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Memorias presidenciales


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Lucía Guerrero

Licenciada en Traducción y Humanidades, posgraduada en Edición. Gestiona proyectos de traducción para instituciones nacionales e internacionales en CPSL. Analiza la actividad de políticos en redes sociales desde un punto de vista cualitativo a través de su blog.


Escrito el 16 de enero de 2014 a las 8:01 | Clasificado en Libros

Sumados a los que ya existían en el mercado editorial, con los volúmenes publicados en 2013 el lector español tiene ya a su alcance la biografía de todos los presidentes de la democracia.

Los expresidentes del Gobierno, el actual presidente y el Rey. (Casa Real)
Los expresidentes del Gobierno, el actual presidente y el Rey. (Casa Real)

En el año 2013 salieron a la venta varios libros de expresidentes españoles que, salvo alguna excepción, pueden clasificarse como memorias: unas continúan lo empezado, otras son nuevas, otras póstumas; unas llegan tras una larga espera y otras nos han pillado por sorpresa. Finalmente las hay que caben con calzador en este subgénero literario. La cuestión es que, pese a exigir anticipos desorbitados que casi nunca se recuperan, los grandes grupos editoriales siguen rindiéndose al canto de sirenas de las memorias presidenciales.

Aunque solo los propios autores conocen los verdaderos motivos por los que se embarcan en tamaña empresa, sus lectores podemos adivinar algunos de ellos: para dejar constancia de su paso por el gobierno, para justificar decisiones controvertidas y también para hacer pública información que tan solo ellos, desde su ventajosa posición, podían conocer.

En algunos países como Estados Unidos escribir las memorias no solo forma parte del rito de los expresidentes, sino que también se han aventurado a ello varias primeras damas, como Nancy Reagan (‘My Turn: The Memoirs of Nancy Reagan’, Random House, 1989), Barbara Bush (‘Barbara Bush: A Memoir’, Scribner, 1994) o Hillary Clinton (‘Historia viva: memorias’, Planeta, 2003). Aunque a Eleonor Roosevelt, con 15 libros en su haber (entre ellos, su autobiografía en 3 volúmenes), no hay quien la gane a escritora prolífica.

¿Autobiografía o memorias?

Ambos suelen considerarse subgéneros literarios de la biografía (del griego βίος, ‘bíos’, “vida” y γρᾶφειν, ‘grafos’, “escribir”), que consiste en narrar la historia de la vida de una persona desde su nacimiento hasta su muerte. Mientras que normalmente la autobiografía abarca la totalidad de la vida de una persona, desde el nacimiento hasta el momento actual, las memorias se centran en un período determinado o en un asunto en concreto del que la persona fue testigo o participante.

Leopoldo Calvo Sotelo probó ambos géneros en ‘Memoria viva de la transición’ (P & J. Cambio 16, 1990) y ‘Pláticas de familia’, 1878-2003 (La Esfera de los Libros, 2003), respectivamente, mientras que José María Aznar (‘Memorias II. El compromiso del poder’, Planeta, 2013) y Mariano Rajoy (‘En confianza’, Planeta, 2011) se han metido de lleno en las memorias. ‘En busca de respuestas’, de Felipe González (Debate, 2013), suele ser clasificado como memorias presidenciales en las listas de ventas pese a que el libro, más que un repaso de su vida en la Moncloa, es una reflexión sobre el tipo de liderazgo necesario en el siglo XXI.

Formato y extensión

Sin olvidar la fina línea que separa la autobiografía de las memorias, estas suelen adoptar dos formatos:

  • Pueden ser una suerte de “cápsula del tiempo”; es decir, una selección de varios años de la vida del expresidente, que normalmente abarca únicamente su paso por el gobierno. El mejor ejemplo es ‘El dilema. 600 días de vértigo’, de José Luis Rodríguez Zapatero (Planeta, 2013), centrado exclusivamente en la toma de decisiones ante la crisis económica en ciernes.
  • Pueden abarcar la vida entera del expresidente pero pasando de puntillas por asuntos personales y ofreciendo muchos más detalles sobre su estancia en el gobierno.

Pero no hay que dejarse engañar: incluso el formato de “cápsula del tiempo” puede dar lugar a cientos de páginas debido al nivel de detalle en el que el autor suele entrar cuando rememora un período concreto. Ahí está Zapatero con sus 424 páginas para narrar lo sucedido durante esos 600 días a los que alude el título, o Aznar, con 408 páginas solamente en su primer volumen. ¿Mucho que contar o escasa capacidad para resumir?

Para aligerar la lectura (y, por qué no, también para mantener a los lectores en vilo), las memorias se pueden dividir en varios volúmenes, como hizo Aznar, que publicó el primero en 2012 y acaba de lanzar el segundo (ambos en Planeta). Exceptuando el libro de González (256 páginas) que como ya hemos comentado es mejor no enmarcar en el género de las memorias, los más cortos son el retrato de familia de Calvo Sotelo (254 páginas) y las memorias de Rajoy (296 páginas), quien puede que en un futuro tenga más cosas que contar porque aún ocupa la presidencia.

Documentos (y personas) de apoyo

Muchos de los expresidentes cuentan, a la hora de escribir sus memorias, con el apoyo de sus diarios, pero cuando no los hay también valen calendarios, correos, correspondencia, informes y otro tipo de documentación que incluso puede dar lugar a subgéneros como los diarios o dietarios, en los que la persona narra su vida a partir de sucesos recogidos con cierta frecuencia, o los epistolarios, elaborados a partir de correspondencia escrita. Papeles de un cesante (Galaxia Gutenberg, 1999), de Leopoldo Calvo Sotelo, podría enmarcarse en alguno de ellos ya que en realidad constituye una recopilación de textos con su visión sobre España, la UE y diversas personas con las que coincidió mientras fue presidente.

Es práctica habitual que las memorias presidenciales (y, de hecho, también las no presidenciales) se escriban con la ayuda de un “negro” (ghost writer), normalmente un periodista, escritor o historiador, a quien se reconoce en mayor o menor medida según su fama. Las memorias de Nancy Reagan antes citadas, por ejemplo, contaron con la mano mágica de B. J. Novak, actor y guionista de series de éxito como ‘The Office’. En casos como este, en los que la fama del “negro” se suma o incluso supera a la del autor, deja de considerarse “negro” ya que su nombre puede aparecer en la portada.

Algo parecido ocurre con el libro que Fernando Ónega acaba de publicar sobre Adolfo Suárez (‘Puedo prometer y prometo’, Plaza & Janés, 2013, que de hecho arranca con el célebre discurso del expresidente), pero por otros motivos: se trata en realidad de una biografía escrita por una tercera persona en calidad de testigo de una vida y una época.

Pensando en un futuro posible, no acabo de imaginarme unas memorias de Rubalcaba escritas con la ayuda de Joaquín Reyes, y eso que con el tirón de semejante “negro” serían un éxito de ventas garantizado.

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