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Las novelas bálticas del PP


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Marta Rivera

Escritora y periodista. Colaboradora en radio, prensa y televisión. Finalista del Premio Planeta en 2006 con 'En tiempo de prodigios'. Su último libro es 'La vida después'.


Escrito el 3 de julio de 2013 a las 8:10 | Clasificado en Libros

Arenas vivía a todo tren a cargo de su partido. Casi igual que la vida gentil que relata Eduard von Keyserling en sus libros.

Javier Arenas, en un acto del PP (Fuente: Wikipedia)
Javier Arenas, en un acto del PP (Fuente: Wikipedia)

Una editorial independiente, Navona, hace una apuesta singular publicando en este interesante fin de temporada a un autor mal conocido en España, Eduard von Keyserling.

‘Novelas bálticas’, con traducción de Xandru Fernández y Miriam Dauster, recoge cuatro novelas cortas del autor, todas ellas desarrolladas en la región báltica de Curlandia (localizada en Letonia, aunque entonces pertenecía a Rusia). Allí pasó Keyserling largas temporadas.

Perteneciente a una familia aristocrática procedente de la Baja Sajonia, el escritor retrata en estos escritos el mundo regalado y casi idílico de los privilegiados de la época, con sus frescos jardines, sus comidas exquisitas, sus ejércitos de criados silenciosos que llenan las copas de vino, recogen la mesa sin hacer ruido y hacen surgir de la nada una copa de champán o una oportuna taza de té.

El universo de estas novelas es el de su autor: un escenario privilegiado por la fortuna, hermoso, donde todo está en su sitio y un puede dar rienda suelta a las emociones y acostumbrarse a la belleza.

Porque esa es la impresión que tenemos al leer los cuatro relatos del volumen (‘Un lugar apacible’, ‘Nicky’, ‘Aquel sofocante verano’ y ‘Armonía’): que los personajes de Keyserling están tan bien instalados en su mundo envidiable que han dejado de dar importancia a todo lo que les rodea. Dan por hecho que las copas son de cristal fino, las mantelerías de hilo, el vino de Burdeos y el caviar del Caspio. El césped está cortado, las camas se hacen solas, las maderas del suelo brillan siempre, las habitaciones están bien ventiladas en verano y tibias en invierno. Todo eso pertenece al orden natural de las cosas.

Uno puede recordar a los personajes de las novelas de Keyserling al leer artículos que detallan el tren de vida que supuestamente llevaba en Madrid Javier Arenas con cargo a su partido y es humano que a todo hijo de vecino se le pongan los dientes largos imaginando las alfombras mullidas, el servicio de habitaciones y las características de un almuerzo de 900€.

Eso es al principio, claro, porque luego viene el cabreo y el crujir de dientes. Como es su obligación, el Partido Popular sale en tromba a defender a los suyos, y los hace con un argumentario de opereta: entre otras cosas, asegura que Arenas jamás comió tres veces en un mismo día, que algunas facturas responden a almuerzos de mucha más gente – eso es fácil de creer, porque si alguien se pega en solitario un atracón de casi 1000€ posiblemente sufra un infarto –o que es verdad que se quedaba en el Palace, pero sólo “esporádicamente”, que les dejaban la habitación a buen precio y que otros diputados y senadores también eran clientes del hotel, que es como la disculpa que ponen a los padres los chavales que llegan pasados de copas: “es que beben todos”

Si los protagonistas de las ‘Novelas bálticas’ transitan con cierta indiferencia por escenarios sublimes, muchos de nuestros políticos están en la misma onda. Y de la misma forma que Gerda, Thilo, Nicky o Annemarie no se preguntan de donde sale el solomillo que les sirven, estos no entienden que nos escandalice tanto que coman en el Ritz por cuenta del partido o que pernocten, con natural elegancia, en hoteles de lujo.

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