A estas alturas a nadie se le escapan las inspiraciones que el grupo Inditex saca de las principales pasarelas de moda… ni tampoco las intertextualidades de Lucía Etxebarría. Así que con un poco de perspicacia no es complicado caer en la relación existente entre la imagen que Compromís proclama a través de sus camisetas con mensaje, y que le ha acarreado más de un problema en las Cortes Valencianas, y el uniforme de los manifestantes en los escraches.

Joan Baldoví, diputado de esta misma formación en el Congreso, ha decidido sumarse a la tendencia creada por su compañera de filas Mónica Oltra, y se ha enfundado una camiseta con leyenda para reivindicar, striptease mediante, medidas contra los desahucios.

[do action=”video-a-todo-el-ancho-2″ tipo=”http://www.youtube.com/embed/” id=”6yt3GU2BEqk” tipo2=”600″/]

El contagio de las tendencias de la calle a los escaños plantea varias cuestiones: pese a que con el gesto reivindicativo Baldoví pretende tanto llamar la atención sobre su intervención, como generar empatía con sus votantes y afectados por los desahucios, ¿consigue mantener la seriedad que el tema requiere? Este tipo de atuendos, muy celebrados por los incondicionales de la causa, tienen, desde luego, un efecto inmediato sobre los medios de comunicación, que no tardan en hacerse eco de la intervención del político en cuestión, pero conllevan el riesgo de restar ‘profesionalidad’ y gravedad al asunto. El hábito no hace al monje, pero no nos engañemos, ayuda mucho.

Los histrionismos, tanto en la imagen como en la actitud, pueden convertirse en un arma de doble filo. Por supuesto que se logra llamar la atención sobre uno mismo, y de esa forma el ojo público se posará sobre el mensaje que queremos transmitir, pero se corre el riesgo de que nuestro discurso se vea distorsionado por lo excéntrico de la vestimenta, o lo que es peor, por el reproche de la oposición que, con su ‘ataque’, puede provocar que la intervención se quede en una mera anécdota.

La cultura de la política-espectáculo se está implantando poco a poco en nuestros parlamentos y congresos, aunque todavía estemos muy lejos de países como EEUU o Italia, con Beppe Grillo. Lo que ocurre es que la ciudadanía no está para muchos shows sino, más bien, para respuestas a sus preocupaciones.

Pasar de las camisas a medida a las camisetas con mensaje resulta impactante, ¿pero es conveniente? Los representantes del pueblo ¿deben dejar de lado las formas y el protocolo para crear espectáculo? ¿Es lícito el uso de estos mensajes indirectos en los foros públicos?

Publicado por Marina Falcó

Periodista experta en Marketing y Comunicación de Moda. Tengo dos versiones: en la online soy Community Manager del puerto deportivo Marina de Dénia, y en la unplugged he sido Responsable de Comunicación en compañías de ámbito nacional.

Únete a la conversación

2 comentarios

  1. Me deja helado la capacidad de palabra que procesa . Le pregunto de que le ha servido los años de estudio ? Yo no he estudiado y soy capaz de hacer un comentario que le dejara a usted sin credito .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.