus clubes. Sin embargo, el sentido común indicaría que los dirigentes querrían librarse de esta situación, pero no se observa que hayan aunado fuerzas en esa dirección. No es casualidad que el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Julio Grondona, lleve 33 años en su cargo elegido por las dirigencias de los clubes asociados.

Recientemente, el presidente de Independiente de Avellaneda comenzó una cruzada para erradicar la violencia y los barrabravas de su club. Sin embargo, se encontró con un tibio apoyo de parte de sus pares y hoy ha quedado como una voz solitaria sin respaldo institucional. Además, debió sufrir que el jefe de la barra del club lo amenace frente a una cámara de televisión en vivo. Si, así de impune.

Lo que viene

La primera pregunta que puede hacer es retrospectiva: ¿qué medidas se implementaron para erradicar este “fenómeno”? Se destacan dos: el derecho de admisión a partir del año 2000, mediante el cual los clubes entregan a la justicia una lista de las personas a las que prohíben el ingreso al estadio, y la prohibición hasta 2010 del ingreso de público visitante para partidos de las categorías inferiores a primera división.

Esta última medida se implementó bajo el supuesto de que los problemas de violencia en los estadios tenían origen en el enfrentamiento entre barras de diferentes clubes, algo que si bien sucede dista de ser el principal eje del problema. La primera de las medidas, el derecho de admisión, en un contexto de fuerte vínculo entre barras y dirigentes deja poco margen de acción para los clubes. En resumen, puro maquillaje.

La segunda pregunta es hacia el futuro: ¿cómo se sale de esto? Verdaderamente el panorama es complejo y desalentador. Las culpas son cruzadas y no se observa interés, al menos de parte de las esferas gubernamentales, de erradicar a los barras. Se requiere de fuerte voluntad política para hacerlo, algo que parece demasiado lejano si se piensa en la alianza que el gobierno selló desde 2009 con Grondona a través del denominado “Fútbol para todos”, al que destinó este año nada menos que 1200 millones de pesos (250 millones de dólares).

Cambiar este estado de cosas implicar tocar muchos intereses. El negocio de la violencia es un mercado que beneficia a unos pocos y perjudica a todos los que están fuera de él. Y somos esos que estamos fuera quienes sufrimos que todos los días pierda un poco más de vida nuestro querido fútbol.

Los votantes dicen...
  1. […]  1.- Ver la pelota. El clásico de clásicos. Este consejo es el más usado por los entrenadores y …enisfacilmente.com/wp-content/uploads/2013/01/Rafael-Nadal-3.jpg" width="356" height="237" /> […]

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>