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Goles para un Brasil mejor


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José Luis Avilés

Fanático de las ondas, la casualidad quiso que en la web de una radio descubriese la magia de unir letras. En Cadenaser.com dio rienda suelta a sus dos grandes pasiones: deporte y periodismo. Ahora 'pinta' la portada de lainformacion.com.


Escrito el 7 de julio de 2013 a las 11:16 | Clasificado en Deportes

La llama de Sócrates da Souza se apagó a finales de 2011 pero, tal y como hemos podido comprobar en los últimos meses, su legado sigue vivo. Allí donde el fútbol es mucho más que un sentimiento hubo un revolucionario que, con el balón en los pies, despertó a todo Brasil de su letargo para demostrar que otro mundo era posible.

Sócrates da Souza tras un partido con el Corinthians (Foto: Sergio Goncalves | Flickr)
Sócrates da Souza tras un partido con el Corinthians (Foto: Sergio Goncalves | Flickr)

Ahora que los ojos del mundo ya no miran lo que acontece en Brasil una vez finalizada la Copa Confederaciones 2013 y se apagan los ecos de las protestas que durante todo el torneo lanzaron a la calle a millones de brasileños en pos de un país mejor, cabe recordar la figura de un futbolista que con sus pequeños pies revolucionó el fútbol y con su forma de pensar cambió la forma de vivirlo.

Hay quien llegó a decir de Sócrates Brasileiro Sampaio da Souza Vieria de Oliveira que “jamás se esforzó para ser un crack” porque “sencillamente lo era”. Este espigado mediocentro que deslumbró a los aficionados por su don natural para dominar el balón, consiguió despertar a la sociedad brasileña de su letargo a través del fútbol.

Un rebelde con bata blanca

La historia de ‘Magrão’, como fue apodado por los aficionados brasileños (algo como ‘Flacucho’) podría ser la antítesis de cualquier futbolista. Se podría decir que, de no ser por ese espíritu revolucionario y rebelde que exhibió en cada uno de los ámbitos de su vida, no hubiera portado la camiseta de Botafogo, Corinthians, la de la Fiorentina italiana, Flamengo o Santos.

Y es que su afición por el balón fue fruto de la prohibición de su padre a practicar dicho deporte. Estudioso de la Grecia clásica, nunca fue partidario de que el joven Sócrates dedicase su tiempo al deporte y abandonase sus estudios. Por ello, cuando fichó por el Corinthians con 23 años no solo era futbolista, sino también médico. Sócrates compaginó fútbol y estudios en medio de un ambiente políticamente convulso, tras el golpe de Estado que el 2 de abril de 1964 derrocó al gobierno de João Goulart, del Partido de los Trabajadores de Brasil, después del acercamiento que este Ejecutivo mantuvo con la Unión Soviética y las ideas socialistas.

No obstante, cuando el alto y flaco futbolista llegó al club más importante de Sao Paulo, el gobierno militar estaba agonizando y ya se apreciaban ciertos gestos de aperturismo. En cualquier caso, Sócrates, poco amigo de toda opresión por pequeña e insignificante que ésta pudiera ser, fue partícipe de un experimento en el seno del club en que militaba que marcó un antes y un después en la historia del deporte y la política de Brasil.

Una democracia futbolística

Como el periodista Rodrigo Cavalheiro decía en la revista colombiana Soho en una de las últimas entrevistas que concedió Sócrates antes de morir el futbolista brasileño “nunca usó la boca a la misma velocidad de los charlatanes de Maradona o de Romario. Lo suyo era tener ideas y dejarlas caer cuando hacía falta”. Quizá por ello cuando tuvo que pasar a la acción lo hizo sin ningún tipo de tapujos y sin importar las consecuencias que ello pudiera acarrear.

Por eso, siempre defensor de un “socialismo perfecto, donde todos los hombres tengan los mismos derechos y los mismo deberes. Una concepción del mundo sin poder“, fundó junto con otros futbolistas también con ansias de libertad y democracia lo que se conoció como la ‘Democracia Corinthiana’.  Un sistema ideado y ejecutado por las principales estrellas del club paulistano en el que, dejando de lado el anterior sistema presidencialista, todos los empleados del club tenían el mismo protagonismo en la toma de decisiones.

La opinión del utilero, del presidente y del propio Sócrates tenían el mismo valor a la hora de determinar el horario de los entrenamientos, de las comidas, las alineaciones, los fichajes, incluso si se implantaban o no concentraciones. “Es difícil decir en qué influyó la ‘Democracia Corinthiana’ para acabar con la dictadura. Lo cierto es que hablábamos de usar el voto en el fútbol, un terreno con un alcance popular inmenso. Y eso es muchísimo en Brasil”, confesaba el propio ‘Magrão’.

Tal fue la repercusión que tuvo esta iniciativa que, por increíble que parezca a día de hoy, la gente olvidaba los miedos fuera del estadio y acudía a estos con pancartas que luego exhibía entre la multitud y donde se podían leer mensajes como “Democracia”, “Quiero votar a mi presidente” y “Derechos ya”. Los propios jugadores saltaban al césped ataviados con camisetas en las que se podía leer la palabra “Democracia” o “Vote el 15”, para así animar a toda la hinchada a participar en las elecciones que tuvieron lugar en mayo de 1982, en un paso más hacia la derrota de los militares.

En un país en el que el fútbol se vive con una pasión desmedida, los futbolistas del ‘Timao’, como se conoce al Corinthians en el argot futbolístico brasileño, dieron motivos a la gente para dejar de lado sus colores y reclamar un país mejor, una democracia más justa.

Mucho más que palabras

Pero ‘O Doutor’ Sócrates no tuvo suficiente con este pequeño sistema democrático que se erigió en el Corinthians. El que fuera capitán de la que para muchos ha sido la mejor selección brasileña de todos los tiempos, la que compareció en el Mundial de España de 1982, demostró a todos que sus convicciones políticas iban mucho más allá.

En 1984, cuando la presión ciudadana se encontraba en su punto más alto, tuvo lugar la que hasta este año había sido la manifestación más multitudinaria que había recorrido las calles de Sao Paulo. Un millón y medio de personas, entre las que se encontraban diversos futbolistas, se lanzaron a las calles para exigir al poder “elecciones directas ya” . En ese acto, Sócrates da Souza dejó a un lado su habitual timidez para, micrófono en mano, declarar abiertamente que si el Congreso no aprobaba la enmienda del diputado Dante de Oliveira, que pedía restituir el derecho a realizar elecciones democráticas directas en todos los niveles, él se marcharía del país.

Más como señal de protesta que por afán de seguir creciendo a nivel deportivo, ‘Magrão’ puso rumbo al viejo continente para jugar en la Fiorentina italiana. Pero allí sólo duró un año. En Italia, por si quedaba alguna duda, demostró que era la antítesis del buen atleta, ya que detestaba los entrenamientos tanto individuales como colectivos y no se ponía límite alguno cuando se trataba de disfrutar de la bebida, del tabaco, de su guitarra y, en definitiva, de la diversión nocturna.

De la misma forma que desobedeció las directrices de su padre para entrar a formar parte de un equipo de fútbol, hizo caso omiso a sus colegas doctores cuando le insistían en que debía dejar el alcohol. “El vaso de cerveza es mi mejor psicólogo”, solía decir.

Su espíritu indomable le llevó a transmitir a toda la nación que otro mundo era posible. “La idea de hablar de la democracia era algo inimaginable para la mayor parte de la población brasileña”, aseguraba Sócrates. Ahora, dos años después de que su llama se apagase, los brasileños han vuelto a salir a las calles para tratar de mejorar, también con el fútbol como telón de fondo, aquello que ‘O Doutor’ ya demostró que era posible.

Los votantes dicen...
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  2. […] los que personajes alejados de la política trasladaban a otros escenarios algunos de sus valores con la pretensión de construir un mundo mejor. Aunque claro, puede que ese no sea siempre el […]

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