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Cuando descubrimos que la guerra es un negocio rentable


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Escrito el 13 de enero de 2014 a las 3:33 | Clasificado en Historia

La instauración masiva del pasaporte como documentación imprescidible para visitar el país vecino o recorrer el mundo es una de las consecuencias menos resaltadas de la Gran Guerra.

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Es quizá una de las consecuencias menos resaltadas de la Gran Guerra o la Primera Guerra Mundial, cuyo comienzo se conmemorará a lo largo de todo 2014: la instauración masiva del pasaporte como documentación imprescidible para visitar el país vecino o recorrer el mundo. Hasta entonces cualquiera cuyos medios económicos, políticos o de protección amistosa se lo pudieran permitir, podía desplazarse cuándo y adónde quisiera, instalarse y vivir en el entorno que le viniera en gana en cualquier parte del mundo. Una libertad que ahora se disfruta, aunque con matices, en el espacio Shengen, pero a la que quieren poner nuevas barreras algunos países de la Unión Europea, y de la que en todo caso no gozan los inmigrantes de fuera de la UE.

Fue uno de tantos cambios radicales a partir de aquella conflagración, cuyo chispazo fue provocado por el atentado cometido en Sarajevo por un nacionalista serbio bosnio de tan solo 19 años, Gavrilo Princip, al asesinar al archiduque Franz Ferdinand, heredero del Imperio Austro-Húngaro. Princip, que no sería ejecutado por ser menor de 20 años, la edad legal en el derecho austriaco para condenar a muerte a un reo, no fue sino el facilitador del pretexto que todos buscaban para enfrascarse de nuevo en una guerra, probablemente el estado natural de las sociedades con la excepción de los paréntesis de paz, donde la política, al decir de Klaus Von Clausewitz, es la continuación de la guerra por otros medios.

Princip, el autor del atentado de Sarajevo, no fue sino el facilitador del pretexto que todos buscaban para enfrascarse de nuevo en la guerra

Francia deseaba la revancha de la humillación de Sedan (1870), donde Guillermo I de Prusia y sus genios militares, Otto Von Bismarck yHelmuth Moltke aplastaron al ejército de Napoleón III. La superpotencia de la época, Inglaterra, se alineó con Francia frente a la coalición germánica, y ambas decidieron aprovechar la ocasión para acabar con el Imperio Otomano. En cuanto al káiserGuillermo II, consideró la ocasión propicia para reafirmar la supremacía continental alemana, incluido su flanco este, a la vista de la creciente debilidad interior en Rusia del zar Nicolás II.

Se la consideró una auténtica guerra mundial por cuanto todos los imperios involucrados en ella arrastraron a sus colonias al conflicto. Y, sobre todo, porque irrumpió en el escenario internacional con todo estrépito Estados Unidos. Este pequeño detalle precipitaría el declive de Europa, que a partir de entonces se encontrará en deuda financiera y dependencia económica permanente con Washington, el nuevo poder emergente.

Alemania quiso evitar a toda costa la entrada de Estados Unidos en la guerra. Su ministro de Exteriores,Zimmermann, había ideado un plan por el que México reivindicaría los estados que le fueron arrebatados por su poderoso vecino del norte (1846-1848), lo que distraería entonces a Washington de inmiscuirse en el avispero de Europa. El espionaje inglés lo descubrió desbaratando la maniobra. Zimmermann fue también la mente que ideó el plan de trasladar al exilado Vladimir Ulianov (Lenin)  a San Petersburgo, e iniciara la revolución para derrocar al zar a cambio de abandonar la guerra contra Alemania. Para cuando todo ello se produjo el II Reich estaba ya cercano a su derrota.

El espionaje inglés desbarató la maniobra alemana para evitar que Estados Unidos entrara en la guerra

Las cifras de los anteriores conflictos bélicos palidecieron al compararlas con las del periodo 1914-1918. Solo parece haber acuerdo en que los soldados muertos en combate fueron 9 millones, pero el número de víctimas mortales civiles oscila entre los 6,5 y los 11 millones según los historiadores. En todo caso, es la primera vez que la retaguardia sufría tantas bajas. Se inauguraba así la época de las grandes masacres, que jalonarían todo el siglo XX. Las matanzas alcanzaron proporciones industriales y la guerra se reveló como un trágico acontecimiento, que servía no obstante para que algunos hicieron pingües negocios. La industria bélica se convertía en el sector económico con mayor proyección de futuro.

En el frente, no se escatimaron medios a la hora de ensayar armas químicas, además de desarrollar las convencionales de entonces y de inaugurar la aviación como arma de combate. Y en todas partes la propaganda llegó a un nivel jamás alcanzado, donde unos y otros bandos destacaban la ferocidad del enemigo, transformado en un bárbaro o en un animal monstruoso. Se exacerbó el nacionalismo, de manera que cada uno creía defender la libertad en general y la humanidad en particular, contra un adversario al que se demonizaba como único e incuestionable culpable de haber desencadenado el apocalipsis sobre la tierra.

Las brutales condiciones impuestas por los vencedores en Versalles desencadenarían el germen de la posterior nueva revancha lanzada por Adolf Hitler

Los tratados de Versalles fueron de nuevo otra revancha, esta vez de Francia sobre Alemania, que hubo de aceptar una rendición y pagar unas indemnizaciones humillantes. Esas brutales condiciones, que extenderían el paro, la hiperinflación y la miseria por toda Alemania, fueron en realidad el germen de la siguiente revancha, la que Adolf Hitler desencadenaría en 1939 sumiendo de nuevo al mundo en una conflagración aún más sangrienta.

Las grandes potencias surgidas de este último conflicto no se enfrentarían directamente en adelante, pero lo hicieron a través de la Guerra Fría y de decenas de otros enfrentamientos locales y regionales en todos los continentes. Europa, dividida en Yalta y Potsdam, se mantendría replegada aunque en guardia mutua sus dos zonas de influencia, occidental y soviética. En el resto de continentes, Estados Unidos y la Unión Soviética, intentarían socavar el poder del otro a costa de las tragedias de pueblos de Asia, África o América Latina. Y, apenas derrumbado el comunismo soviético en 1989, pronto se asomaría al escenario internacional el otro contendiente global: el terrorismo islámico, según la terminología occidental, o layihad, según los musulmanes ávidos de su propia revancha.

Autor: Pedro González
Fuente: Zoom News

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