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No sólo son las armas


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Marta Rivera

Escritora y periodista. Colaboradora en radio, prensa y televisión. Finalista del Premio Planeta en 2006 con 'En tiempo de prodigios'. Su último libro es 'La vida después'.


Escrito el 19 de diciembre de 2012 a las 13:20 | Clasificado en EEUU, Libros

‘Tenemos que hablar de Kevin’, obra de Lionel Schriver, repasa el problema endémico de EEUU: los asesinatos masivos

sandy

El tiroteo de la escuela de Sandy Hook, en Newtown, ha vuelto a sacar al ruedo el nunca abordado debate acerca de la posesión y el uso de armas de fuego en Estados Unidos. Es evidente que algo funciona mal en el país donde tienen lugar la mitad de las masacres de este tipo que han sucedido en los últimos cien años, y es más complicado obtener cierto tipo de medicamentos que un rifle de repetición. Cuantos más detalles sabemos de la matanza de Newntown menos entendemos que se dieran las circunstancias para que sucediera: Adam Lanza, el asesino, era un chico con severos problemas de comportamiento, a pesar de lo cual su madre guardaba un arsenal en casa como quien colecciona pisapapeles.

Hace seis años se publicó en Estados Unidos una novela sobre la gestación de un asesino de escuela. Se llama ‘Tenemos que hablar de Kevin’ y la firma Lionel Schriver, una autora espléndida que no acaba de obtener en España el éxito que la rodea en otros países. El adolescente de su novela no madura en una familia desestructurada como la de Adam Lanza, ni tiene una madre majara que le enseña a disparar, como le sucedía al chico de Newntown. Kevin crece en un hogar feliz presidido por el amor y el respeto, los libros, los viajes y el interés por los demás.

Pero él es un sociópata, y su madre lo intuye dolorosamente desde que es un bebé. Un día, después de socavar el matrimonio de sus padres y la relación de la familia con sus vecinos, Kevin asesina a un puñado de compañeros de colegio. Para hacerlo, y esa es la diferencia con el criminal de Connecticut, los de Columbine o el de Virginia Tech, no emplea armas de fuego: sus padres, cultos, educados, pacíficos, jamás hubiesen tenido en casa una escopeta. El joven Kevin usa un arco y unas flechas que dispara contra sus compañeros, los mismos con los que nunca fue capaz de integrarse, los mismos que llevaban años considerándolo un bicho raro.

Kevin, el cruel, el violento, el introvertido, el malvado, acaba con quienes deberían ser sus amigos y, como Adam Lanza, lo hace también con parte de su familia. El impacto del libro fue tal que tuvo hasta versión cinematográfica

Con ‘Tenemos que hablar de Kevin’, Schriver pone el dedo en la llaga del problema de los asesinos colectivos en Estados Unidos: son las armas, pero no sólo son las armas. Es una sociedad confundida donde los miedos, los rencores y los odios se cocinan hasta que explotan, a lo mejor porque un psicólogo es un lujo que la mayoría de las familias no puede permitirse y por eso se descarta su concurso cuando empiezan a aparecer los problemas.

Las armas, que prácticamente se consiguen en los supermercados, son la forma, pero no el fondo. Quizá haya llegado el momento de revisar más cosas que la espeluznante facilidad con la que un muchacho solitario y confundido puede echarse a la mochila un rifle de asalto.

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