Arrow

El dinero en el New Yorker


0
Marta Rivera

Escritora y periodista. Colaboradora en radio, prensa y televisión. Finalista del Premio Planeta en 2006 con 'En tiempo de prodigios'. Su último libro es 'La vida después'.


Escrito el 5 de diciembre de 2012 a las 14:34 | Clasificado en Ocio

No preocuparse por los billetes es algo que sólo pueden hacer los ricos o, mejor dicho, los muy ricos… Quizá a los lectores del ‘New Yorker’ no les guste hablar de dinero, pero a nosotros no nos queda más remedio que hacerlo.

Detalle de la portada del libro 'El dinero en The New Yorker'.
Detalle de la portada del libro 'El dinero en The New Yorker'.

Hace unas semanas, la editorial Libros del Asteroide sacaba al mercado un libro que ya se puede considerar imprescindible: ‘El dinero en el New Yorker’. Se trata de una recopilación de dibujos humorísticos en torno al tema del dinero aparecidas en la famosa revista. En el prólogo, el escritor y editor Malcolm Gladwell escribe esto:

“Tiene el lector en sus manos una rareza: un libro de viñetas sobre el mundo de las finanzas y la economía extraídas de las páginas de ‘The NewYorker’. Digo rareza porque la nuestra es una revista dirigida a un público para el que el dinero es algo secundario”.

La frase es brillante, pero está escrita para ser leída en un mundo perfecto. La única forma de que el dinero sea algo secundario es tenerlo a espuertas. No preocuparse por los billetes es algo que sólo pueden hacer los ricos o, mejor dicho, los muy ricos… Quizá a los lectores del ‘New Yorker’ no les guste hablar de dinero, pero a nosotros no nos queda más remedio que hacerlo.

Cuando nos enteramos de que la amnistía fiscal ha puesto sobre la mesa mil doscientos millones de euros, es imposible que el vil metal no aparezca en las conversaciones. Primero, porque en un país donde cada vez hay más pobres tantos ceros levantan dolor de cabeza, y luego porque es difícil entender que Hacienda te persiga hasta la muerte si te retrasas 24 horas cuando toca ingresar el IRPF y luego se ofrezca la redención a quienes se llevaban la pasta fuera. Por ejemplo, a la neutral Suiza, tierra de los relojes de cuco, el chocolate con leche y los ricos que ocultan los dineros y se dicen patriotas porque sacan una bandera cuando ganamos el mundial.

El dinero está ahí, y su ausencia aprieta y acogota, por eso no se puede hacer como si no existiera. Claro que para todo hay clases: una cosa es vivir consciente del peso específico de los cuartos, y otra ser como Díaz Ferrán, que -presuntamente- tenía en su casa un kilo de oro y ciento cincuenta mil euros en metálico, ahí es nada. Lo que no sabemos si además de los lingotes y los billetes de 500 euros han encontrado en casa de Díaz Ferrán una suscripción al ‘New Yorker’, pero no parece posible. Como dice Gladswell, los lectores de la revista no pueden verse reflejados “en ese tipo que se desgañita en una fiesta proclamando a gritos como se forró en el otoño de 2007. No estábamos invitados. Estábamos en casa releyendo ‘Middlemarch’“.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>