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Contra cuernos reales…


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Javier Sanz

Javier Sanz. Aficionado a la historia. Autor del blog Historias de la Historia. He escrito artículos para Revista Medieval y XLSemanal, colaborado en 'A vivir que son dos días' (Cadena Ser) y, actualmente, en LRV (Onda Cero), Gente Despierta (RNE), La Noche es Nuestra (EuropaFM), Diario de Teruel y el magazine para iPad "UnBreak". Ha publicado "Nunca me aprendí la lista de los reyes godos", ¡Fuego a discreción! y Caballos de Troya de la historia


Escrito el 7 de enero de 2013 a las 9:35 | Clasificado en Historia

En los momentos difíciles sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Así que, un cortesano de París tuvo que tirar de imaginación para evitar los inminentes cuernos del monarca francés Francisco I.

Francisco I (Fuente: Wikipedia)
Francisco I (Fuente: Wikipedia)

El reinado de Francisco I de Francia (1494-1547) fue brillante en el campo de las artes y de las letras (gracias a él, ‘la Gioconda’ es propiedad del Estado francés) y turbulento en el terreno polí­tico y diplomático (enfrentamientos y alianzas con el emperador Carlos I de España y Enrique VIII de Inglaterra). En el terreno personal… llevaba una vida disoluta y licenciosa. De hecho, llegó a inspirar la obra ‘El rey se divierte’ de Ví­ctor Hugo y de ésta nació la ópera ‘Rigoletto’ de Giuseppe Verdi.

En una ocasión el Rey se prendó de una cortesana de Parí­s. Ésta, casada, al principio se mostraba esquiva, pero luego comenzó a mostrar cierto interés y aceptó citarse con el monarca en una casa fuera del Palacio para tener su primer encuentro. No sabemos cómo, pero el marido se enteró de dicho encuentro y del lugar en el que nacerí­an sus reales cuernos.

El pobre marido se encontró en la disyuntiva de permitirlo, manteniendo la amistad del Rey, o impedirlo, perdiendo el favor real… y puede que alguna cosa más. Aunque sean pocos, hay ciertos momentos en los que los hombres tenemos un punto de brillantez e ingenio. Antes del encuentro se escondió en la entrada de la casa donde se habí­an citado. Primero entró su mujer y, cuando iba a entrar el Rey, salió de su escondite y comenzó a gritar:

¡Viva el Rey! ¡Viva el Rey!

Alertados por los gritos, todo el mundo se acercó a vitorear al monarca y éste tuvo que irse con el rabo entre las piernas. No sabemos si hubo posteriores citas, pero en aquella el ingenioso marido evitó la cornamenta real.

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  1. […] Ante los inminentes cuernos reales (Javier Sanz) […]

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