Pese a tener las vacaciones a la vuelta de la esquina (bueno, eso para quien las tenga) el panorama ejecutivo está que arde. La última peripecia de nuestros mandatarios tiene que ver con el registro de un avión y el cierre del espacio aéreo para que el presidente de Bolivia, Evo Morales, no huyera con el archienemigo de Estados Unidos, Edward Snowden, supuestamente escondido en la aeronave.

A propósito de este incidente internacional, los presidentes de varios países latinoamericanos se han reunido para firmar una declaración conjunta en contra de esta “política de amedrentamiento”. Y esta cumbre ha dado la oportunidad de hacer un repaso a los atuendos de los mandatarios americanos que tienen mucha miga.

La foto de familia no tiene desperdicio: al tradicionalismo extremo de Evo Morales, se une el chandalismo enfermizo de Nicolás Maduro y la imagen de viuda excéntrica de Cristina Fernández de Kirchner. Toda una declaración de intenciones por parte de gente que muestra en su vestuario su modo de hacer política. Pero eso es bueno: se evitan muchas sorpresas.

[do action=”ladillo”]En la prenda está el discurso[/do]

La afición del presidente boliviano por lucir el traje típico de su país muestra claramente su apuesta por la política popular y la protección de los derechos de los indígenas. Realmente existe una concordancia entre el discurso de Morales y el discurso que pronuncia, pero ¿es necesario recurrir al traje tradicional? Es más ¿es necesario recurrir a la camisa de manga corta? Es una prenda que debería quedar desterrada de cualquier armario masculino. Vale, estamos en plena ola de calor, pero ¿qué tal una camisa con las mangas dobladas? Además, en Bolivia ahora mismo calor más bien poco.

Es que siempre que Morales aparece vestido de esa guisa es inevitable no imaginarse a Rajoy con alguno de los trajes regionales del país, o a Artur Mas, tan amante de la identidad catalana, ataviado con el ‘gec’ (chaqueta corta), calzones, chaleco y faja. Eso sí que es apostar por las costumbres y las particularidades de un pueblo.

Por otra parte está el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que además de hablar con el predecesor en el cargo a través de un “pajarito”, parece que ha heredado el chándal patriótico con el que Hugo Chávez se dirigía al país en sus intervenciones televisivas mientras maldecía la opresión yanki y proclamaba la grandeza de la República Bolivariana.

Está claro que esa pieza de ropa ya ha alcanzado el estatus de talismán y que nosotros no somos los más indicados para criticar tras habernos atrevido a lucir aquel horrible diseño chandaliano en las últimas Olimpiadas, pero resulta inquietante que se permita que una persona tome ciertas decisiones de relevancia con semejante atuendo. Sí, el hábito no hace al monje, pero un poco de apariencia nunca está de más.

Y para acabar de rematar la foto Cristina Fernández (de Kirchner), que vendría a ser el equivalente a nuestra Alicia Sánchez Camacho (¿compartirán cirujano?). En su empeño en asemejarse a la venerada Evita Perón, la presidenta de Argentina opta generalmente por estilos sobrios, sobre todo tras el fallecimiento de su esposo, que le han hecho ganarse el título de viuda del Hemisferio Sur.

La combativa presidenta se ha unido al movimiento americano contra la amenaza europea, víctima de la presión estadounidense y brazo ejecutor de una serie de desplantes diplomáticos que exigen una disculpa. Y no les falta razón.

La inevitable pregunta en este caso es ¿necesitamos en Europa un poco más de color en el atuendo de los políticos? ¿Deberíamos exigir una mayor muestra de identidad en su vestuario? ¿O por el contrario es preferible una uniformidad más seria en la Administración? Aunque muchas de las decisiones que se toman sean más de broma que otra cosa.

Publicado por Marina Falcó

Periodista experta en Marketing y Comunicación de Moda. Tengo dos versiones: en la online soy Community Manager del puerto deportivo Marina de Dénia, y en la unplugged he sido Responsable de Comunicación en compañías de ámbito nacional.

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