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Madrid 1972: los JJOO de Franco


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Escrito el 11 de septiembre de 2013 a las 18:21 | Clasificado en Deportes

La capital estuvo cerca de organizar los Juegos Olímpicos durante la dictadura franquista. Pese a los despropósitos de un improvisado proyecto, la candidatura madrileña llegó a contar con el apoyo del bloque soviético.

Francisco Franco en la inauguración de las nuevas instalaciones del INIA en Puerta de Hierro, Madrid (11 de marzo de 1954). (WIkipedia)
Francisco Franco en la inauguración de las nuevas instalaciones del INIA en Puerta de Hierro, Madrid (11 de marzo de 1954). (WIkipedia)

¿A la tercera va la vencida? Cuando la candidatura de Madrid 2020 apela al refranero se equivoca: la capital suma ya cuatro intentos de organizar los Juegos Olímpicos, y no tres. Pero la amnesia colectiva resulta comprensible, porque la primera tentativa olímpica fue para olvidar.

En 1965, la dictadura franquista había dejado atrás los años de hermetismo y comenzaba a abrir el país al mundo. En el escaparate internacional, la régimen de Franco impostaba modernidad y presumía de crecimiento económico, ocultando en la trastienda los fusilamientos y el éxodo rural. España se convertía en “unidad de destino (turístico) universal” y en Barajas aterrizaban desde los Beatles a la membresía del Comité Olímpico Internacional (COI), presidido entonces por el estadounidense Avery Brundage, el primer ideólogo del Madrid olímpico.

Anticomunista y afecto al franquismo, Brundage quedó encantado con el recibimiento ofrecido por régimen a la asamblea del COI celebrada en Madrid durante octubre de aquel año, y cuyo programa estuvo aderezado con capeas y una excursión al Valle de los Caídos. Ya saben, España era diferente. Antes de partir, Brundage animaría a los representantes del Comité Olímpico Español (COE) a preparar una candidatura para albergar los Juegos Olímpicos de 1972. “Si se presentan, ustedes pueden ganar”, dijo el estadounidense, advirtiendo que el plazo finalizaba a finales de año. “El comentario desencadenó la locura en el COE”, recuerda Fernando Arrechea, miembro de la asociación Internacional de Historiadores Olímpicos. En apenas unas semanas había que lograr el visto bueno de Franco y, sobre todo, escoger una ciudad candidata.

Boicot a Barcelona

El ‘sector catalán’ del COE, donde ya destacaba Juan Antonio Samaranch, fue el más rápido en reaccionar. Barcelona tenía estadio olímpico, instalaciones y experiencia organizativa, como se había demostrado en los Juegos Mediterráneos de 1955. El sentido común apostaba por ella, pero no así el centralismo gubernamental, que a última hora promovió una candidatura madrileña para rivalizar con Barcelona. La decisión quedaba en manos del COE, remolón hasta que el día de Nochebuena convocó, sin previo aviso, una reunión de urgencia para elegir la ciudad que representaría a España. A Samaranch la noticia le pilló en Australia, donde acompañaba al equipo español de tenis en la final de Copa Davis. Ningún otro representante catalán pudo acercarse a la capital con tanta premura en vísperas de Navidad. Sin proyecto ni presupuesto alguno, Madrid se convertía en ciudad aspirante a albergar los Juegos Olímpicos de 1972.

El delirante sueño olímpico del franquismo tenía sólo cuatro meses por delante para diseñar una candidatura a la altura de Munich (Alemania Occidental) Detroit (EEUU) y Montreal (Canadá), sus rivales en la carrera por los Juegos. Madrid 1972 elaboró en pocos días su dossier, “un poco chapucero” en palabras de Arrechea, prologado por José María Pemán, una de las plumas oficiales del régimen, que se ilustraba con imágenes de las barcas del estanque del Retiro y la plaza de toros de Las Ventas, incluida como sede de competiciones deportivas, una idea que han rescatado los responsables de Madrid 2020 más de cuarenta años después.

En el apartado dedicado a responder las preguntas técnicas del COI (menos exigentes que en nuestros días), la candidatura madrileña proponía celebrar los Juegos de la XX Olimpiada del 27 de agosto al 10 de septiembre de 1972 para esquivar el calor estival, así como incluir la pelota vasca en las disciplinas oficiales. También presumía del éxito organizativo de la Eurocopa de fútbol de 1964 (la del gol de Marcelino contra la URSS) y prometía la construcción de un estadio olímpico con un aforo de 100.000 espectadores. Su emplazamiento sigue siendo un misterio, aunque en el plano de las instalaciones adjunto al dossier (pintado a mano sobre un mapa de la capital) se ubicaba sobre la Casa de Campo, el mayor espacio verde de la ciudad. En cuanto a la financiación del evento, la respuesta era esquiva: el coste económico del proyecto no figuraba por ningún lado. Seguramente, porque nadie se atrevía a calcularlo.

Un aliado inesperado: el comunismo

A pesar de su precipitación, Madrid tenía muchas posibilidades. Además de contar con el apoyo personal del presidente del COI, varios factores favorecían a la capital. A priori, Detroit y Montreal quedaban descartadas por la tradicional rotación continental. Tras Tokio 1964 y México 1968, tocaba que los Juegos se celebrasen en Europa. La candidatura española despertaba simpatías en los votantes iberoamericanos, árabes y, sorprendentemente, también en los países comunistas, que en plena Guerra Fría preferían otorgar los juegos a Franco antes de verlos en la Alemania Occidental contra la que levantaron el Muro de Berlín.

Con todo a favor, Madrid 1972 encontró a su peor enemigo en el propio palacio de El Pardo. La prensa española (controlada por el régimen) informaba el 17 de abril de 1966 de la discordia en el Consejo de Ministros por el coste estimado de la aventura olímpica: casi 30.000 millones de pesetas.Manuel Fraga, entonces titular de Información y Turismo, fue de los pocos en defender la viabilidad de la candidatura, enfrentándose a las dudas de los ministros económicos y la rotunda oposición de Camilo Alonso Vega, ministro de Gobernación y amigo íntimo de Franco, que filtraría el rumor de la retirada de la candidatura de Madrid apenas unos días antes de la votación final del 26 de abril en Roma.

La vacilación del gobierno de Franco molestó profundamente en el seno del COI y echaba a perder todo el trabajo diplomático desplegado para recabar apoyos. Si Madrid 1972 llegaba herida de muerte a la decisiva votación, el mismísimo alcalde de la capital,Carlos Arias Navarro, se encargaría de dar la puntilla al no viajar a Roma con una delegación española que rozaba lo irrisorio. “Venimos decididos a defender la candidatura de España como organizadora y sede de los Juegos Olímpicos de 1972», declaraba a su llegada a la capital italiana el presidente del COE, José Antonio Elola-Olaso. En un intento desesperado llegaría a expresar “la garantía absoluta del apoyo de la ciudad, del Gobierno y del pueblo español” a la candidatura olímpica. De nada sirvieron sus palabras: los miembros del COI castigaron con la peor calificación técnica de las ciudades finalistas. Pese a todo, Madrid quedaría en segunda posición sólo por detrás Munich.

Para Fernando Arechea, la candidatura franquista “tuvo puntos delirantes” pero hubiese logrado la victoria sin los titubeos previos a la decisiva reunión de Roma, donde el régimen tuvo un premio de consolación: la inclusión de José Antonio Samaranch como miembro del COI con derecho a voto. Irónicamente, fue el primer paso para que Barcelona celebrase sus Juegos Olímpicos en 1992. Mientras Madrid lo sigue intentando.

Fuente: Madrid 1972: los Juegos Olímpicos que Franco quiso organizar

Autor: Ray Sánchez

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