Arrow

Todos usaron armas químicas


0
Zoomnews

ZoomNews es un diario digital de información general cuyo principios básico son la independencia y la pluralidad informativa.


Escrito el 17 de septiembre de 2013 a las 17:40 | Clasificado en Historia

Es fácil probar que se usó gas sarín en Siria, más difícil será determinar quién lo esparció. Aún quedan muchos miles de toneladas de armas químicas en el mundo por destruir, incluso en Estados Unidos y Rusia.

Un soldado con quemaduras por gas mostaza, en la Primera Guerra Mundial. (Wikipedia)
Un soldado con quemaduras por gas mostaza, en la Primera Guerra Mundial. (Wikipedia)

Las armas químicas en general y el gas sarín en particular, vuelve a convertirse en el centro de las discusiones encaminadas a aprobar y legitimar una intervención militar contra el régimen sirio, que lideraría Estados Unidos, acompañado por Francia, Turquía, Arabia Saudí y Qatar. Los informes de los inspectores de la ONU, cuya autoridad nadie cuestiona, tardarán seguramente en concluirse más que la resolución del Congreso norteamericano.

La política de intereses se impondrá por lo tanto, una vez más, a otras consideraciones jurídicas o humanitarias para desencadenar la operación.Las muestras recogidas por los inspectores de Naciones Unidas arrojarán probablemente las mismas evidencias que las que obran ya en poder de Estados Unidos, es decir, que se utilizó gas sarín en Ghuta, en los suburbios de Damasco. El mandato de los inspectores no alcanza empero a demostrar quién fue el responsable de la difusión del gas letal, que Barack Obama achaca “sin género de dudas” al presidente sirio, Bashar Al-Assad, pero que este niega vehementemente, acusando a su vez del ataque químico a los rebeldes yihadistas que le combaten.

Graves secuelas de por vida

El gas sarín, como todas las armas químicas, preocupa a la comunidad internacional, no ahora sino desde hace mucho tiempo. Fue en 1899 que se celebró en La Haya la primera conferencia para el control de dichas armas, y en 1907 el primer congreso que legisló sobre su uso. Sin embargo, sería la Primera Guerra Mundial la que espeluznara al mundo, al comprobarse los efectos de los gases venenosos esparcidos sobre las trincheras. Más de 100.000 soldados murieron así horriblemente desfigurados y entre terribles dolores, y otros 900.000 quedaron heridos arrastrando graves secuelas de por vida.

Tanto horrorizaron las masacres con armas químicas de la Primera Guerra Mundial que el Tratado de Versalles impuso la primera prohibición generalizada de usarlas

Tanto horrorizó aquella masacre a las potencias vencedoras que el Tratado de Versalles de 1919 estableció la prohibición del empleo de armas químicas, disposición que fue confirmada por los sucesivos convenios de Saint Germain, Neuilly, Trianon, Sévres y Washington de 1920. No obstante, en ese mismo año Gran Bretaña utilizaría armas químicas contra los kurdos independentistas, que reclamaban su propio Estado tras la derrota y aniquilación del Imperio Otomano.

Un invento alemán

En el periodo que va hasta la Segunda Guerra Mundial ninguna potencia se priva de gasear a quienes se rebelan en sus colonias o protectorados. España lo hace contra los sublevados en el Rif marroquí; Italia hace lo propio en Etiopía en 1935. Entretanto, en Alemania, Adolf Hitler no desaprovecha ningún avance de sus científicos para darle un uso bélico. Es así que el químico Gerhard Schrader, a partir del primer gas nervioso, denominado Tabún, aisla al gas sarín. Schrader, como otros científicos, colaborará en la aplicación bélica de sus descubrimientos, inicialmente destinados a producir productos eficaces contra las plagas agrícolas. Las armas químicas serán utilizadas por Japón y la Alemania nazi durante la conflagración de 1939-1945. Los nazis utilizarán el tristemente famoso Zyclon B para el exterminio de civiles, principalmente la población judía y gitana.

La rendición de Alemania y Japón serviría de prólogo a otros conflictos regionales en los que las armas químicas seguirían jugando un importante papel. Así, Francia utiliza por primera vez el napalm en la guerra de Indochina (1945-1954), y Estados Unidos logra sintetizar el mortífero gas nervioso VX, que comienza a producir en cantidades masivas a partir de 1961. Los bombarderos americanos esparcirán cientos de miles de toneladas del denominado “agente naranja” en Vietnam, cuyas secuelas llegan hasta hoy mismo y aún permanecerán por muchos años en la jungla del país. Previamente, en la guerra de Corea, tanto los americanos como quienes apoyaban al ejército comunista no tuvieron inconveniente en utilizar antrax, dioxinas, además de los denominados agentes blanco, púrpura y azul, gases cuyo efecto inmediato era provocar incontenibles hemorragias entre los afectados.

Nadie está, pues, libre de pecado, porque Portugal también utilizó gases tóxicos en Angola cuando Oliveira Salazar se negaba a conceder la independencia a sus colonias africanas. Tampoco la Unión Soviética está limpia de culpa. En su ofensiva para ocupar Afganistán en 1979, tampoco dudó en usar armas químicas, en uno de cuyos episodios aniquiló a 3.000 personas y dejó heridas a otras 10.000.

El Protocolo de 1928

Estados Unidos quiso demostrar al mundo la bondad de su liderazgo al ratificar en 1974 el Protocolo de Ginebra de prohibición total de las armas químicas. El texto databa nada menos que de 1928, elaborado por la Sociedad de Naciones, antecedente inmediato de la ONU. Esa ratificación fue en todo caso un aldabonazo para abordar en serio una proliferación de armas químicas que ponía en peligro a las grandes potencias. Estas temían que, a falta de capacidad para hacerse con armas nucleares, el denominado Tercer Mundo aprendiera a marchas forzadas, como así sucedió, a fabricar armas químicas, denominadas a partir de entonces “las bombas atómicas de los pobres”.

La utilización masiva de gas mostaza por Sadam Husein en su guerra contra el Irán del ayatolá Ruhola Jomeini (1980-1988) fue el último episodio de asesinato masivo con esta herramienta química. No existen datos plenamente verificados de cuántas, de entre el millón de víctimas de aquella guerra, lo fueron a causa del veneno químico, pero diversas fuentes las sitúan entre 70.000 y 130.000.

No fue solamente el presidente iraquí quién usó y abusó de las armas químicas contra iraníes y kurdos. En 2004 Estados Unidos utilizó bombas incendiarias de fósforo blanco en la ofensiva contra Faluya, el principal bastión de la insurgencia en Irak.

A la conclusión de aquel enfrentamiento Irán-Irak, y sobre todo a consecuencia de la caída del comunismo y de la desintegración de la URSS (1989), Estados Unidos promovió la redacción del Convenio sobre Prohibición de Armas Químicas, que sería firmado finalmente en 1993, y que a día de hoy ha sido ratificado por todo el mundo, a excepción de seis países, Siria precisamente entre ellos. Esa convención prohibe específicamente el sarín, el VX y otros gases neurotóxicos, así como los compuestos para la preparación de los mismos. Es el caso del difluoruro de metilfosfonilo, una sustancia química inofensiva pero que al mezclarla con alcohol produce el sarín.

La facilidad y el escaso coste que representa su fabricación es lo que convierte en más peligrosas a estas armas. Siria albergaría un arsenal estimado en unas mil toneladas, según un documento elaborado por la DGSE, los servicios secretos franceses. La mayor cantidad correspondería al gas sarín, seguido de la iperita (gas mostaza) y del VX, considerado actualmente el gas neurotóxico más letal. Según el mismo informe, difundido por el semanario ‘Le Journal du Dimanche’los científicos sirios habrían desarrollado un compuesto más mortífero aún que la iperita.

Muerte lenta, terrible y dolorosa

Por lo barato que resulta el gas sarín es el arma más abundante en ese arsenal. Más pesado que el aire, y por lo tanto susceptible de introducirse en refugios subterráneos, pertenece al grupo de los organofosfatos, sustancias para la fabricación de herbicidas, insecticidas y gases neurotóxicos. La muerte se produce de forma lenta, terrible y muy dolorosa. Y es que los efectos sobre el cuerpo humano son profundos, impactantes y muy duraderos. Hepatitis permanentes y trastornos neurológicos de larga duración son las secuelas que les quedan a quienes logran sobrevivir.

La Convención de 1993 estipulaba que el inmenso arsenal de armas químicas existente en el mundo debía ser destruido, a más tardar entre 2007 y 2012. Muchas de las grandes potencias han eliminado ya una parte considerable de sus arsenales, por ejemplo Estados Unidos, que en 1983 ya consignaba 205.000 toneladas de estas armas (150.000 en proyectiles químicos y 55.000 en gas mostaza). Washington empero ha pedido una prórroga, al igual que Rusia. Todo ello, hablando de los arsenales inventariados y controlados, ya que se desconoce el paradero de muchos contingentes desmembrados tras la caída de los regímenes que los custodiaban, por ejemplo Libia. O incluso en países como Panamá, que en 2001 denunció la aparición de 7 bombas químicas sin detonar, que habían sido abandonadas por Estados Unidos al devolver la soberanía del Canal interoceánico.

Por cierto, científicos americanos han creado un hongo, llamado ‘Fusarium’, para destruir las plantaciones de coca. ¿Es o no una nueva arma química, o al menos susceptible de ser utilizada como tal? ‘The answer, perhaps, is blowing in the wind’.

Fuente: Armas químicas, del gas sarín al VX nadie está libre de pecado

Autor: Pedro González

 

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>