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Olímpicamente corruptos


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Álvaro Hernández

Soy diplomado en Turismo, pero siempre he querido ser periodista, y por fin me he puesto manos a la obra con ello. Colaboro de vez en cuando con la Ser de Almería y con el periódico local La voz de Almería.


Escrito el 16 de junio de 2013 a las 11:13 | Clasificado en Deportes

El movimiento olímpico está pasando actualmente por un proceso de reestructuración que afecta a los deportes que se practican en los Juegos Olímpicos. Pero, ¿se basa en criterios estrictamente deportivos?

Ceremonia inaugural de los Juegos de invierno de Salt Lake City 2002 (Foto: COI)
Ceremonia inaugural de los Juegos de invierno de Salt Lake City 2002 (Foto: COI)

El pasado mes de febrero la Comisión Ejecutiva del Comité Olímpico Internacional se reunió en la localidad suiza de Lausana con el objetivo de elegir cuáles serán los 25 deportes que formarán parte del programa básico de los Juego Olímpicos a partir de 2020. Ese programa estaba formado hasta ahora por 26 deportes, por lo que uno perdería su condición de “deporte olímpico”.

La lucha fue excluida y de aquí en adelante esta disciplina, que ha sido olímpica desde 1896, tendrá que pelear para conseguir estar en el programa, ya que la reestructuración no acaba aquí. El máximo de disciplinas en unas Olimpiadas está estipulado en 28 deportes. De esas tres plazas ‘vacantes’ dos ya están ocupadas por el golf y el rugby seven, que fueron elegidas para estar presentes en las Olimpiadas de Rio de Janeiro de 2014 y en las de 2020. ¿Qué deporte completará el cupo?

La tercera disciplina en discordia será elegida en la 125ª sesión del Comité Olímpico Internacional que tendrá lugar el segundo fin de semana de septiembre en la ciudad de Buenos Aires. En la capital argentina además se elegirá la sede de los Juegos Olímpicos de 2020 entre Madrid, Tokio y Estambul.

Para facilitar la decisión, el Comité Ejecutivo del Comité Olímpico Internacional, reunido en San Petersburgo, decidió el pasado 29 de mayo cuáles son las tres disciplinas candidatas para ocupar la última vacante. Las elegidas fueron la lucha, el squash y la candidatura conjunta de béisbol y softbol. Quedaron excluidos el karate, el patinaje, la escalada, el esquí náutico y el wushu.

¿Una organización limpia?

Detrás de todo este embrollo de deportes excluidos, disciplinas repescadas para una nueva decisión, prácticas apeadas de la candidatura y reuniones en puntos distanciados por miles de kilómetros hay una compleja organización internacional desde la que se toman las decisiones. Se trata del Comité Olímpico Internacional.

El COI no escapa a la corrupción que parece asolar cualquier organismo que se precie. El primer gran caso de corrupción del Comité Olímpico Internacional tuvo lugar en diciembre de 1991. Fue entonces cuando Robert Helmick, vicepresidente del máximo organismo olímpico, dimitió evitando así ser el primer destituido del comité.

El abogado estadounidense, que sonaba para sustituir a Juan Antonio Samaranch en el puesto de máxima responsabilidad del organismo, abusó de su puesto en beneficio propio, llegando a cobrar cerca de 300.000 dólares como asesor de empresas y organizaciones vinculadas al movimiento olímpico. Todo un Urdangarin.

Tras este precedente llegó el mayor escándalo que el movimiento olímpico ha vivido por ahora: en 1998 el proceso de designación de la sede de los Juegos de Invierno de 2002 terminó nada más y nada menos que con trece miembros del COI expulsados. Detrás de la decisión de que Salt Lake City fuera la sede había una trama de compra de votos: los miembros expulsados del Comité recibieron favores –becas para sus hijos, puestos de empleo, dinero…- e incluso fueron vistos acompañados por prostitutas que formaban parte del soborno ejecutado por las autoridades de la ciudad estadounidense.

El escándalo de Salt Lake City fue el más grave, pero no el último escándalo olímpico. En julio de 2004 la BBC emitió un programa de investigación que, bajo el nombre ‘Panorama: Buying the Games‘ demostró cómo era posible comprar votos a favor de una ciudad antes de su nombramiento como sede de unos Juegos. En el reportaje, el equipo de la televisión pública británica mantuvo contactos con varios intermediarios que aseguraban estar ligados al movimiento olímpico y que afirmaban ser capaces de comprar el voto de 54 de los 124 miembros del COI.

Ivan Slavkov, presidente del Comité Olímpico de Bulgaria, fue grabado por los reporteros con cámara oculta asegurando que los votos de ciertos miembros del COI podían ser comprados a cambio de “favores”. “Todo es cuestión de dinero”, afirmaba Slavkov.

Tras el escándalo de Salt Lake fue el nuevo presidente del COI, Jacques Rogge, el encargado de “sanear” el organismo con medidas destinadas a acabar con la corrupción, como un estricto control de las visitas de los miembros del Comité a las ciudades candidatas. El reportaje de la BBC demostró que dichas medidas fueron insuficientes. Pero la cosa no acaba ahí.

En 2009 el propio Rogge fue acusado por un exministro chino de Deportes de pactar en secreto con la candidatura de Pekín 2008. Según esta acusación, el entonces presidente de la Asociación de Comités Olímpicos Europeos lograría votos de los miembros europeos del COI a favor de la candidatura china a cambio del apoyo de los asiáticos a la hora de ser nombrado presidente del máximo organismo olímpico.

Tras tantos casos de corrupción, no es de extrañar que nuestro ministro de Deportes, José Ignacio Wert, no crea que la corrupción española sea un elemento que preocupe a los miembros de la Comisión del COI que evalúa la candidatura de Madrid 2020.

Cabe pensar pues que, además de la elección de la sede, el asunto de la elección de deportes no está exento de presiones por parte de las federaciones internacionales correspondientes. Por ejemplo, el periodista de RTVE Ernest Riveras, especializado en Juegos Olímpicos, apunta hacia un “trabajo de  intoxicación” por parte de las tres federaciones de los deportes candidatos a ocupar la 28ª plaza.

¿Será este “trabajo de intoxicación” solo una actividad de presión por parte de las federaciones internacionales? ¿O alguna federación habrá estado tentada de “comprar la plaza”?

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