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Indecisos Fútbol Club


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José Luis Avilés

Fanático de las ondas, la casualidad quiso que en la web de una radio descubriese la magia de unir letras. En Cadenaser.com dio rienda suelta a sus dos grandes pasiones: deporte y periodismo. Ahora 'pinta' la portada de lainformacion.com.


Escrito el 14 de abril de 2013 a las 13:03 | Clasificado en Deportes

Hay muchos que prefieren no mezclar política y deporte, mientras otros ven ambas esferas inseparables. Luego están los que cambian de opinión según sople el viento, donde militan Salva Ballesta y Paolo Di Canio.

Salva_Ballesta

En países como Estados Unidos la afiliación política de uno u otro deportista también forma parte de la ‘comidilla’ que nutre a los aficionados al deporte. Saber cuánto dinero destinan las estrellas de la NBA o la National Football League a republicanos o demócratas está al alcance de todo aquel interesado. Sin embargo, en España, e incluso en Europa, la situación es bien distinta.

Ya sea en fútbol, baloncesto, balonmano o natación, resulta complicado saber qué partido político despertó la simpatías de uno u otro deportista. E incluso, para aquellos aficionados que cada mañana desayunan con el As o con el Marca, puede resultar  incómodo encontrar casos en los que los deportistas se adentran en la senda política.

Existen casos como los de Marta Domínguez, Abel Antón o José Javier Hombrados que han alcanzado diferentes puestos de entidad en diversas instancias administrativas gracias al apoyo de los votantes. Pero hay otros que, aún en activo, optaron por métodos menos ortodoxos para dar el salto al terreno político. Como hizo Salva Ballesta.

“Está mal visto sentirse español”

Esa es la opinión del exdelantero de equipos como Málaga, Atlético de Madrid o Levante. Muy influenciado a lo largo de toda su carrera por la tradición militar de su familia, no escondió nunca su amor por la patria. Así, pese a declararse “apolítico”, no dudó en ningún momento en abordar aquellas cuestiones políticas en las que, se viese o no involucrado, tenía a bien compartir su punto de vista.

No dudó, por ejemplo, a la hora de reconocer que si en lo deportivo su gran ídolo era Hugo Sánchez, en la vida sentía admiración por Joaquín García-Morato, aviador español que participó en la Guerra Civil en el bando franquista, y Hans-Ulrich Rudel, piloto del Tercer Reich. Y, por si quedaba alguna duda de su patriotismo, puso el punto y final a esta entrevista concedida a la web infonacional.com con un “¡Servir a España hasta morir!”

En 2007, llegó a reconocer que le gustaría conocer a Francisco Tejero después de afirmar que le merecía más respeto “una caca de perro” que el por entonces defensa del Barcelona Oleguer Presas. Salva Ballesta no dejó pasar la oportunidad de pronunciarse sobre el artículo que publicó el defensa del club azulgrana en el que abordaba la huelga de hambre del miembro de ETA, Iñaki De Juana Chaos, donde atacaba el estado de derecho y cuestionaba la independencia del poder político y judicial.

Pero no solo eso. Las aspiraciones independentistas de algunos futbolistas del País Vasco o Cataluña, entre ellos el propio Oleguer, tampoco agradaron a Salva Ballesta, que llegó a decir que “si hay algún vasco o catalán que no quiere ser español, se tiene que joder porque ha nacido en España”. En esa misma ocasión, el exfutbolista desveló que en las últimas elecciones había votado al Partido Popular y aseguró que no votaría al PSOE porque “eso es una broma”.

Pero el humor con que Ballesta abordó las cuestiones políticas en el espacio de Intereconomía acabó en tragedia el pasado febrero. Entonces, el Celta de Vigo, que había destituido a Paco Herrera como entrenador, decidió apostar por Abel Resino, en cuyo cuerpo técnico se encontraba Salva Ballesta. Pero sus incursiones en el terreno político le pasaron factura y le privaron de su primera aventura como entrenador.

“Nunca me he referido a la política”

Cuando el presidente del club de Vigo, Carlos Mouriño, anunció que Salva Ballesta aterrizaría en la ciudad para ocupar el puesto de segundo entrenador las redes sociales estallaron en contra del fichaje.

Un importante sector de la afición viguesa expresó a través de Twitter, de Facebook o incluso con llamadas a la sede del club, su malestar por la llegada de una persona a la que tildaron de “facha”, “nazi” y “fascista”. Una ciudad con una gran conciencia obrera como Vigo, con el único equipo que apoyó la pasada huelga general movido por el compromiso de sus canteranos con sus más allegados, se volcó para que el exdelantero no ocupase un lugar en su banquillo.

“Es una pena que en los tiempos en los que estamos se confunda la política con el deporte”, aseguró Salva Ballesta al conocer la noticia cuando ya se encontraba camino de tierras gallegas. “Nunca me he referido a la política“, aseguró al tratar de asumir cómo el presidente del club había aceptado lo que le exigían quienes pagan sus abonos y permiten que el equipo aún exista. Finalmente no fichó por el equipo.

Más allá de nuestras fronteras

Paolo di Canio

Pero esos códigos de fidelidad con los seguidores y con los ideales arraigados a la ciudad donde reside el club no siempre se respetan. En el nororeste de Inglaterra, en la ciudad costera de Sunderland, de una profunda y arraigada tradición minera y con un fuerte carácter progresista, los directivos del club que tomó el nombre de la ciudad han hecho oídos sordos al sector de la afición contraria a la llegada al banquillo del entrenador italiano de 44 años Paolo di Canio.

Tal fue el malestar que generó esta incorporación al staff técnico que la Asociación de Mineros de Durham, que históricamente ha apoyado al club, llegó a tildarla de “traición y desgracia para todos aquellos que pelearon y murieron en la lucha contra el fascismo”. Y es que el italiano es un viejo conocido de la afición británica. No solo por sus geniales actuaciones sobre el césped en equipos como el West Ham United o el Charlton Athletic, sino también por sus polémicas declaraciones. “Yo soy fascista, no racista” dijo en 2005 después de saludar a los ultras del grupo ‘Irriducibili’ del equipo romano del Lazio, con el brazo derecho levantado y extendido.

Y aunque, según relata el co-autor de su biografía, no era proclive a la ideología fascista, lo cierto es que gestos como el saludo con sus aficionados o el tatuaje que luce en el que puede leerse ‘DUX’, título que ostentó Benito Mussolini, aún permanecen en la memoria de los aficionados de todo el mundo. Por eso, cuando el Sunderland anunció su llegada, fueron muchos los seguidores del club que mostraron su descontento.

Tanto es así que el propio David Miliband, exministro de Exteriores durante el Gobierno laborista y miembro de la directiva del equipo, dimitió de su cargo. Cuando le preguntaron por los motivos de su marcha a este expolítico, descendiente de una familia judía, alegó que se debía a “las pasadas declaraciones de carácter político del nuevo entrenador”.

El fichaje levantó un enorme revuelo y devolvió a la palestra a un equipo inmerso en la lucha para evitar el descenso. Según cuenta desde Inglaterra Álvaro de Grado, los principales medios de comunicación han ahondado en la polémica y han dedicado un amplio espacio a la llegada del entrenador italiano. Pero no solo la prensa. El director de Fútbol Contra el Racismo en Europa (FARE), Piara Powar, intervino para advertir que la llegada de Di Canio era “preocupante”, ya que no había aclarado o rechazado aquellos gestos que hizo durante su etapa de jugador.

Al margen del “circo político”

Con tanta controversia en torno a él, Paolo di Canio decidió nada más asumir su cargo desechar todo tipo de preguntas relacionadas con cuestiones políticas. “No quiero hablar más de política. No estamos en el Parlamento y yo no soy un político. Sólo quiero hablar de fútbol, en 45 años no he tenido problemas con nadie”, afirmó de forma tajante nada más asumir su cargo.

Para salir al paso de las acusaciones que llegaban incluso de la Iglesia Anglicana, que en un escrito le exigía que “renunciase al fascismo”, el exfutbolista no tuvo más opción que hacer público un comunicado donde aclaró aquello que creía oportuno. “No soy racista y no apoyo la ideología del fascismo”, reflejaba aquella nota. Incluso la directora ejecutiva del Sunderland, Margaret Byrne, salió en defensa de su nuevo técnico y expresó su malestar con aquellas personas que intentaban “convertir la contratación de un entrenador en un circo político”.

Como ya hiciese Salva Ballesta, Di Canio trató de escurrir el bulto para que aquellos gestos y expresiones que protagonizó en el escenario extradeportivo dejasen de darle problemas. Porque, si bien el exfutbolista español se quedó a las puertas de su primera experiencia en los banquillos, el italiano ya sabe qué es tomar las riendas de un equipo.

De la misma forma que sabe que con el dinero no se juega y que puede suceder como a su llegada al modesto Swindon Town, cuando el holding empresarial GMB Union, patrocinador del equipo, decidió romper su vinculación con el club. “La política antifascista de nuestra compañía no puede vincularse con un entrenador declaradamente fascista”, alegaron.

Los votantes dicen...
  1. […] es habitual que los deportistas hablen de política. Al menos, mientras son deportistas. Tras la jubilación parece que todo vale con tal de alcanzar […]

  2. […] le llevó a un enfrentamiento verbal con otro futbolista, el también polémico Salva Ballesta, exjugador de equipos como Málaga o Levante, que aseguró: “le tengo más respeto a una caca de […]

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