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Miles de cámaras espeluznantes te vigilan


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David G. Ortiz

Periodista 'geek'. Cofundador de HojaDeRouter.com. Escribo sobre tecnología en TecnoXplora (Antena3.com). Antes pasé por lainformacion.com y los micrófonos de la Cadena SER. Firme defensor de que dormir está sobrevalorado.


Escrito el 18 de noviembre de 2012 a las 18:08 | Clasificado en Ocio, Tecnología

Aunque no seamos conscientes de ello, muchos de nuestros movimientos son registrados cada día por decenas de cámaras de vigilancia.

Placa oficial de Zona Videovigilada (Fuente: Agencia Española de Protección de Datos)
Placa oficial de Zona Videovigilada (Fuente: Agencia Española de Protección de Datos)

Imagina que, tras una dura jornada de trabajo, decides volver a casa andando para despejarte. Un compañero te ha soltado un par de reproches y el jefe, como de costumbre, te ha sacado de tus casillas. Estás algo enfadado, pero seguro que un poco de aire fresco te despeja las ideas. Te alivia pensar que, después de todo, mañana será otro día.

De repente, un individuo de aspecto inquietante comienza a seguirte. Te asustas y tu primera intuición es correr, pero enseguida te das cuenta de que te está grabando con una cámara de vídeo y te resulta molesto. “¿Qué cree usted que está haciendo? ¿Por qué me graba? Me ha dado un susto de muerte”, le gritas. “Simplemente grabo”, te contesta. “¿Y quién le ha dado a usted permiso? ¿Se puede saber para qué es el vídeo?”, insistes. “Simplemente grabo”, replica sin otorgar importancia a tu enfado. “Pues no quiero que me grabe”, protestas. “¿Por qué? No es más que un vídeo ¿Sabe que diariamente hay decenas de cámaras grabándole?”, concluye.

Entonces tú, aunque en el fondo sabes que tiene razón, reaccionas con violencia: tratas de arrebatarle la cámara, le insultas o llamas a la Policía.

Escenas similares a esta se han producido durante las últimas semanas en la ciudad de Seattle (Washington, EEUU), donde un misterioso cámara ha puesto en marcha un experimento tan ingenioso como alarmante. Nadie sabe quién es ni a qué se dedica, pero le han puesto un ‘mote': es el ‘creepy cameraman’, el cámara espeluznante en lengua de Cervantes.

De todo lo que rodea a este enigmático personaje hay una sola cosa clara: su misión es hacernos ver la paradoja en que nos han sumido las nuevas tecnologías. Vivimos en el Gran Hermano de Orwell, cientos de cámaras nos graban a diario, pero no soportamos que un individuo cámara en mano haga lo propio. Ojos que no ven corazón que no siente.

Las cámaras de seguridad están en todas partes. En establecimientos comerciales, bancos, coches de policía, taxis, comunidades de vecinos, empresas… Asumimos que se colocan para preservar nuestra seguridad y eso nos hace sentir menos vulnerables, menos expuestos. Olvidamos que hay cientos de ojos clavados en nuestras nucas hasta que un provocador como el ‘creepy cameraman’ nos lo recuerda. Él trata de desmontar la disonancia cognitiva que se produce entre la percepción de “ser observado” y la de “sentir que estás siendo observado”. Nos hace abrir los ojos y, por lo que se deduce de sus vídeos, no nos gusta lo que vemos.

La detención de una mujer histérica en una estación de tren, un grupo de jugadores de cartas chinos o una representante de la iglesia de la Cienciología a punto de perder los nervios, son escenas que, desde la distancia, nos arrancan una carcajada. Pero la mayoría de nosotros reaccionaríamos de una forma similar a ese individuo que se levanta de la mesa cuando el cámara se sienta a su lado y comienza a grabar una conversación privada.

No es sencillo determinar cuántas cámaras de seguridad hay instaladas actualmente en España, ni siquiera en una ciudad concreta. Se sabe que Cataluña, por ejemplo, cuenta con cerca de 300 cámaras de seguridad instaladas en 81 municipios. En Madrid, hace ya cinco años, un reportaje de El País contabilizaba 150, que se han de sumar a las casi 3.000 que vigilan el Metro, las 83 del Cercanías, las 100 de la estación de Chamartín, las 4.500 de la Terminal 4 de Barajas… Y probablemente cientos o miles de ellas más si contamos las que se colocan en empresas o fincas privadas.

La ley recoge una serie requisitos que se deben cumplir para instalar un mecanismo de videovigilancia, pero el control es escaso y los responsables fallan más que aciertan a la hora de garantizar su cumplimiento. La primera sanción que impuso la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) se remonta a 2008, cuando una asociación de vecinos del madrileño barrio de Montera tuvo que hacer frente al pago de 601 euros por instalar de forma ilegal su propia red de cámaras – ya estaba en marcha una del Ayuntamiento – y distribuir las imágenes a través de Youtube.

¿Qué leyes infringieron?

El marco jurídico esencial en esta materia está contenido en tres normas: la Ley Orgánica 15/1999, de Protección de Datos de Carácter Personal; el Reglamento en el que se desarrolla dicha ley y la Instrucción 1/2006 de la Agencia Española de Protección de Datos. Otras leyes desempeñan su papel en casos más concretos, como la videovigilancia de una empresa, una comunidad de vecinos o un taxi.

En primer lugar, la ley estipula que el uso de cámaras de vigilancia solo es admisible cuando no exista un medio menos invasivo y que debe existir una relación de proporcionalidad entre la finalidad perseguida (habitualmente la seguridad de un individuo o grupo de individuos) y el tratamiento que se haga de los datos. Además, no se permite que las cámaras instaladas en lugares privados obtengan imágenes de espacios públicos, a no ser que sea imprescindible para la finalidad de vigilancia que se pretende, resulte imposible evitarlo por la ubicación de la cámara o sean las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado quienes las utilicen.

Teniendo en cuenta estos aspectos y suponiendo que el uso que se pretende hacer del sistema de vigilancia sea respetuoso con los derechos de las personas (intimidad, honor e imagen, fundamentalmente), se podrá proceder a la instalación tras seguir una serie de pasos. Si además de monitorizar imágenes se pretende grabarlas, es necesario inscribir un fichero en el Registro General de la AEPD y se deberán eliminar en un plazo máximo de un mes.

Los monitores de vigilancia deben estar fuera del alcance de personas no autorizadas y solo la persona responsable está habilitada para ver esas imágenes, a no ser que una tercera persona firme un contrato por el que se compromete a no utilizar los datos para otros fines y a no comunicárselos a nadie. Además, y esto es especialmente relevante aunque no siempre se cumpla, en todos los casos es obligatorio colocar una placa o cartel distintivo donde se informe de la existencia de un sistema de videovigilancia.

Somos cámaras espeluznantes

Al menos potencialmente, porque casi todos tenemos, hemos tenido o tendremos un teléfono inteligente, una tableta o cualquier otro dispositivo provisto de cámara con el que asediar a los viandantes. De hecho ya lo hacemos, a menudo sin ser conscientes de ello, cuando subimos fotos y vídeos a nuestro perfil en una red social.

Pero esto no ha hecho más que empezar y es probable que la advertencia del ‘creepy cameraman’ haya llegado en el mejor momento. Empiezan a popularizarse los dispositivos con cámara y conexión a internet que se insertan en lugares a priori insospechados de nuestra indumentaria, desde relojes de pulsera a auriculares o gafas como las archiconocidas Google Glasses.

Tal vez en unos años el objetivo indiscreto esté integrado en las lentes del joven de la mesa de al lado y resulte tan normal ser grabado por particulares como lo es ahora al pasar por la puerta de un banco o un edificio público. Quizá todos nos estemos convirtiendo lentamente en cámaras espeluznantes.

“Envidio a los paranoicos”, dijo una vez la escritora Susan Sontag. “Ellos son realmente conscientes de que la gente les está prestando atención”.

Los votantes dicen...
  1. Javier dice:

    Lo tenemos claro, si se me permite….sobre todo cuando buena parte de la gente cede cualquier cosa en aras de la “”seguridad”, o simplemente, pasa de ello, no tiene nada que ocultar, lo que no es más que disponer de lo tuyo, si es que quieres. Pero el experimento parece demostrar otra cosa, al menos, si es un particular el que viola tu espacio. Interesantísima noticia.Como paranoico con el tema dedico un blog sobre la cosa de la cámara en manos de poderes públicos, fundamentalmente, en lopd.blog.com . Un saludo.

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