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Thermomix medievales


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Javier Sanz

Javier Sanz. Aficionado a la historia. Autor del blog Historias de la Historia. He escrito artículos para Revista Medieval y XLSemanal, colaborado en 'A vivir que son dos días' (Cadena Ser) y, actualmente, en LRV (Onda Cero), Gente Despierta (RNE), La Noche es Nuestra (EuropaFM), Diario de Teruel y el magazine para iPad "UnBreak". Ha publicado "Nunca me aprendí la lista de los reyes godos", ¡Fuego a discreción! y Caballos de Troya de la historia


Escrito el 15 de abril de 2014 a las 8:00 | Clasificado en Historia

Igual que hoy en día la Thermomix pica, trocea, tritura, amasa, ralla y cocina, los barberos de antaño sacaban muelas, practicaban sangrías, hacían trepanaciones… y cortaban el pelo.

Barbero

Durante la Edad Media comenzaron a florecer los hospitales por toda Europa y, sobre todo, allí donde llegaban las órdenes religiosas (Templarios y Hospitalarios). E

staban vinculados a monasterios u órdenes (como el hospital de Jerusalén de la Orden de los Caballeros de San Juan) y atendidos principalmente por monjes o clérigos. Al principio, en estos hospitales no sólo se atendía a los enfermos sino también a peregrinos, pobres, niños abandonados… y, a diferencia de los médicos laicos, estos monjes médicos practicaban la medicina y la caridad. Era una medicina caritativa y limitada a unos cuantos tratados no censurados y, lógicamente, sin ninguna capacidad de investigación o experimentación.

Como era de esperar, en las intervenciones quirúrgicas -por llamarlo de alguna forma porque en ocasiones estaban más cerca de la tortura que de la medicina- alguno de sus pacientes se quedaba en la mesa de operaciones. Y la culpa de la muerte de un hombre suponía una pesada carga para aquellos monjes que practicaban la medicina por caridad. En 1215, el Papa Inocencio III decidió poner fin a aquella práctica y promulgó la bula ‘Ecclesia abhorret a sanguine’ (La Iglesia aborrece el derramamiento de sangre), con la que oficialmente se prohibía la práctica quirúrgica a los clérigos.

Desde aquel momento, la responsabilidad de la cirugía quedaba en manos únicamente de los cirujanos de la época: los barberos.

Y valían tanto para un roto como para un descosido: sacaban muelas, practicaban sangrías, hacían trepanaciones… y cortaban el pelo. P

ara hacer reconocibles sus locales, eligieron como señal distintiva un cilindro con franjas oblicuas rojas y blancas alrededor que colocaron en las puertas de sus establecimientos. El cilindro representa un brazo ensangrentado con vendas alrededor, a modo de las sangrías que se practicaban en su interior.

A finales del XIX, los cirujanos, que eran profesionales con estudios, consiguieron que los barberos dejasen de ejercer aquella práctica pero conservaron el símbolo en sus locales. Por eso, hoy en día todavía el cilindro bicolor representa una barbería. Francia y EEUU quisieron darle su toque patriótico y añadieron una banda de color azul para que tuviese los colores de sus banderas.

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