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La guerra puede ser dulce


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Yorokobu

Este artículo ha sido publicado en Yorokobu, revista sobre innovación, inspiración, tendencias, emprendedores, creatividad y las cosas positivas que ocurren en el mundo y nadie cuenta.


Escrito el 24 de marzo de 2013 a las 11:53 | Clasificado en Gastronomía

Un repostero mexicano comercializa exitosos diseños bélicos hechos de chocolate.

Una de las obras de Héctor Galván (Fuente: Yorokobu)
Una de las obras de Héctor Galván (Fuente: Yorokobu)

Héctor Galván inició hace tres años una guerra de chocolate. Textual. A través de su firma Boom, empezó a crear bombas, granadas, soldados y tanques de chocolate con el fin de iniciar una “guerrilla de diseño” y reivindicar los productos mexicanos hechos a base de cacao. Su proyecto no solo consistía en rescatar la tradición del chocolate mexicano, sino en crear una nueva cultura y ayudar a la sociedad relacionada con la producción de este fruto.

“La guerra es con chocolate. A través de él buscamos combatir el analfabetismo, la falta de educación, la mentalidad de no creer en la industria y la forma de trabajar con productos naturales. Creíamos que había un chocolate mexicano increíble y nos dimos cuenta de que nadie explotaba el sector y que los campesinos no querían trabajar en él”, explica Galván.

Con este panorama, este joven diseñador y su equipo decidieron investigar el mercado. Viajaron por todo el sur de México conociendo los plantíos de cacao, su forma de procesarlo y la tradición social que había alrededor de este fruto. Así se les ocurrió crear una línea de productos gourmet que permitieran a su vez crear una nueva cultura del chocolate con buen diseño, al cual llamaron La Casa Tropical, un estudio creativo que ahora trabaja a nivel nacional.

Una de las obras de Héctor Galván (Fuente: Yorokobu)

El chocolate fue el pretexto para hablar de identidad. De los trueques prehispánicos con cacao, de las guerras, de la sangre derramada. La historia mexicana está relacionada directamente con este fruto –la palabra chocolate viene del náhuatl xocoatl (xoco- amargo y atl-agua)—sin embargo, durante mucho tiempo esta tradición se perdió y dio prestigio a los fabricantes de buen chocolate como Suiza y Alemania, haciendo que el mundo se olvidara por completo que el cacao es latinoamericano.

“Hemos perdido nuestra identidad a través del chocolate. Antes el cacao era símbolo de intercambio cultural, social, económico… Era arte. Nosotros quisimos rescatar ese arte con diseño”, apunta Galván, cuyo objetivo es potencializar y comercializar sus productos dentro y fuera de México. La empresa es socialmente responsable y además de contratar a gente originaria de las regiones productoras de cacao, apoya a sus familias, invierte en su educación y recientemente ha creado un equipo de fútbol en una de las comunidades para fomentar el deporte entre los jóvenes.

La Casa Tropical reunió una gran colección de cacao desarrollada con granos nativos: C1 (Carmelo 1), UR (Uranga) y RX (Real Xoconusco). A partir de ello, vino la idea del diseño. De experimentar. Ya no se trataba simplemente de hacer chocolate sino de revalorizarlo. De hacer una provocación cultural que tocara todos los aspectos sociales. “Antiguamente el chocolate era un producto de reyes, de aristócratas; hoy queremos recuperar esa autoestima que implica y reconstruir nuestra cultura”.

De esta manera atrajo la atención de chefs como Enrique Olvera, Ferran Adriá, Gastón Acurio y Mónica Patino, que se interesaron en los productos y también querían experimentar con el cacao. “Este es un proyecto creativo que busca generar nuevas economías, reconstruir cultura y generar autoestima; estamos tocando otras dimensiones, no se trata de volver a hacer brownies, sino de hacer cosas que no se han hecho”. Si en un futuro próximo cuando se hable de chocolate se relaciona directamente a México, será entonces que la idea de la Casa Tropical, a través de sus bombas y granadas, explotó con éxito.

Una de las obras de Héctor Galván (Fuente: Yorokobu)

Una de las obras de Héctor Galván (Fuente: Yorokobu)

Fuente: La guerra también puede ser dulce

Autora: Alejandra S. Inzunza

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