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Estoy mucho mejor


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Marta Rivera

Escritora y periodista. Colaboradora en radio, prensa y televisión. Finalista del Premio Planeta en 2006 con 'En tiempo de prodigios'. Su último libro es 'La vida después'.


Escrito el 19 de septiembre de 2013 a las 9:22 | Clasificado en Libros

La amenaza de los recortes hace que cada prueba solicitada se convierta en una nube negra en la cabeza de los pacientes por mor de la lógica. Nos han convencido de que los tratamientos deben de reservarse a los moribundos.

Letrero del Hospital de Medina del Campo. (Wikipedia)
Letrero del Hospital de Medina del Campo. (Wikipedia)

Hace dos años, la editorial Seix Barral compró para España los derechos de un best seller francés, “La delicadeza”, firmado por David Foenkinos. La novela, que supuso el aterrizaje del autor en el mercado español, fue galardonada en Francia con diez premios prestigiosos y obtuvo unas excelentes cifras de ventas en nuestro país. Más adelante, Seix Barral publicó “Los recuerdos”, del mismo autor, que ahora regresa a las librerías con “Estoy mucho mejor”, una ingeniosa trama en la que la revisión del pasado y la capacidad para encarar el futuro vuelven a ser parte esencial.

La trama arranca cuando el anónimo protagonista de la novela –un hombre de mediana edad, felizmente casado y que goza de un discreto éxito profesional– empieza a notar un extraño dolor en la espalda que nadie acierta a explicarse. Y mientras se enfrenta al dolor y a la fastidiosa batería de pruebas diagnósticas, empieza a mirar hacia atrás para enfrentarse por primera vez a lo que ha sido su vida. Narrada en clave de comedia, agridulce a ratos, “Estoy mucho mejor” nos trae lo más brillante de la narrativa de Foenkinos, unos personajes tiernamente tratados y –como viene siendo habitual en ese autor– un canto a las segundas oportunidades que nos tiene reservadas la vida.

Cuando empieza a enfrentarse a la interminable lista de pruebas prescritas por el especialista, el personaje principal piensa –cómo no– que lo suyo tiene que ser muy grave, y se hace una amarga reflexión: si me hacen estos exámenes es porque estoy muy mal: “… no dejaba de darle vueltas a la cabeza. Nadie se hace una resonancia porque sí. Todo el mundo sabía lo llenos que estaban los hospitales. Ya se había acabado el tiempo de las consultas con cualquier pretexto. La falta de medios era demasiado seria como para no ir directamente a lo esencial, a los casos más graves”. En efecto, la amenaza de los recortes hace que cada prueba solicitada se convierta en una nube negra en la cabeza de los pacientes por mor de la lógica. Nos han convencido de que los tratamientos deben de reservarse a los moribundos.

Hace unos meses se publicó un estudio en el que se decía que en España se prescriben anualmente más de un millón de pruebas innecesarias. A todos sorprende el dato hasta que empezamos a plantearnos qué es una “prueba innecesaria”, y si se califica así a toda aquella que arroja resultados benignos. ¿Una biopsia que da negativo es una prueba innecesaria? ¿El escáner que demuestra que ese bultito es una protusión y no un tumor puede calificarse de prescindible?

No hay por qué caer en la trampa. La sanidad pública, nuestra sanidad, está para descubrir enfermedades graves y también para descartarlas. Para dictar sentencias de muerte, pero también para señalar que queda mucho tiempo de vida. Que, como ocurre al protagonista de “Estoy mucho mejor”, todavía hay motivos para seguir adelante. Nadie tiene derecho a dar la vuelta a esa tortilla esgrimiendo la torpe excusa de optimización de los recursos. Ojalá los hospitales sigan haciendo resonancias magnéticas que no nos cuentan nada, porque son esas pruebas las que más cuentan.

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