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Un amigo así


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Marta Rivera

Escritora y periodista. Colaboradora en radio, prensa y televisión. Finalista del Premio Planeta en 2006 con 'En tiempo de prodigios'. Su último libro es 'La vida después'.


Escrito el 5 de junio de 2013 a las 9:34 | Clasificado en Libros

La última novela de Martín Casariego trata sobre la amistad, también sobre el alejamiento entre compañeros. Precisamente esa pérdida de amistad es la culpable de que hayan estallado muchos de los escándalos políticos actuales.

Estatua de Jacques Balmat y Saussure frente al Mont Blanc. (Flickr: Lynx)
Estatua de Jacques Balmat y Saussure frente al Mont Blanc. (Flickr: Lynx)

Hace unas semanas, la editorial Planeta publicaba “Un amigo así”, que supone el regreso a la novela de Martín Casariego cuatro años después de “La jauría y la niebla”, con la que consiguió el Premio Logroño.

En su nueva obra, Casariego nos trae una historia de amistad con el mágico trasfondo del Mont Blanc y todo lo que rodea a la pasión del montañismo, lo que tiene de superación, de reto, de desafío, de fracaso y de pérdida, de miedo y de ambición. Dos amigos, José y Lucas, que llevan una vida entera enfrentándose a las montañas, deciden acometer en plena madurez un ascenso al Mont Blanc sin poder sospechar que será su última aventura juntos.

A Lucas y José les sorprenderá la ventisca, la nieve y las traiciones de la alta montaña, pero también las de los secretos que existen siempre en una relación de afecto, como las grietas que se ocultan bajo la nieve y se convierten en una trampa de la que a veces no se sale con vida. Jose y Lucas luchan por su vida y por el cariño que les une, con el decorado de historias de montañeros, de Mallory a Sausure, de Balmat a Bourrit, y una leve música de fondo que habla en susurros de la muerte de la prensa escrita.

Martín Casariego ha escrito un hermoso libro sobre la amistad y los retos del hombre, porque en realidad la conservación de los afectos es uno de ellos. Y la experiencia nos dice que es muy difícil preservar la amistad de las acechanzas del tiempo. En este país, muchas de las grandes conmociones políticas nacen precisamente de la amistad quebrada, del cariño que salta por los aires. Urdangarín y Torres. Feijóo y Dorado. Bárcenas y Trías. Letizia y su primo traidor. El chófer de los ERES, con quien Guerrero mantenía esa complicidad rumbosa de los que comparten confidencias con el mecánico y se creen que, con el buen rollo, están pegando una patada a la lucha de clases.

Pero, ay, es mejor aprender cuanto antes la triste ley del “no te fíes”, porque el conductor acaba cantando la traviata sin reparar, el desagradecido, en el buen trato del señorito, que pedía para él el mismo menú cuando paraban en el “restauran” de carretera y le encomendaba recados de confianza. Quizá el problema nace de ahí: de confundir los términos y de llamar amigo a quien no lo es. Si en la novela de Martín Casariego la fisura entre Lucas y José crece a ojos del lector antes del final indeseable, en algunos casos el problema es de concepto, de llamar amigo al subordinado, o al esbirro, o al simple chupóptero que en cuanto tiene ocasión se va al juez con los papeles, el muy desgraciado.

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