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Maracanazo


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José Luis Avilés

Fanático de las ondas, la casualidad quiso que en la web de una radio descubriese la magia de unir letras. En Cadenaser.com dio rienda suelta a sus dos grandes pasiones: deporte y periodismo. Ahora 'pinta' la portada de lainformacion.com.


Escrito el 28 de abril de 2013 a las 17:00 | Clasificado en Deportes

Quizá sea cuestión de mal fario o simplemente fruto de una mala gestión, pero con la Copa Confederaciones a la vuelta de la esquina y el Mundial a un año vista, Brasil parece haber defraudado a todos aquellos que confiaron en su candidatura para albergar el mayor evento deportivo del mundo.

Joseph Blatter anunció en 2007 que Brasil organizaría el Mundial de 2014 (Foto: Wikipedia)
Joseph Blatter anunció en 2007 que Brasil organizaría el Mundial de 2014 (Foto: Wikipedia)

Hay quien dice que cuando los brasileños miran el estadio de Maracaná en Río de Janeiro no pueden evitar recordar lo que sucedió allí aquel 16 de julio de 1950, aquel día que parece no tener fin. El Uruguay capitaneado por el ‘negro jefe’ Obdulio Varela arrebató la Copa del Mundo a una selección brasileña y a una hinchada que ya la acariciaban.

La decepción se adueñó de las cerca de 200.000 personas que abarrotaban el estadio y sacudió un país que quería aprovechar el torneo para postularse al mundo como una nueva potencia económica y política. Sin embargo, cuando el reloj marcaba las 16:33h, Alcides Ghiggia superó al por entonces mejor portero del mundo, el brasileño Moacir Barbosa, y hundió al ‘país de la fiesta’ en una profunda depresión.

Ahora parece como si se hubiesen reavivado las llamas de aquel fuego en que Barbosa prendió la portería donde recibió el gol y que ‘gentilmente’ le regalaron en la primera remodelación del Estádio Jornalista Mário Filho. Viejos fantasmas han regresado convertidos esta vez en plazos incumplidos para la entrega de los estadios, problemas de organización, desconfianza por parte de la FIFA, tensiones políticas…Y todo ello con la Copa Confederaciones a la vuelta de la esquina.

Primera prueba: no superada

A menos de cincuenta días para que dé comienzo la Copa Confederaciones, Brasil trabaja a contrarreloj para poder entregar los estadios que acogerán los partidos de la competición. Un torneo que normalmente sirve a las autoridades del fútbol mundial para evaluar el estado real en que se encuentra el país que, al año siguiente,  habrá de albergar el Mundial. No obstante, el país carioca llega con un marcador totalmente en contra de sus intereses.

Pese a que las autoridades brasileñas tenían de plazo hasta diciembre de 2012 para entregar los seis estadios que van a acoger la competición, tan solo han sido inaugurados cuatro de los recintos. Sin ir más lejos, el estadio que acogerá la final del torneo, el más emblemático de todos, Maracaná, ha celebrado este sábado un “evento de prueba” que los responsables de la organización, pese a contar con la presencia de la presidenta del Gobierno en el palco, ni siquiera se han atrevido a calificar de “inauguración”. Todo con el aliciente de que la FIFA tenía previsto haber realizado tres pruebas para acreditar el estado de las instalaciones.

Tal ha sido la controversia y la polémica que ha generado la situación que el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, ya descartó que todos los estadios estuviesen al cien por cien de sus prestaciones y, aunque aseguró que “será un torneo fantástico”, se mostró conforme con que la parte en la que han de disputarse los partidos esté en perfectas condiciones. “Llegaremos a la Copa de Confederaciones de la FIFA; será un torneo fantástico, pero no toda la parte operacional estará lista al ciento por ciento. Es imposible esperar que esto suceda al haberse acortado los plazos de preparación”, señalaba Valcke en un comunicado publicado en la página web del máximo organismo del fútbol mundial.

Muy crítico con el retraso en las obras, llegó a vivir momentos de tensión hasta el punto de que el propio ministro de Deportes brasileño, Aldo Rebelo, se opuso a que actuase como interlocutor entre Brasilia y la FIFA. Todo ello por un supuesto error de traducción que puso en boca del comisario de la FIFA que el país necesitaba una “patada en el culo” para impulsar su mundial.

Más allá de este malentendido que tanto revuelo causó entre los brasileños y por el que tuvo que pedir disculpas el propio Valcke, lo cierto es que las autoridades brasileñas están jugando al tira y afloja con la paciencia de aquel organismo que le otorgó su confianza para albergar su segundo mundial. Y es que, pese a haber entregado el Estadio Castelao de Fortaleza, el Estadio Mineirão de Belo Horizonte y el Arena Fonte Nova de Salvador, su repertorio de excusas parece inagotable para justificar los deberes que aún tienen por hacer.

En el caso del estadio Arena Pernambuco de Recife, donde está previsto que España comience su andadura en el torneo el próximo 16 de junio ante Uruguay, las autoridades de la ciudad aseguran que las instalaciones están al 95%. Una situación muy positiva de no ser porque la entrega de dicho recinto estaba prevista para el pasado 14 de abril.

Algo similar sucede con el estadio Nacional Mané Garrincha de Brasilia. Aunque en la página oficial de la Copa Confederaciones aparece como año de construcción 2012 , lo cierto es que las autoridades brasileñas aún no han celebrado su inauguración. “Ha habido lluvias muy fuertes durante los últimos quince días”, aseguraba en rueda de prensa Claudio Monteiro, responsable de la organización de la Copa Confederaciones y el Mundial de fútbol, para justificar el retraso en la instalación del césped que les ha obligado a postergar la inauguración hasta el próximo 18 de mayo.

¿Qué pasa con el Mundial?

Si la FIFA se ha mostrado benévola con el Comité Organizador Local, el Comité Organizador de la Copa Confederaciones y del Mundial, y con el Gobierno de Dilma Rouseff, ya ha advertido que de cara a la Copa del Mundo de 2014 la situación no podrá repetirse. “Quiero reiterar: es imposible que esto se repita para la Copa del Mundo de la FIFA, y así es reconocido por el gobierno federal y el Comité de Organización Local. El plazo para los estadios del Mundial sigue firme en diciembre de 2013. No habrá compromisos”, anunció Valcke en un comunicado oficial.

La organización de una Copa Mundial de la FIFA es una tarea infinitamente más compleja y exigente que la escenificación de la Copa Confederaciones, con sólo el 25% de partidos. La escala y la envergadura del Mundial requieren un periodo mínimo de preparación operacional de seis meses”, advertía el secretario general de la organización.

Y es que no se trata solo de la disputa de los partidos. Con antelación suficiente, las delegaciones de las 32 selecciones que el próximo año se den cita en Brasil habrán de concretar las ciudades que les acogerán, donde deberán contar con las instalaciones adecuadas para alojarse y ejercitarse. Es más, el pasado 9 de abril, los compañeros de la prensa brasileña informaban de que, de cara a la Copa Confederaciones que arranca el próximo 15 de junio, la Selección italiana aún no tenía un lugar donde poder llevar a cabo sus entrenamientos.

Pero no solo eso, desde la delegación de la Agencia EFE en Brasil nos han comunicado que ninguna de las ocho selecciones que comparecerán en este primer torneo ‘de ensayo’ saben dónde se hospedarán. Tampoco la Selección Española.

Además, ahí no acaba todo. No todo se reduce a lo que pase sobre el terreno de juego entre los veintidós contendientes. Como ya dijo el precavido Jerome Valcke, es necesario un tiempo mínimo de seis meses para llevar a cabo la instalación de la infraestructura de telecomunicaciones necesaria para trasladar a todo el planeta la señal en directo de lo que suceda en los 64 partidos que conforman el calendario. Una labor que debería iniciarse en enero del próximo año, por lo que no hay margen alguno de error.

En mitad del revuelo político

Si aún quedaba leña por añadir al fuego, el Gobierno de Brasil ha confesado que el “gran problema” al que habrán de hacer frente durante la celebración del Mundial será “la calidad de los aeropuertos”, tal y como desveló Luis Fernandes, representante del ejecutivo en el comité organizador. Pese a saber desde 2007 que el torneo se disputaría en su país, el equipo de Dilma Rouseff ha reconocido que las reformas en los aeropuertos no se harán efectivas hasta 2018. No obstante, para tranquilidad de la FIFA, las autoridades brasileñas ya han informado que las delegaciones de los países participantes podrán hacer uso de los aeródromos tanto civiles como militares.

En cualquier caso, la política brasileña anda agitada con motivo de esta situación nada favorable para los intereses del país. Según cuenta José Manuel Blanco desde Brasil, la polémica ha salpicado a las altas esferas del COL, donde su presidente, José María Marín, ha sido acusado de colaborar con la dictadura brasileña. Por esta razón, además de su mala relación con el ministro de Deportes, Aldo Rebelo, desde la FIFA han ‘pedido su cabeza’, algo que también ha demandado el exfutbolista Romario, ahora diputado por Río de Janeiro, que presentó un escrito con miles de firmas para exigir la salida de Marín de la Confederación Brasileña de Fútbol.

Como ya sucediese aquella fatídica tarde de 1950, parece como si nadie en Brasil supiese explicar qué fue lo que sucedió para que todo acabase así. Ahora las autoridades habrán de doblar esfuerzos para no volver a defraudar a la FIFA y, más allá de lo que sean capaces de hacer los pupilos de Luiz Felipe Scolari sobre el césped, evitar sufrir otro ‘Maracanazo’ y ganarse el respeto de todas las potencias económicas y políticas.

Los votantes dicen...
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