Arrow

Enemigos públicos


0
Carlos Ruiz

Periodista especializado en campañas electorales y conflictos, gerente de asuntos públicos en Llorente&Cuenca, donde asesora a compañías e instituciones


Escrito el 23 de marzo de 2013 a las 9:03 | Clasificado en Gastronomía

Existe una profunda relación entre las intenciones declaradas de un Gobierno por legislar respecto de un asunto y la profusión de estudios científicos catastróficos: hay que poner el foco sobre el problema y hacerlo grande, muy grande, para que la legislación se cuele entre las manos de los diputados.

Agua junto a bebidas con gran cantidad de azúcar. (Imgur.com)
Agua junto a bebidas con gran cantidad de azúcar. (Imgur.com)

En Estados Unidos mueren al día 1,200 personas por problemas derivados del consumo de tabaco. El alcohol arroja 20.000 muertos al año en España. El azúcar es responsable de 3 millones de muertes cada año. Y la sal, ese producto tan cotidiano y necesario, acaba de regalarnos un cifra realmente preocupante: el 15% de la mortalidad mundial puede atribuirse al exceso de sodio.

La conclusión generalmente asociada a estos estudios científicos es la siguiente: la industria agroalimentaria utiliza, en exceso, cierto tipo de ingredientes para generar adicción al consumo, conservar mejor el producto o darle más sabor. Algunos de estos componentes son dañinos en cualquier cantidad, como es el caso del tabaco y el alcohol. Otros se usan en exceso con el consiguiente perjuicio en la salud de los consumidores, como la sal y el azúcar (este último también es adictivo).

Visto así, crudamente, la historia es aterradora: vivimos en una sociedad consumista donde prima el beneficio económico por encima de la ética y moral. Dicho de otro modo, la industria está afectando seriamente la salud de sus consumidores, sabedora del grave daño que provoca. Las conclusiones de muchos de estos estudios apuntan a la industria como gran responsable. Tenemos la industria alimentaria que nos merecemos (decimos lo mismo respecto de nuestra clase política).

El cáncer de los alimentos industriales

Es importante, sin embargo, analizar con perspectiva y en su contexto cómo surgen este tipo de informaciones. Nadie duda de que el tabaco afecta gravemente a la salud, o de que la sal provoca hipertensión. La ciencia ya ha venido a demostrar esto. Pero, fijaos la casualidad, acaban de publicarse 3 estudios en Estados Unidos (¡¡tres!!), independientes, sobre el abuso del consumo de sal. Los estudios son a nivel mundial (vamos, que no se hacen en dos días) y han medido el consumo medio por habitante. Y los tres acusan a los alimentos industriales de ser el responsable de este exceso y sus conclusiones no apuntan a un mal hábito de la gente acostumbrada a rociar el plato con más sal según su madre se lo pone en la mesa, no. El cáncer son los alimentos industriales.

A la vez que se encargaban estos estudios, el Reino Unido anunció una estrategia de reducción de consumo de sal que viene a legislar sobre la cantidad de sodio que deben tener los alimentos industriales. Algunos países están trabajando ya en una legislación específica.

Y es que existe una profunda relación entre las intenciones declaradas de un Gobierno por legislar respecto de un asunto y la profusión de estudios científicos catastróficos. Los enemigos públicos se forman precisamente de esta manera: hay que poner el foco sobre el problema y hacerlo grande, muy grande, para que la legislación se cuele entre las manos de los diputados.

Así pues, tendríamos a un primer responsable de crear los enemigos públicos de la sociedad, los gobiernos, obligados a nombrar pecados y pecadores, escoger presas que puedan vencer en la arena del circo y luego pasear su cabeza sacando músculo. Trinidad Jiménez posó orgullosa con su ley antitabaco y el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (un organismo público al servicio de ministerio) sacó pecho al año siguiente con “la ley evita 1.500 muertes en un año“.  La exministra de Sanidad, Elena Salgado, intentó hacer del vino un enemigo público, pero el vino acabó fagocitándola a ella.

¿La comida rápida, en el centro de la diana?

El azúcar será, dentro de poco, foco de atención en toda España, precisamente porque en Cataluña ya va a ser objeto de un impuesto a las bebidas refrescantes y casi también de una tasa grasa.

Los gobiernos eligen a sus enemigos públicos en función de variables electorales. El análisis de cómo afecta esa batalla al voto es decisivo. ¿Y cómo despierta ese enemigo en el interior de cada gobierno? Las fuerzas que motivan a dar un paso de estas características son, en algunos casos, asociaciones y organismos desinteresados y altruistas. Pero son las menos.

La batalla de la ley antitabaco fue liderada por la industria farmacéutica, verdadero creador del enemigo público número 1 “el tabaco” (obsérvese quién patrocina sus seminarios). Pero, ¿quiénes están detrás de la guerra contra el azúcar, la sal y el fast food? Sería un debate muy interesante.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>