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El carbón que destrozaba barcos


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Javier Sanz

Javier Sanz. Aficionado a la historia. Autor del blog Historias de la Historia. He escrito artículos para Revista Medieval y XLSemanal, colaborado en 'A vivir que son dos días' (Cadena Ser) y, actualmente, en LRV (Onda Cero), Gente Despierta (RNE), La Noche es Nuestra (EuropaFM), Diario de Teruel y el magazine para iPad "UnBreak". Ha publicado "Nunca me aprendí la lista de los reyes godos", ¡Fuego a discreción! y Caballos de Troya de la historia


Escrito el 9 de septiembre de 2013 a las 7:21 | Clasificado en Historia

Una estrategia de guerra naval fue tan exitosa que acabó usándose -o eso se cree- para defraudar a las aseguradoras.

Muestra de carbón explosivo
Muestra de carbón explosivo

Durante la Guerra de Secesión americana tuvo especial relevancia estratégica el bloqueo naval impuesto por Abraham Lincoln sobre los territorios controlados por los confederados, así que el Servicio Secreto de la Confederación se puso manos a la obra para acabar con aquel bloqueo. El capitán Thomas Edgeworth ideó un método para destruir los barcos enemigos desde el interior… el carbón explosivo.

Para fabricar el carbón explosivo se vertía hierro fundido sobre moldes de carbón real y antes de que se enfriase se le hacían varios agujeros. Una vez enfriado, los huecos se rellenaban con pólvora, se sellaban los agujeros y se le daba una capa de alquitrán y polvo de carbón que quedaba fijado sobre la superficie.

Su apariencia y su olor eran como cualquier bola de carbón. Cuando se echaba este ‘carbón especial’ a las calderas de los barcos explotaba dejándolas inservibles y el barco a la deriva. Si la cantidad de carbón que se introducía en la caldera era el suficiente, la explosión podía llegar a hundir el barco.

Lógicamente, la única forma de introducir el carbón confederado era que los espías lograsen camuflarlo entre las partidas que llegaban a los puertos de la Unión. Nunca se sabrá cuántos barcos quedaron inutilizados o fueron hundidos por este procedimiento porque este tipo de accidentes también se producían sin utilizar este carbón y, además, no dejaban ningún rastro que pudiera evidenciar el sabotaje.

Se sospecha, aunque es imposible poderlo confirmar, que el hundimiento del barco Sultana el 27 de abril de 1865, cargado con soldados de la Unión, se produjo por el sabotaje de la caldera con el carbón explosivo. Murieron unas 1.800 personas.

Terminada la guerra, las compañías aseguradoras empezaron a sospechar que este tipo de carbón se seguía utilizando. Casualmente, las calderas de muchos barcos que apenas podían navegar sufrían explosiones accidentales que los dejaban inservibles y las compañías debían cubrir los seguros firmados.

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